Capítulo 3. (I)

2962 Words
03 | ¿Coincidencia? 11 de marzo, 2019. Parte 1. —¿Tienes todo listo, pulga? —le pregunté a Zoey una vez terminé de servir sus huevos revueltos en un plato y lo puse frente a ella en la isla de la cocina, donde generalmente tomábamos todas nuestras comidas. Zoey asintió y empezó a comer, pero luego se detuvo y me miró algo temerosa. Sabía, por esa mirada en su rostro, que lo que diría a continuación no me gustaría nada. Pero entonces, la puerta de entrada se abrió y Cameron entró a trompicones en el piso, con su cabello pelirrojo siendo un desastre más de lo habitual y una bolsa de ropa en su mano. —Kenzie, mi cabeza me está matando —ofreció a modo de saludo, dejándose caer en el asiento junto a Zoey y robando una de las tostadas de su plato. Se veía agotada y por la pinta que traía, no era difícil adivinar que había estado haciendo luego de terminar su trabajo. Suspiré y me decanté por ayudarla, antes de que se pusiera demasiado pesada. Serví un vaso de jugo de naranja y un par de aspirinas para que le ayudaran con su resaca y volví mi atención Zoey. Mi pequeña hermana se removía nerviosa en su asiento y entrecerré mis ojos en sospecha. —Kenzie, la maestra de biología quiere reunirse contigo hoy —soltó Zoey rápidamente, cubriendo su pequeño rostro con sus manitos después de decir aquello. —¿Y por qué solo me entero de esto ahora? —fruncí el ceño, con la irritación filtrándose en mis palabras. Zoey se encogió un poco en su asiento y espió por los espacios que sus dedos dejaban entrever, para sopesar mi reacción. Tenía que ir a trabajar a la tienda de tatuajes justo después de dejar a Zoey en la escuela. Sin embargo, Will—mi jefe—, no se molestaría demasiado sí llegaba unos diez minutos tarde. Esperaba que la reunión no tomara demasiado tiempo, puesto que no podía arriesgarme a perder la paga de un día de trabajo. Al parecer, me había encontrado demasiado perdida en mis pensamientos, que no dije nada por unos buenos minuto, lo que hizo que Zoey pensó que estaba molesta. Y lo estaba, pero no había tiempo para reprimendas. —Lo siento, Kenzie, ayer no venías y-y cuando llegaste lo olvidé —se excusó, recordándome todo el ajetreo del día anterior. Era comprensible que olvidara algo como eso, después de la visita de Marcus. Le sonreí para que no pensara que estaba enojada y apuré mi desayuno, sirviendo otro plato para Cameron luego de terminar el mío. Mi compañera de piso se encontraba demasiado distraída con su móvil para notar la conversación que Zoey y yo estábamos teniendo. —Iré a cambiarme de ropa entonces —palmeé la mano de Cameron para atraer su atención y ella me miró de inmediato—. ¿Podrías asegurarte que termine de alistarse? Necesito conseguir el auto de Bill. —De acuerdo. Ven aquí, pulga, vamos a comer este rico desayuno que Kenzie preparó para nosotras —Zoey sonrió, mostrando sus pequeños dientes que en cualquier momento empezarían a caerse y yo las dejé solas, apresurándome para llegar a mi habitación y buscar un cambio de ropa con urgencia. Entré en la habitación y rebusqué en mi armario hasta dar con mis mejores pantalones vaqueros junto, acompañados de una blusa blanca de tirantes y un cárdigan azul oscuro; para completar el atuendo opté por unas sandalias y me di el visto bueno. Debía dar la impresión de que no teníamos ningún problema económico y que era perfectamente capaz de mantener a mi hermana de casi siete años por mí misma, o tendría a los servicios familiares tocando mi puerta en cualquier momento. Un pequeño moretón en mi pómulo llamó mi atención, el cual era resultado de mi lucha con Diane el día anterior. Mascullé una maldición por lo bajo y volví a la cocina, donde Cam terminaba de lavar los platos del desayuno y Zoey no se veía por ningún lado. —¿Y mi hermana? —pregunté, mientras tomaba la bolsa de Cam, en busca de un poco de corrector para cubrir el moratón. —Fue al baño a lavar sus dientes. ¿Necesitas ayuda? —cuestionó, al verme batallar con el maquillaje en mi rostro. No era una experta en esa área, porqué no contaba con mucho tiempo para