Tortura silenciosa

2247 Words
Las ruinas de Centuria dejaban caer varios escombros con las fuertes brisas de los vientos que azotaban la zona sin cesar, los miles de c*******s cerca del escondite enemigo se pudrían en lo que atraían a pestilentes animales que devoraban sus restos salvajemente para luego morir envenenados junto con los cuerpos, entre los túneles que se extendían bajo tierra varios guardias verificaban las entre cruzadas extensiones de camino que se ramificaban cual laberinto, en lo profundo de una de ellas se encontraba una sección llena de celdas con agonizantes seres que alguna vez perdieron su humanidad, otras celdas solo contenían inmóviles sujetos que ya sin vida alguna habían perecido a su cruel destino. Dentro de una celda oscura y fría al final del pasillo se escuchaba levemente el movimiento de unas oxidadas cadenas que resonaban con un profundo eco el roce que este hacía en el techo de aquel lugar, la cadena cruzaba por una de las vigas de metal oxidado hasta llegar al suelo de una de las esquinas donde una palanca controlaba su longitud, el lugar apestaba a humedad y en las paredes se impregnaba un color verdoso propio del moho generado por la falta de sol que apenas ingresaba por una pequeña r*****a a metros del suelo, la joven rosa se encontraba con ambos brazos colgando de aquellas gruesas esposas que lastimaban cruelmente sus muñecas mientras entremezclaba el óxido con las heridas recién abiertas en su cuerpo que continuaban derramando el líquido vital poco a poco tiñendo el agua de un tono rojizo, su cabello caía cubriendo su rostro cabizbajo cansado de tanto mirar arriba por horas mientras la parte inferior de su cuerpo reposaba inmóvil en el enorme charco de gélida agua que se formaba por el constante goteo a su alrededor; su mente cansada a duras penas podía mantenerse consciente de su solitario entorno en lo que su visión se nublaba por momentos producto de los efectos de la mordida que había sufrido horas antes, aún se preguntaba el motivo por el que continuaba con vida pese al tiempo que había trascurrido pero su mente se borraba cuando la necesidad de vomitar se hacía presente junto con una sed inmensa casi desesperante para la mujer, entre lapsos divagaba en recuerdos de antaño y constantes pesadillas de como asesinó a la que consideraba su amiga junto con su maestro arrepintiéndose del momento en que tuvo que tomar aquella triste decisión y volviendo al punto en que Alexander agonizante le pedía que no se aferrara al pasado al igual que rompiera el vínculo de sangre. Una de las tantas pesadillas volvió a despertar violentamente a la joven, quien impactada por tal espejismo arqueó hasta casi perder el aliento sin poder regurgitar nada más que saliva y dejar salir algunas lágrimas por tal esfuerzo, su visión volvía a su normalidad cuando entre sus cabellos que obstaculizaban sus ojos logró  distinguir la silueta de una mujer que lentamente se acercaba a ella, la desconocida vestía una ligera bata de tela casi trasparente dejando visualizar su ropa interior que ocultaba su piel blanquecina adornando su ojo izquierdo con un lunar que por poco cubría su pómulo mientras se abría paso en el agua con sus desnudos pies hacia la muchacha, una vez frente a la prisionera aún en el suelo sonrió macabramente. —    Que aún estés respirando me sorprende y me decepciona al mismo tiempo —sopesó la dama— supuse que con la cantidad de heridas que tienes no resistirías más de cinco minutos en esta celda —se inclinó hasta quedar cara a cara con la rosa azul— Aun así, capturarte me costó más de la mitad de mis subordinados. —    Tengo mucha suerte —dijo la joven con tono burlón— sobrevivo una horda de asesinos psicópatas y ahora me encuentro con el culpable de toda esta masacre —levantó el rostro ligeramente— Quizá más tarde me encuentre con una mina de oro. —    Sí que eres una mocosa valiente por cómo te comportas, o tal vez una tonta que no sabe cuál es su posición —sujetó violentamente el rostro de la joven— ¿Por qué no me ayudas a decidirlo mejor? Sky comenzó a notar que la mujer no conocía su identidad y aprovechó que su tatuaje aún quedaba cubierto por los restos de su ropa para continuar con la conversación esperando saber más sobre las intenciones que motivaban a la mujer para todo lo acontecido. —    Me matarás de todos modos—respondió