Kim comenzó a hacerse presente en la editorial, iba, molestaba un poco a Dani y se iba. Para cuando Dani escribió su segunda novela le faltaba la chispa que solía caracterizarla. Sammer la leyó y no sintió lo mismo cuando leyó: "Soy tuya, bebé". Se notaba que no estaba inspirada, así que fue con el manuscrito a la oficina de Dani y la encontró recogiendo sus cosas. —¿Qué estás haciendo? ¿Se puede saber? Porque esto no tiene sentido. Dani siguió guardando sus cosas en cajas y lo miró. —Lo siento. Yo, te deseo suerte con la editorial, en serio, pero ya no puedo trabajar más aquí. –En casa había pensado tanto en todo lo que Kim constantemente le decía y le había afectado tanto que ya no se sentía como esa escritora poderosa que solía ser cuando plasmaba sus pensamientos en papel. —Es mejor