usarlo, por lo que siempre era bienvenida la mano firme de Cameron. —Por favor. Cinco minutos después, mi rostro lucía libre de cualquier imperfección y un gloss rosa casi transparente fue puesto en mis labios a modo de conclusión. Se veía sutil, así que no me quejé. —Creo que esto bastará —dije y Cameron asintió. —Te ves bien. Incluso pareces un adulto responsable. Puse los ojos en blanco y golpeé con poca fuerza su hombro. —Soy un adulto responsable —mascullé, guardando mi billetera y el brillo de labios en mi bolsa, para ir al cuarto piso a buscar las llaves del auto. —Algunas veces —replicó y corrió lejos de mi alcance, antes de que tomara represalias por su comentario—. Ya, gruñona. Ve por el auto o llegarás tarde. Yo peinaré a la pulga. —Gracias, Cam. Te debo una —le soplé un beso en mi camino a la salida a lo que ella respondió con una risa tonta. Prácticamente corrí para tomar el pomo de la puerta, pero el sonido de un papel me hizo bajar la mirada. Un sobre con caligrafía descuidada se encontraba en el suelo. Una caligrafía que conocía bastante bien. Lo tomé con un suspiro y salí del apartamento mientras lo abría, curiosa por que mensaje encontraría dentro. I66 edificio 9. Sótano. Viernes, 21:00 Por lo menos un golpe, mejora las apuestas. No faltes. O : Z Tornado. T.J. Era un mensaje de mi mecenas. El hombre que organizaba y planeaba los combates con los que lograba mantener cómodamente a mi hermana. Un mensaje bastante repentino, a decir verdad. No pensé que planearía un encuentro tan seguido, luego de la aparición de la policía. Sin embargo, T.J era un personaje bastante impredecible, así que no debía sorprenderme aquello. Sobre todo ahora que las apuestas habían empezado a bajar al mantenerme invicta y que lo único que había logrado levantarlas, había sido la invitación de Diane, pero la logística impedía que con cada combate viniera una luchadora profesional. Tal vez por eso había traído a mi mentora para luchar conmigo. Lo más seguro, era que las apuestas aumentarían al creer que Zonia tendría una oportunidad de vencerme. Después de todo, ella me había enseñado todo lo que sabía, ¿no? Guardé el papel en el bolsillo trasero de mis pantalones y subí las escaleras de dos en dos hasta llegar al piso de Billie, donde esperaba que él aún no se hubiera ido a ningún lado. Me detuve frente a su puerta un poco agitada y toqué dos veces esta. Solo pasaron unos pocos segundos antes de que la puerta se abriera y un sonriente Billie apareciera al otro lado. Pasó una mano por su oscuro cabello y luego usó esta para esconder un bostezo. Se hizo a un lado, invitándome a pasar y eso hice. Era atractivo, en sus treintas y con unos ojos azules muy intensos. Su cabello n***o y su piel muy blanca, lo hacían irresistible para todas las chicas que lo conocían. Sin dejar de lado aquel atractivo cuerpo que mantenía en forma en el gimnasio donde los luchadores de T.J teníamos una membresía pagada por él para entrenarnos, para completar el paquete. Tenía muchas cualidades y entre ellas que era leal y muy confiable. Lo suficiente, para ser el único m*****o del hexágono que conocía mi verdadera identidad. Oh y también era homosexual. A Billie le gustaba coquetear con las chicas y luego desilusionarlas, porqué su único y verdadero amor—según sus propias palabras—, era un hombre que no bateaba para su misma liga. Aquello era una pena, ya que todos los que rodeábamos a Billie, estábamos a la espera de que el amor lo encontrara. Sin embargo, aún no había contado con suerte. Así que Billie se conformaba con ver a su amor a la distancia y a bromear con el resto. —Mírate, incluso podrías pasar por una chica —bromeó cerrando la puerta detrás de sí. Hice una mueca al mirar alrededor y Billie se encogió de hombros como diciendo "es lo que hay", antes de indicarme que me sentara en su sofá. El lugar estaba muy desordenado. Demasiado. No era un secreto para nadie, lo poco fanático que era Bill de las tareas domésticas. Y al parecer ya iba siendo hora de otra limpieza profunda. Tendría que revisar el calendario para ver