Capítulo 3 Tiempo para decir adiós

1125 Words
Aretha se mantuvo dos semanas como lo prometió aquella noche en Picos del Norte. Recorrió el territorio unas veces de la mano de su amado hijo y otras con Ashley. Ashley se alejó del colegio por ese tiempo y cada día se iba a encontrar con los dos Orgin que podían ayudarla a asimilar su realidad y como sobrevivir al territorio de Yukón. A un lado dejo todo lo relacionado a su vida habitual y su entrenamiento de las costumbres de su madre. —¡Hola mami, papito!... Voy a desayunar con Aretha y Markus, no me esperen en casa. Llegaré tarde. Ashley beso a sus padres, saludo a su hermanos y se iba apresurada todos los días, ya tenía una semana así desde la llegada de la matriarca orgin. Helen: —¡No puedo más! Aunque ella partirá dentro de dos años, cada vez que la veo salir tan entusiasmada por reunirse con ellos, me duele tanto. Helen empieza a sollozar, las lágrimas recorren su mejilla mientras observa de lejos a su preciosa niña irse. Cillian se levanta del comedor para abrazar a su mujer y darle algo de confort, en el fondo se siente culpable de que su herencia se haya manifestado. —¡Demonios!... Había asimilado que ninguno tenía nuestra naturaleza animal, pero jamás me imaginé que nuestra hija lo desarrollaría y tendría ese maldito gen de hembra dominante… indicó Cillian. —Cillian es necesario que se vaya. Aquí puede vivir y si Markus es su pareja pueden establecerse perfectamente en Picos del Norte. ¿Por qué se tiene que ir? ¿Por qué?.... Helen suelta abruptamente a su marido y se dirige a la sala, tratando de arreglar algo que esté mal colocado, de mantener la calma frente a su hija. Para volver a reclamar en un tono de voz más alto: —¡Me da mucha rabia!... Todos los días está con esas personas, no se ha tomado un solo día para conversar con nosotros, solo dice que todo está bien, que se quedará hasta los dieciocho años. «Cuando llega es a dormir. ¿Acaso no quiere compartir con nosotros lo que habla con esa mujer?...Lo peor es que es dominante como mujer y como loba.» —Así son las hembras dominantes de mi territorio, querida (interrumpió Cillian)... Ese día que fui a controlarla me di cuenta que tenía esa peculiaridad de nuestras manadas. Varios de los chicos que nos acompañaron en esa complicada misión son lobos protectores y se dieron cuenta que era una hembra dominante. Gran parte de los hombres lobos que cuidan la manada son de los clanes protectores y para nosotros son asfixiantemente atractivas ese tipo de mujer. Trate de protegerla, de ignorar ese hecho, que algo así le había ocurrido a nuestra princesa. Ese sencillo detalle hace que el Espíritu del Norte recorra por sus venas y la esté llamando para que proteja a la manada. Helen estaba horrorizada por el relato de su marido, aún sin aceptar lo que compartía. Volvió a reclamar a gritos: —¡No, no y nooooo!... ¡Esto duele! —Acaso crees que no me duele a mi, madre… Ashley había regresado a casa porque había olvidado su monedero. Además que sus hermanos le habían estado comunicando los problemas que tenían sus padres. —¡Ashley, hija!... Entiendeme, no puedo aceptar que te vayas de mi lado. —Madre, acaso cuando te fuiste lejos de tu grupo, no dejaste atrás a tu familia para vivir en Picos del Norte. Aceptaste a papá, sabiendo que era un hombrelobo. «Ninguno podía predecir que algo así ocurriría. Seguir lamentándote solo hace sentir mal a mi padre,a mis hermanos, incluso a mí. » «Aretha se va pronto y necesito prepararme con todo lo que ella me comparte para cuando tenga que ir a los territorios que fueron en un inicio hogar de mi padre. » «Estar con ellos estos días ha calmado la ansiedad que tengo, mi loba quiere irse de aquí y estoy luchando por algo de tiempo. Tiempo para podernos despedir sin sufrir» Helen soltó a su marido y se dirigió en dirección a su hija. La abrazo, se percató que Ashley había crecido más de lo esperado, la abrazo tan fuerte como sus fuerzas le permitieron, tomó sus brazos y beso sus manos, acaricio su rostro y cabello. —Lamento haberte hecho esto Ashley, tu madre ha sido muy egoísta. Estas alta, fuerte y hermosa. Mi muñequita Thanten y hembra dominante… fueron las palabras de Helen a su hija. —Mamita, estoy tratando de aprender en el tiempo que Aretha tiene para estar aquí conocer el reto al cual me enfrentare. Tengo que irme por el bien de ustedes y el mío. Ashley se dirigió a su padre: —No papito, no pienses así. No es maldito tu legado, ha complicado un poco nuestras vidas, pero aquí estarán con mis hermanos que estoy segura les traerán problemas de todo tipo. Ellos también son sus hijos. Ashley abrazó a su padre, lo beso, igual a sus hermanos que estaban en casa y después de ir por su monedero, se despidió de su madre con un beso en la frente. —Muy pronto, tendremos tiempo de calidad para nosotros. -fueron las palabras de Ashley antes de irse. Helen se limpio las lágrimas, las palabras de su hija la habían calmado. Se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua y coordinar con la cocinera de la casa la comida del día. Le dijo que no se preocupara por incluir el plato de su hija, ella llegaría tarde como lo ha estado haciendo que solo sería ella, Cillian y los muchachos. Helen regreso a la sala donde estaba su marido y sus hijos varones. —Se puede saber porque aún no se han ido a clases. Ustedes no necesitan entrenamiento de ningún m*****o Orgin, suficiente con su padre, su tío y primos. Vamos al colegio, la crisis ya paso. Tom y Bruce abrazaron a su madre, le dieron un beso y despidiéndose de su padre se fueron rumbo al colegio. Cillian se acerco a su mujer para mimarla, empezó a acariciar su rostro y darle un efusivo beso. —Cillian Roy, lamento haberme comportado como una total histérica y descontrolada. Yo realmente.... ¡Shhhh! Cillian silencio a su esposa para decirle: —Todo puedo pasarlo de ti, menos que me hayas negado darte cariño y disfrutar de un buen sexo con esta hermosa mujer Thanten. Helen no pudo dejar de reír al observar lo sensual y coqueto que sigue siendo su marido. Ambos se abrazaron fuerte y como es costumbre en ellos una cosa, da pie a otra y rápidamente de una crisis pasan a una emotiva reconciliación en la cama.
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