33. Huevos revueltos con tocino. Bostezo. Cabeceo. Marc me observa. —Me toca conducir. —Quedamos en que... —Estás agotada, estaciona. —Bien, como quieras Marc —lo digo con sarcasmo. Me detengo sin apagar el motor. Cambiamos de lado, voy atrás y él al volante. —Me relajaré un par de horas a lo mucho, luego volveré al volante. Me tiendo de lo más lindo, no sabía que conducir por largas horas iba a ser tedioso, me duelen las piernas y el tobillo no ha mejorado. Me estiro el cuerpo, Marc me mira por el retrovisor, tengo sus ojos en mi, y me gusta. —Mmmmm, Gracias, Marc—le digo relajada. Y enseguida vuelve a trabar las puertas. —Descansa —me dice. Descansaría mejor si no las trabara. Estoy de camino a Los Angeles, eso es un sueño hecho realidad, esa ciudad tiene un no sé qué, que

