La música, dulce y poderosa de Mabel, pareció fundirse con el crepitar de la fogata. Varias mujeres se unieron con panderetas y tambores, creando un ritmo tribal y envolvente que encendió los corazones de todos. Mientras tanto. Bastian recorrió cada rincón de la casa, pasando de un pasillo a otro, con el corazón palpitando como si presintiera un peligro inminente. Buscaba a Mabel, pero no lograba hallarla. Su ansiedad crecía con cada segundo que pasaba sin verla, recordando con fuerza la advertencia que Ismael le había hecho: "No la dejes sola entre los tuyos, Bastian. A veces olvidan que no todos son como ellos." Y aunque detestaba admitirlo, esas palabras ahora resonaban como un eco implacable en su mente. Con determinación, comenzó a observar a los presentes uno por uno, revisando sus

