31. No te fies de las apariencias. Mi mente se pone en blanco, me quedo pasamada al ver que ha dado conmigo. —¡No me digas que lo conoces! —la voz alta de Dori Dori conolli, ante la sorpresa, me pone más nerviosa, mientras ella se hace ideas locas, en su cabeza soñadora. El idiota la saluda con la mano. —Ehhh, si —le respondo, para zafar de tener que explicarle la situación. Ahora solo espero que no abra la boca. ¡Ay, por favor! ¡que no le diga nada! Que no le diga la verdad. El idiota, a mi lado se mantiene en silencio, mirando y escuchando atentamente la improvisación que hago delante de mi amiga, Dori Dori conolli nos mira con emoción. —Con razón no apartaba sus ojos de nosotras —se ríe mi amiga—. Hasta pensé que me miraba a mi... Por suerte, y antes de que tenga que inventarme

