Aquella noche aunque le había hecho el amor a su esposa, extrañado, cuando Kim dormía, él miraba al techo. Se sentía en agonía. Y es porque mientras estaba con su mujer, veía el rostro risueño y encantador de Dani. -¿No duermes, amor? -Kimberly se despertó al sentirlo tan inquieto y lo miró. -¿No puedes dormir? ¿Sigues preocupado? -No, ya no. Los libros se venden bien, como te conté. Así que ya no hay de que preocuparse, yo enfrentaré a mi papá, todo irá bien. -Entonces duerme. -Los besos de Kimberly lo ayudaban a calmarse, y aquella noche no estaban siendo la excepción. Se sintió más ligero cuando su esposa lo besó, cerró los ojos, pero retrocedió espantado cuando al abrirlos unos segundos, no vió a Kimberly, sino a Dani. Habían trabajado juntos por dos meses, hombro con hombro y

