17. Jugando Con Fuego. A la mañana siguiente me despierto con unas ganas tremendas de comerme un buen chorizo... de hombre, obvio. La verdad es que desde que se la hice al del negocio a cambio de la mochila de Gabanna, no he dejado de desear hacerlo. Cada vez que veo a un Hombre me pregunto qué tal será su "herramienta" y comienzo a imaginar que les abro la cremallera y descubro un tremendo pedazo de carne, todo erecto solo para mí. Tomo mi celular y entro a esas páginas de porno que hay a montón. Me caliento viendo como se la parten a una gringa entre dos, y me toco con ganas hasta retorcerme de puro placer, pensando en que me gustaría ser esa tipa, que siento envidia por ella. Luego, cuando ya me doy por satisfecha, me pregunto... ¿por qué Cordero no me busca jamás? Se me viene a la

