6. Entre Payasos y Globos.

1343 Words
6. Entre Payasos y Globos. Despierto a las cinco de la mañana esperando a que Clemen, me saque las cobijas de una, como todos los días y escuchar su sermón. El aroma a humedad y el color de las paredes me hacen recordar que ya no estoy en el restaurante, en poder de Carmelo. El dolor en mis partecitas ya ha desaparecido, con todo lo que ha pasado en tan solo un día, no he podido asimilar nada de lo que me ha pasado. He perdido la virginidad con Bruno, en el depósito, nada que ver con lo que yo soñaba que pasaría. Ha dolido un montón y no he sentido nada más que dolor, pero me ha puesto caliente que me tocara, eso ha sido la mejor parte, que me manosee el cuerpo, las tetas, el culo... De recordarlo nada más, me hace desear que vuelva a hacerlo. ¿Qué me pasa? Derepente mi almeja se siente rara, es agradable la sensación... Instintivamente me toco, y me gusta, siento que voy a estallar de m sensaciones agradables... Deboro las papas fritas que ha quedado. Y ahora tengo sed. Voy al baño a asearme como pueda y a beber agua del grifo. Cuento el dinero que hay en el monedero. Quedan dos mil pesos en billetes y doscientos en monedas de a un peso. Pago al administrador por los siguientes cuatro días. No me alcanza para más. Los cuatro días me la paso aburrida y encerrada en este cuarto, es que temo que al salir los hombres de Carmelo me estén esperando para llevarme de vuelta al restaurante. Tener que fregar platos, pisos, atender a Carmelo, no quiero volver a tener que hacerlo jamás de los jamases. Es algo irónico, que todo me lleve a ese punto de verme forzada a encerrarme, de cualquier modo, a las siete de esta noche tendré que dejar el motel. Ya no me queda más plata. Solo doscientos pesos en monedas que tengo que usarlos bien. Son las dos de la tarde y ya no aguanto el hambre, y es la que me manda a salir. En el pasillo a la administración escucho que a un tipo le cobra cincuenta por noche, el admin, por ser menor fe edad me ha tomado el pelo desde el primer momento. ¡Qué mala gente! Algún día me las tendrá que pagar. Al pisar de nuevo la calle, vuelvo a tener el mismo sentimiento que ayer, cuando Clemen me urgía a huir. Me duele la panza y el miedo me obliga a avanzar. En la calle me la paso mirando a todos lado para ver si alguien me sigue pero no es el caso. Me relajo un poco hasta entrar en confianza. Llego a una calle con negocios de ropa. Me quedo mirando los maniquíes deseando poder comprarme todo lo que veo. Me conformaría con unos pantalones y una camiseta. El vestido que llevo se ve sucio, y huelo mal, para variar. Y mientras estoy pensando en eso, escucho que alguien habla cerca: —¿Esa no es la sirvienta del patrón? —¡Sí! ¡Esa es! No vienen hacia mí, se dirigen a un coche que está estacionado a un costado de la calle y luego vienen hacia mí. Reconozco al tipo que conduce, es el que trae cada lunes la carne para la semana. —¡LUHANAAAAAAA! Odio escuchar ese nombre. Su voz me llega a los odios y casi hace que me orine de los nervios. Tengo que huir. Corro con todas mis fuerzas, y cuando creo que van a tomarme del cuello y llevarme de nuevo con ellos, una masa de chicos y chicas salen corriendo de una escuela, y los obligan a frenar, trato de mezclarme entre ellos. Corro tratando de mantener el ritmo de los demás, algunos de van quedando rezagados en los negocios de comida, decido entrar al centro comercial. Una vez adentro, sigo las indicadas para llegar al baño de mujeres. Estoy exhausta casi a punto del desmayo. Al fin llego. Una chica se maquilla la cara de payaso. Me mira por el espejo. —Llegas tarde, y no estás lista —me reprocha, y me confunde con otra persona. Por algún motivo, quizá por la desesperación dejo que siga pensando que soy quien cree. —Perdón —musito. —¿No entendiste mi letra? Anda... alístate ¿no?—me alcanza un pote de maquillaje blanco—. Apresúrate, si te intensa el trabajo. Cordero no es de los que esperan. No tengo ni la menor idea de lo que está diciendo pero le recibo el pote y me pinto la cara. Así los hombres de Carmelo no me reconocerán para nada. Es buena idea. Copio todo lo que ella hace. Me pinto los ojos, las cejas, la boca. Ella se rie. —Pareces payaso, pero de película de terror. Me miro al espejo y veo que es cierto. No puedo evitar reir a carcajadas. —Como sea, no es que vayamos a una fiesta de niños, ¿no? —No —respondo sin tener la menor idea de a dónde se supone que iremos. —No eres muy habladora, eso es bueno en este negocio, al menos es lo que dice Cordero, y yo le creo. Rápido, ponte esto —me alcanza una bolsa de plástico. Es un disfraz que me queda muy grande. —¿No dijiste que eras alta y más rellena? —me mira de pies a la cabeza. —Lo siento —respondo, lo único que quiero es huir de esos hombres. Aunque tenga que pasar por otra persona, disfrazada de payaso de terror. La chica toma sus cosas y yo mi mochila, y salimos del baño. Tengo miedo, aunque sé que con esta pinta no me reconocerá nadie. Al menos eso espero. —Ya sabes... ¿Te llamas Regina, no? —Sí —afirmo. Mientras no me llame Luhana, está bien por mí. Seré Regina por hoy. —Como te expliqué por el chat. Respira hondo y mantente serena y lo más importante: Has todo lo que Cordero te diga. Ni más, ni menos. ¿Estamos? Asiento, aunque estoy nerviosa, ahora con lo que acaba de decir, ya que yo no soy de las personas que puede cumplir con las expectativas de nadie. De todas formas estoy metida en algo de lo cual no tengo ni la menor idea. Subimos a la zona de los juegos infantiles, ahí no veo a ninguno de los hombres que me seguían, la gente no nos miran, solo los nenes pequeños. Un tercer payaso, uno mucho más alto y ágil, que sí tiene pinta de ser uno de verdad se nos une. Tengo que decir que este payaso tiene cierta gracia, y eso me gusta. Sin mediar palabras nos da a cada una un manojo de globos inflados con helio, y nos conduce con gracia hasta el Mcdonald's, en el camino, los dos payasos va repartiendo globos a todos los nenes que se le ponen en camino, eso me gusta, hago exactamente lo mismo que ellos Aunque tengo que decir, a mi casi nadie me recibe un globo, será por lo terrorífica que me veo. Debe ser por eso. Nos ponemos a jugar, es divertido. Nos quedamos un largo rato cerca de la puerta del Mcdonald's, el payaso varón hace monerías para llamar la atención de los peques y parece divertirse, y nosotras dos continuamos obsequiando los globos que no quedan. El payaso se fija la hora en su reloj gigante y nos hace un gesto de "ya vuelvo" Entra en el local de McDonald's y nosotras nos quedamos afuera, continuamos obsequiando globos. Como este payaso parece Ronald Mcdonald, con toda la confianza del mundo entra hasta el sector de las cajas y, en el momento menos esperado saca un arma y apunta de manera disimulada a la encargada. —Esto es un asalto. Dame todo el efectivo a menos que quieras que espante a toda la clientela. Hay infantes, madres y abuelos. Tu eres la que decides.
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