sonriente— así que me importa muy poco cual sea mi situación, además, solo me divertía en lo que llegaba mi muerte —esquivó el rostro y susurro un tanto triste— ya he perdido demasiada sangre. —    Eso pude notarlo desde primera fila, pero no seas tan pesimista niña —se alejó un poco mientras continuaba— y dado que por tu culpa la mitad de mis mejores guerreros ahora son inservibles —volteó sonriente— tú los reemplazaras. —    ¿De qué está hablando? —    Hablo de que en cuanto las mordidas en tu cuerpo hagan el efecto que quiero me servirás sin reclamo, y para siempre —dijo señalando las heridas en el cuerpo de Sky— solo debo hacerte unas cuantas modificaciones, ya que tienes mucha resistencia al virus según parece, quizás me tome un par de horas más. —    Como puedes estar tan contenta de crear un apocalipsis del que ni siquiera tú te puedes salvar. —    ¿Apocalipsis? —preguntó irónica— de ninguna manera pienso en destruir el mundo. Por el contrario, solo quiero deshacerme de los alzados líderes que gobiernan Hope y Centuria a su antojo. —    ¿Y para eso sacrificaste a miles de inocentes? ¿sabes que la rosa azul te buscará para asesinarte? —    No te confundas niña, siempre existen los sacrificios en una revolución, yo solo adelanté lo inevitable, además —comenzó a levantar su guante n***o para mostrar una quemadura en forma de una rosa negra en su mano izquierda— no me da miedo una leyenda que ya me condenó una vez. —    ¿Cómo dices? esa marca es…—pausó mientras hacía memoria—. En efecto la marca de aquella quemadura atemorizó a la rosa azul quien mantenía completo silencio, sabía a lo que las personas con aquella marca solo podían ser los descendientes de la rosa negra original, entonces comprendió los deseos de venganza y la situación tan peligrosa a la que se estaba arriesgando a encontrar al continuar en aquella celda, debía de encontrar una salida lo más pronto posible y advertir a los líderes de la amenaza que terminaría por asediar de nuevo a la humanidad. —     Así es niña tonta— confirmó las sospechas de la prisionera— ¿Por qué debería importarme personas que me ignoraron desde que tengo memoria? —volvió a cubrir su mano— Llevar esta marca desde que nací para recordarles a todo el mundo quien soy, tener que pagar con insultos, maltratos y la desolación por crímenes que ni siquiera cometí. Pero no soy la única que debe cargar con un pasado nefasto —se acercó y rasgó la blusa de la joven haciendo notar su tatuaje— ¿verdad rosa azul? La siniestra mujer chasqueó los dedos para indicar a sus subordinados que le trajeran una pequeña mesa con varias herramientas para mutilación mientras observaba como la joven prisionera tras ser descubierta solo soltó un suspiro hondo para sonreír, levantarse del suelo lentamente y arreglar su cabellera despeinada mientras miraba altiva a su contraparte. —    Esperaba poder fingir más tiempo —respondió intimidante— pero parece que finalmente nos tenemos frente a frente, Rosa negra. No me digas que quieres intimidarme ¿con tan poca cosa? esperaba algo más ostentoso. —     Tratas de hacerte la fuerte, pero, el virus es como un veneno que recorre tu cuerpo, devorándolo mientras todavía estas consciente— dijo mientras bajo la palanca de donde se originaban las cadenas activando un mecanismo que hizo las mismas se elevaran y obligando que Sky quedara suspendida a centímetros del suelo— Estoy segura que apenas puedes mantenerte centrada. De pronto todas las puertas se cerraron una por una en lo profundo del calabozo mientras dejaban escapar los gritos ahogados de la joven rosa azul; mismos que alarmaban los alrededores del lugar sin descanso alguno. Los guardias solo intuían con temor lo que podría estar sucediendo hasta que varias horas pasaron y aquellos ligeros alaridos comenzaban a deshacerse en el entorno hasta que la noche llegó a su final. Por su parte, en las costas de Astra el amanecer hacía su entrada matutina llenando de un brillo esplendoroso los paisajes a su alrededor mientras cobijaba con su espesa niebla a los pueblerinos que despertaban para sus actividades diarias. La luz del sol comenzaba a disipar la bruma a lo lejos con mucha cautela como si de poco en poco esta se fuera disipando entremezclándose con el dinamismo de los pueblerinos, por otro lado, y lejos del tumulto matutino en una pequeña posada abandonada