Abrí los ojos lentamente mientras en mi rostro se formaba una sonrisa. Lo primero que vi al despertar fue a Hans, durmiendo a mi lado, sin sus gafas, con el cabello desordenado, el torso desnudo y una expresión inocente y dulce. La imagen era de ensueño. Me mordí el labio inferior y suspiré. Había pasado, él y yo juntos. Una sensación de dicha se apoderó de mi pecho, y sentí cómo el calor recorría mis mejillas. Llevé una de mis manos a su mejilla y luego lo besé hasta que despertó por completo, devolviéndome los besos; se acomodó abriendo los ojos y soltando una risa. - Buenos días – bostezó, para luego mirarme con ojos como celdillas. – Eres preciosa por la mañana. – dijo con un suspiro de sorpresa. Yo rodé los ojos. - Guárdate las cursilerías – reí. Me miró unos segundos con

