Al día siguiente, Harry y yo quisimos llevar a cabo un plan para invitar a Hans a la casa del lago sin que sonara a cita. Hans se había estado comportando menos odioso, y parecía que nunca hubiese pasado nada entre nosotros, porque no hizo ningún comentario al respecto. Los nervios me estaban comiendo viva. - ¿Recuerdas todo lo que tienes que decir? – preguntó mi hermano, justo fuera del estudio donde se encontraba Hans trabajando en su computadora. - Sí – asentí enérgicamente. – Deséame suerte. – crucé los dedos. - Suerte – sonrió. – Y recuerda que si lo rechaza… no insistas, pasamos al plan B y lo invitaremos Josh, Thomas y yo, la presión de grupo es muy efectiva cuando la presión de una espectacular supermodelo no es suficiente. – soltó una risa. – Conquístalo. -