qué día nos vendría mejor. Apartando un par de cajas de pizza de su sofá, tomé asiento en este y apoyé la parte trasera de mi cabeza en el espaldar de este soltando un suspiro cansado. Todo en mí dolía después del día de ayer y recién notaba cuan destrozados estaban mis nudillos. Una pelea organizada para esta misma semana, significaría para mí una jodida tortura. Sin embargo, no podía rechazarla ni aunque quisiera. El dinero que hacía en una noche de lucha, equivalía a cuatro meses de salario en Dream Tattoo, así que retirarme no era una opción. Por lo menos, no en un futuro cercano. Billie tomó asiento a mi lado y de inmediato apoyé mi cabeza en su hombro, permitiéndome un pequeño momento de indulgencia antes de tener que volver a mi ajetreada vida. —Estoy agotada, Bill. Y debo correr a la escuela de Zoe, porque la profesora Williams quiere verme —expliqué, sintiendo como su mano le daba un apretón reconfortante a mi muslo—. Necesito que me prestes tu auto. Solo esta vez, por favor. —Por supuesto. Sabes perfectamente que lo mío es de ustedes —tiró de manera juguetona de un mechón de mi cabello y sacó las llaves de sus extremadamente ajustados pantalones para depositarlas en mi mano como sí no fuera la gran cosa. Cabía destacar que su auto, era el segundo amor de su vida—a pesar de lo tacaño que era para pagar sus reparaciones—y que era muy poco probable que cualquiera llegara siquiera a subirse al asiento copiloto de este. —Gracias. —No las des —palmeó mi muslo—. Por cierto, T.J está muy enojado porque no recibiste más que un par de golpes antes de acabar el combate. Las apuestas no fueron buenas y fue por eso planeó esta pelea tan rápido. Era obvio que ya lo sabía, puesto que además de encargarse de transmitirme los mensajes de T.J, era una parte muy importante de la organización. T.J y él habían creado el hexágono en sus años universitarios—con Billie siendo uno de los luchadores en aquellos tiempos—y al culminar sus estudios notaron que el negocio era lo suficientemente rentable para mantenerlo. Bill dejó de luchar y fueron reclutados nuevos peleadores, junto la creación de la categoría femenina, donde Zonia y Sadie fueron las primeras contrincantes. Y esta última categoría, era la más rentable y se había extendido más rápido, atrayendo una buena cantidad de público—en su mayoría masculino—que adoraban ver a dos mujeres luchar hasta que una de las dos quede inconsciente. Justo por ese motivo, no creía en absoluto la motivación detrás del nuevo combate tan próximo, por lo que bufé por sus palabras. Esa excusa de T.J era muy pobre, debido a que no era la primera vez que terminaba una lucha sin haber sido demasiado golpeada. —Sabes que no se debe a eso. Además, Diane se la pasó provocándome todo el tiempo —farfullé y escuché a Bill reír. —Sé que todo esto se debe a tu invicto. Y también tengo una idea de cuan fastidiosa puede ser Diane, pero eso no quita el hecho de que dejarte llevar no es un lujo que puedes darte y mucho menos, sabiendo hacia donde van todas tus ganancias, Kenzie. Asentí, concediéndole la razón, antes de apretar su mano y levantarme del sofá. Iba siendo hora de bajar por Zoey e irnos a su escuela. —Soy consciente de todo eso. Prometo que no volverá a pasar. Billie me dio una última mirada de advertencia y luego esta cambió a una de preocupación. —Me encontré a Cameron en las escaleras más temprano —tenía una idea de hacia donde se dirigía la conversación, ante la mención de Cam—.Dijo que Marcus estuvo aquí ayer. ¿Lo manejaron bien? —finalizó, dándome su mirada de «más te vale que seas sincera», a lo que yo sonreí para tranquilizarlo. —Lo noqueé —presumí y Billie no pudo esconder la sonrisa de satisfacción que se instaló en su rostro. —Bien hecho. —Me enseñó su puño y yo lo choqué, a modo de saludo. Entonces, su expresión cambió nuevamente a una de curiosidad.