se encontraban recién llegados los hermanos guerreros de Centuria y el joven corregidor quienes la noche anterior habían llegado en completo silencio a través del sinuoso bosque evitando a los guardias lo más silenciosamente posible. Kamil y su hermano preparaban sus cosas en una bolsa mientras Víctor observaba desde los pisos superiores el paisaje, la calma volvía a su ser ya que finalmente estaba cerca de su hogar, pero las cosas eran diferentes ahora y planeaba su siguiente movimiento ante la situación que se avecinaba lenta y peligrosamente; el poco entrenamiento que había tenido con Namir no le era suficiente para tolerar los nuevos cambios en su cuerpo, de hecho la cantidad de aromas que salían del pueblo acorralaban al joven de manera estresante, con un profundo asco al sentir tanta cantidad de olores perturbando su sensible olfato dio la vuelta y cerró la vieja ventana por la que observaba, cubriendo su nariz de manera instintiva trataba de respirar lentamente esperando calmarse cuando se dio cuenta de que sus fosas nasales derramaban pequeñas gotas de sangre, impresionado tomó un pañuelo y se limpió antes de que Kamil ingresara a la habitación. —    Víctor, colócate esto antes de salir al pueblo — dijo Kamil mientras le entregaba un cubre bocas al joven corregidor—.  —    ¿Un cubre bocas? —    Según Namir tus sentidos aún siguen sensibles, es muy probable que tu percepción se vea alterada con el ambiente del lugar. —    Puede que tengas razón—respondió recordando el incidente de hace segundos— pero de una u otra forma me voy a exponer a todo lo que este por pasar. —    Aun así, debemos ser lo menos llamativos posibles. —    ¿No crees que un cubre bocas es llamativo? —preguntó retóricamente— quiero decir, en este pueblo nadie los usa. Namir de pronto ingresó a la habitación y se acercó a los dos jóvenes mientras lanzaba una de las maletas al corregidor siendo atrapada por este en el acto, con serio semblante insistió de nuevo en los pedidos de su hermana mientras se colocaba una chaqueta y continuó. —    Si no quieres matar a nadie a tu alrededor, tendrás que usar esa mascara, o tendré que obligarte de manera poco amable. La amenaza del guerrero proyectó una mueca de disgusto en el joven Lies, pero luego de seguir con las advertencias de este se dirigieron al centro del pueblo para ir en busca del tan anhelado tesoro que probablemente salvaría el destino de Hope, se abrieron paso por los callejones y burlaron la seguridad para adentrarse más en los pasajes hasta llegar al centro del distrito, pasaron varios minutos antes de llegar al lugar y dejar encantados a ambos hermanos con la inmensa variedad cultural que se encontraba, el colorido de las calles llenaba de vida cada casa y local a los alrededores, la música parecía sincronizar con los mercaderes en sus ventas matutinas y el aire impregnado de mezclas de aromas por las comidas y perfumes hipnotizaba a los recién llegados remontándolos a la paz que sentían en su infancia mucho antes de caer en Centuria, sin embargo, la situación con Víctor parecía empeorar cada vez más con el bullicio que lo rodeaba al punto incluso de sentir sus ojos arder por la excesiva luminosidad que sentía y una sensación de nauseas ante los aromas acumulados en su olfato, comenzaba a caminar cada vez más apresurado por los callejones sin darse cuenta si sus compañeros podían seguirle el paso, la agitación en su aliento se hacía más evidente mientras su cuerpo instintivamente continuaba en movimiento; su mente se mantenía concentrada en localizar el lugar que tanto buscaban y aunque era complicado deambular en el lugar, su juicio parecía mantenerse controlado con mucho esfuerzo de su parte. El bullicio de la genta parecía taladrar sus tímpanos cada vez más hasta volverse un sonido tormentoso acompañado de un ligero pitido que no hacía más que dañar su oído,  el aroma a la pesca reciente le causaba nauseas al mismo tiempo que sentía empalagarse con los dulces que salían a la venta, pero lo que más torturaba al hombre era como se hacía presente un salivar junto con un apetito increíblemente violento, ambos hermanos apenas podían seguirle el paso, mientras su guía se alejaba y a ratos se entremezclaba en la multitud, de pronto los tres jóvenes se detuvieron en el corregimiento.
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