Al llegar a Santa Marta todo parecía diferente hasta la playa tenía un aroma más fresco y hasta dulce, diez años sin ver la arena de aquel paraíso que me vio nacer, apenas empezaba a sentir que realmente la extrañaba.
Entrando a la casa me di cuenta que había llegado demasiado tarde ya mi padre había fallecido y todos reunidos en el salón de mi casa, aún con el cuerpo caliente de mi padre en el sepulcro, comenzaban hacer sus cálculos de cómo repartirían el feudal y quien comandaría el señorío, los primos lejanos de mi madre al verme helaron, al ver el parecido con mi abuelo, después de pasado doce años ya no encuentran ni la sombra del niño Miguel que conocieron, sino a un hombre de cara desgastada y un brazo recogido al pecho por una herida de guerra.
Todos me dieron el pésame y algunos se fueron con cabeza gacha, mi Tía Eduvigis prima de mi madre y mi madrina, la cual vio por mi mucho tiempo, después de la muerte de mi madre, me preguntó si volvería a España o me quedaría aquí y le respondí lo que realmente pensaba -Aun no lo he decidido, pero probablemente me quede a continuar con el Señorío, como lo hubiese querido mi madre- inmediatamente vio la herida de mi brazo y me pidió que le contase, todos los demás se fueron y quedamos hablando largo rato, con algunas copas de vino y risas por doquier, le pedí que se quedase, e inclusive un tiempo, ya que no me sentaba la soledad de ese caserón, ella gustosa se quedó ya que su soltería le hacía fácil cuidar a su único ahijado.
A la mañana siguiente me levanté en la claridad de la ventana y pensaba en mi existencia, tan incompleta y llena de frustraciones, prontamente me incorporé y decidí levantarme para ir al panteón familiar a visitar a mis padres.
Con sagaz ironía veía las lapidas pensando que no los vi irse, solo desapareció lo malo, las discusiones, porque lo bueno siempre fueron fantasías de un niño en busca de paz, o recuerdos pasajeros que no se van, solo así podían estar juntos sin discutir, solo en el sepulcro; la mañana se hizo corta y volver era lo correcto aunque extrañaba las sacudidas de vino y noches de jerga con los compañeros de la armada; aun así volví a casa y mientras bebía y comía con la tía, le empecé a interrogar con curiosidad de lo que había sucedido con mi padre.
- ¿Qué sucedió con mi padre?... ¿De qué estaba enfermo?
- ¡Seria de alcohol hijo! Porque lo único que hacía era beber día y noche, andar con furcias y descuido mucho el señorío - habló con desdén y burla.
- ¿En qué sentido? - le pregunto sin entenderle muy bien
- En todos los que puedas imaginar, ya no se cobran los impuestos como indica el virrey, y muy probablemente tendrás que ir a rendir cuentas por tu padre.
- ¿Tan mal así?
- Si, y para que sepas no murió de una enfermedad, murió en una borrachera... al parecer quiso enfrentarse a alguien y como no iban hacerlo con “el gran Señor Feudal” se quitaron de medio se calló y se dio fuertemente en la cabeza con una roca.
-Es decir que el no mando a enviar la misiva
-Si lo hizo… y al ver que no obtenía respuesta y su mejoría no se lograba te envío una carta.
- ¡No me llego! debe estar en España… Pero tan solo fue un golpe, si tenía conocimiento para hacer eso ¿por qué murió?
- Por diabetes, la herida nunca cerró y fue muy fea la infección.
- ¡Increíble!... como un hombre como mi padre muere con un solo golpe… solo el destino obra de tal manera. -muevo mi cabeza de un lado al otro en negación e incredulidad
- ¡Si, eso sí! el destino es sabio!... ¡me lo dirás a mí!
- ¿Por qué lo dice? - Pregunto nuevamente intrigado ante su comentario
- Porque hace unos pocos días la Baronesa de Cariad esposa del Barón me comento lo preocupada que estaba por su hija Siannah y las intenciones de tu padre… y luego él muere.
- ¿Qué?... no te entiendo tía, ¡explícate mejor!