—Cameron también mencionó a un chico muy atractivo. ¿Cómo demonios sabía acerca de Trevor? Oh, seguramente nos vio hablando cuando bajé a buscar a Zoey. De todas formas, no debía contarle esas cosas a Billie. Ambos siempre buscaban emparejarme con cualquier chico heterosexual menor de treinta años que se cruzara en mi camino, con la excusa de que estaba desperdiciando mi juventud siendo solo una hermana mayor. No entendían que en mi mente no había espacio para el romance en un momento como este. Además, sí que había tenido tiempo para el romance y Jesse era una prueba de ello. Por suerte la ruptura había sido limpia y aún podíamos ser amigos. Lo último que me faltaba era terminar con mi propio Marcus. Sin embargo, ese no era el momento para pensar en eso, por lo que entrecerré mis ojos y lo apunté con mi dedo índice de manera amenazante, para que detuviera el curso de sus pensamientos. —¡Solo me trajo a casa! Así que no imagines una boda, Billie Woods. Te conozco y sé como piensas —recriminé, viéndolo luchar por contener una replica que seguramente me haría enfadar. Por suerte, Zoey eligió ese momento para aparecer en la puerta, con su impecable uniforme escolar y una trenza tejida en su cabello que lucía muy complicada pero que se veía muy hermosa en ella; salvándome de tener que seguir hablando con Billie acerca de Trevor. Tampoco es que hubiera mucho de que hablar de todas formas. Billie dejó pasar el tema y de inmediato apoyó una rodilla en el suelo y abrió sus brazos al tiempo que Zoey corría directo hacia a él. —¡Papi! —gritó, a la par que se abalanzaba a sus brazos. Billie la recibió como siempre, fingiendo perder el equilibrio debido a la fuerza de mi pequeña hermana—cosa que era prácticamente imposible, pero a ambos les gustaba fingir que no lo notaban—y murmurando cosas acerca de cuan grande estaba, a pesar de haberla visto solo ayer. De cierta manera, Billie había terminado siendo padre—sin tener ninguna relación consanguínea—de dos chicas completamente desamparadas en el mundo y nunca se había quejado acerca de ello. Simplemente nos aceptó bajo su ala como si no fuera la gran cosa, a pesar de saber, que una adolescente con una pequeña bebé de solo pocos meses de nacida, no era exactamente algo fácil de sostener. Nos había encontrado fuera del metro, casi congelándolos—debido a que nuestra ropa delgada de Texas no era muy buena en un invierno en Chicago—y con Zoey incapaz de dejar de llorar debido a este hecho. Me compró chocolate caliente y sin pedir respuestas a cambió, nos ofreció un lugar donde quedarnos hasta que las cosas se encaminaran para mí, a petición de su querida abuela Lauren, quien había sido mi vecina de regreso en Austin y también, la única persona que realmente se preocupó por nosotras y nos ayudó a escapar de aquel infierno en el que habíamos estado viviendo. Al poco tiempo, ya pensaba en él como un padre y aquello fue oficial cuando se presentó en casa con la solicitud de adopción, para darnos su apellido a Zoey y a mí. Después de eso, el panorama mejoró lo suficiente para permitirme terminar mis últimos dos años de escuela y obtener mi diploma, a la par que trabajaba medio tiempo en restaurantes y cafeterías. Cuando cumplí dieciocho años, me habló acerca de T.J. y como este reclutaba jóvenes para su club clandestino de luchas. No pasó mucho tiempo antes de que estuviera entrenando con Link Hayes—otro de los entrenadores de Drew junto a Billie—y Sadie—prima de este y ex luchadora que tuvo que dejarlo debido a causas de salud—. Cinco años habían pasado desde mi primer combate y me había ganado a pulso mi lugar en la plantilla rotativa de T.J., sin dejar de lado mis trabajos de medio tiempo. Zoey dejó salir una risa chillona, cuando Billie empezó a hacerle cosquillas, sacándome de mis pensamientos y los dejé disfrutar de su momento un rato, hasta que me fue imposible aplazarlo más. Nos despedimos de Billie, luego de que este nos prometiera invitarnos a cenar al día siguiente y corrimos escaleras abajo, debido a que nos habíamos atrasado varios minutos en el lugar de Billie. Una vez instaladas en el auto, conduje rumbo a la escuela de Zoey, esperando que lo que fuera que tuviera que comentarme Williams, no fuera una mala noticia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD