2. ¿Alex, estás acá?
Esa mañana Juan se encuentra tan alterado que no ve la hora de verse con Alex, aunque es demasiado temprano decide salir de su cuarto y terminar de una buena vez con ese asunto lo más antes posible. La verdad es que por dentro guarda el temor de que el bueno para nada de Alex le salga con alguna de sus clásicas y predecibles excusas y pensar en eso le hace ponerse más tenso y ansioso.
—No me vas a joder hoy, hijo de puta... hoy no —balbucea. Aunque está decidido a solucionarlo de cualquier forma, el dinero que le debe va a tenerlo aunque tenga que hacer lo que sea. Se los debe a sus pequeños hijos, ellos son lo más sagrado en el mundo para él. El día anterior ha quedado con su ex para encontrarse en la plaza, sabiendo que a esa hora tendría a la nena con ella y que podría verla, al menos a la pequeña, por unos minutos, y si el idiota de Alex le falla, no podría cancelar el encuentro, será el hazmerreír de su ex, por el resto de su desgraciada vida, y él lo sabe.
......
Cuando Charly llega, encuentra la puerta de calle abierta. No le sorprende ver el Toyota blanco de Alex estacionado en el garaje. Por lo menos no tiene que esperarle, así que va a poder volver antes a casa. En su rostro se refleja una sonrisa. En otras épocas Alex le transmitía mucha paz y optimismo; le encantaba estar a solas con él, y sobre todo, escuchar sus grandiosas explicaciones mientras lo seguía por las refacciones de la casona.
Ahora Charly observa el jardín de la casona. Ahí se puede encontrar todo tipo de desperdicios imaginables: latas de Coca colas y de cervezas vacías, bolsas del Coto, envoltorios de condones usados y de chocolates, y por supuesto restos de los materiales que se están empleando en la obra; todo ello rodeado de hierbas malas que consiguen sobrevivir. Desvía la mirada de aquél desorden. Da una vuelta por el Toyota y entra por la puerta principal del futuro hotel.
Se arregla el cabello y el abrigo para verse lo menos desastroso posible.
—¿Alex, estás ahí? —lo llama convencido de que lo espera, pero no escucha respuesta alguna. Suelta un suspiro, y de todas formas se adentra en el edificio con la seguridad de que tal vez Alex está en un sector en el que no puede escucharle.
—¿Alex? —insiste, pero esta vez pasa lo mismo, no hay respuesta alguna a su llamado. Escucha un ruido en la lejanía y eso lo saca de sus pensamientos. Pone atención en lo que se escucha pero sin éxito.
—¿Alex? —Da un par de pasos más— ¿Estás de broma?
Nada.
Avanza por lo que en un futuro va a ser la recepción, y llega a la entrada del salón Ámbar, al que ya han bautizado por el color con el que iba a ser pintado.
Charly observa el gigantesco ventanal de cinco cuerpos, que se abre hacia el exterior y que tiene al horizonte una hermosa terraza hacia el lado derecho del edificio.
—¿Alex, estás aquí? —suelta al aire, disfrutando de la luz suave que apenas calienta.
Alza los ojos y se encuentra con un cielo platino con densas nubes amenazantes. Hablan de un fuerte temporal. Ha escuchado los pronósticos en la televisión, no se sorprende de nada.
Un soplido de aire lo estremece. Una puerta mal cerrada comienza a golpearse, Charly va para allá y la cierra.
Al hacerlo, un temblor recorre su cuerpo. Tiene la fuerte sensación de que algo que le resulta familiar y conocido está ahí, sin embargo, su cabeza lo olvida al escuchar unos ruidos que parecen cercanos. Es como algo golpeándose contra una pared. Ese ruido hace que se estremezca. Su cuerpo se gira hacia el lado del que proviene ese ruido.
Ahora el ruido parece que viene de la planta de arriba. De eso está seguro.
—Ey... tendré que irme si no apareces —suelta, esperando que de algún lugar aparezca Alex, riendo por la broma que le ha hecho.
De repente, el miedo de que algo sumamente extraño esté ocurriendo no le permite moverse. Su corazón se acelera. Trata de pensar rápido, solo sabe que de ser cierto, debe evitar hacer notar su presencia.
Está aterrado y suda.
Trata de ser racional.
Quizás todo miedo es el efecto de ver a diario películas de terror, y leer muchas noticias rojas en el internet.
Charly decide avanzar con cuidado, lentamente, hacia el lugar del que provienen esos ruidos.
"No debe ser nada" se dice a sí mismo. Aunque Alex no ha respondido ni uno solo de sus llamados, y eso es algo extraño.
Manu tenía razón cuando le insinuaba que debería dejar de ver películas y series de terror. Lo ponían paranoico y veía fantasmas dónde no había. La última serie que ha visto es "True Detective" y lo tenía fascinado. Por eso ignoraba las sugerencias de Manu. Aunque en un tiempo, antes de enterarse que Manu tenía un amorío, siempre hacían el amor después de ver las películas de terror. En esa época a Charly le gustaba ver películas con Manu. Pero ya no, eso se ha quedado atrás, como tantas otras cosas...
Ahora, a su mente acuden cientos de imágenes de una película en especial. El recuerdo lo tiene grabado en la memoria. Recuerda que cuando tenía alrededor de los dieciséis, había ido al cine con su primer novio a ver “Chucky, el muñeco maldito” para en ese entonces, le era realmente aterradora. Las personas en el cine no dejaron de gritar por el tiempo en que duró la cinta, en ese momento, él la pasaba realmente mal, y mientras duraba la película se aferraba al brazo de su novio, jurándose que nunca más volverían a ver una de terror, pero claro, esa decisión solo le duraba nada, porque cuando terminaba la película, le invadía tremendas ganas de volver a ver otra película de terror, la adrenalina que sentía era adictiva.
Un nuevo ruido lo devuelve a la realidad. Charly traga saliva, se siente tenso.