- ¡Ah! ¿Es que tú no sabes del acuerdo? - abre los ojos con expresión de asombro al mirar mi desconocimiento
- ¿Qué acuerdo? Comienza desde el principio porque no sé de qué me hablas… ¿Quién es esa tal Baronesa?
- ¿Tu padre no lo comento en ninguna de sus cartas?
-No… no se a lo mejor, pero no lo recuerdo… ¡Cuéntame!
-Bien, hace como más o menos seis años, tu padre como siempre iba al bar de mala muerte que está en la Escondida y por esas cosas del destino se sintió incómodo y decidió regresar más temprano de lo acostumbrado y en el camino ve a par de hombre de mal aspecto que intentaban robar al recién llegado Barón Cariad y llevarse a su hija Siannah, al ver tal situación detiene su caballo y enfrenta solo aquellos filibustero, matándolos, bajo los ojos estupefactos del Barón y su hija, de aquello que solo fue un susto y ofreció escoltarlos hasta su palacio.
- ¡Pero no entiendo!... ¿qué tiene que ver eso con un acuerdo? - pregunto con desesperación ya intrigado.
- ¡Aguarda déjame terminar! así fue, a los pocos días el Barón ofreció una fiesta en honor del Señor Feudal por haber salvado su vida y la de su adorada hija, poniendo a su disposición lo que le gustase para sí, tu padre como bien sabes al parecer le pareció muy hermosa la hija del Barón o ¡no sé qué insecto le pico!... pero al parecer en secreto le dijo al Barón que en su tierra “cuando alguien salva la vida de otro, su vida le pertenece”, y él quería a su hija, el Barón algo indignado al principio se negó, pero luego le dijo que aceptaba, pero con la condición que si ella escogía marido antes de los 25 años, él no se casaría, pero conservaría el dote que dieran por ella, más la mitad de su fortuna y en ningún momento ella debía saber de dicho acuerdo hasta llegada la fecha, tu padre acepto y le puso otra condición que se reservaba el derecho de conocerla primero antes que cualquier otro y si le dase un hijo con esa única noche sería su esposa sin discusión; El barón aún más indignado por aquel trato no le quedo más que aceptar.
- ¿Cómo es posible que mi padre haya hecho semejante bajeza?, como se atreve a tratar a cualquier persona como objeto – reclamo apuñando la mesa con desdén
- La verdad es que la bestia de tu padre se portó como un héroe antes y si no hubiesen tenido esa suerte el destino de Siannah hubiese sido mucho peor. Al Siguiente día envió un contrato al Barón para que quedase por sentado dicho acuerdo y sus herederos puedan reclamarlo… ¡es decir tú!
-Sé que es verdad que salvar la vida de otro es legítimo, y merece honores… pero hasta ese punto ¿Qué pretendía? – miro a mi tía expectante y con mucha incredulidad, mientras ella emboza una tímida sonrisa, como ansiosa de terminar lo que ha iniciado.
- ¡En verdad no lo sé hijo!... pero lo que si es cierto que el contrato venció hace un par de días… ya que Siannah cumplió 25 años y no ha escogido marido… ¿Qué vas a hacer? – muevo mi cabeza en negación
- ¡No sé!... ¡nada! Al fin y al cabo, quien le salvo fue mi padre y no yo y él ya está muerto, así que no hay nada que deba pagar la joven o su familia. - me mira mi tía aún más interesada e intrigante
-Pero es muy linda joven, de muy buena familia, y muy poco afortunada en el amor… ¡Creo que te beneficiaria de esposa!
- Ni tan linda debe ser que tiene 25 y aún no ha tomado esposo… además no estoy para preocuparme por eso, creo que es más importante los impuestos, ¡dejemos ese tema así!
- ¡Pero hijo piénsalo!
- ¡Ay, tía! ¡Por todos los cielos!… sabes que el matrimonio no está hecho para mi… y de esa forma mucho menos, no seré un desdichado más, como mis padres en un matrimonio impuesto por las circunstancias.
- ¡Quien sabe si ese es tu destino!
- ¿Cuál? Morir sin amor con un golpe del destino o morir a manos de una peste por buscarlo.
- ¡Sabes bien que ha eso no me refiero! – Exaltada mi tía mueve su cabeza en negación y mantenido su punto en insistencia.