32. Mariposa Nocturna. —¿Por qué hiciste eso? —Bajo su atenta mirada, aterrada, busco en mi cartera mi gas pimienta que siempre llevo para defenderme—. No pienses acercarte porque te dejo ciego eh. —Que no busco tocarte. De hecho no eres mi tipo de mujer. —¿Ah, sí? ¿Y qué tipo de mujer crees que soy? —Eres de las que se aprovecha de la amabilidad de las personas para robarle el carro. Tranquila, no pienso tocarte. ¿Podrías ser amable y bajar ese gas? No estoy segura si es lo mejor, pero si hubiese querido, ya me lo habría sacado de las manos. —Bueno, bueno, lo guardaré. Pero no te estoy entendiendo, Marc Stuart St Lorens, ¿qué carajos buscas de mi? —Te estoy ofreciendo un trato; como en un principio tu plan era conducir a Los Ángeles, y yo me dirijo allá, te ofrezco que seas mi chóf

