Capitulo dos

1613 Words
Jessa Qué raro sueño tuve anoche. Es lo único que puedo pensar mientras me levanto de mi cama. Me dirijo al baño para poder lavarme la cara y poder cepillarme los dientes. Cuando salgo del baño me parece escuchar algunos ruidos en la cocina, frunzo el ceño, sobre todo cuando siento el olor de huevos y tocino. Rápidamente abro la puerta de mi habitación y me dirijo a la cocina. Cuando veo al mismo hombre de mi sueño moviéndose por la cocina, siento mis piernas debilitarse tengo que sostenerme de la pared para no caerme. —No fue un sueño—digo sin poder creer lo que estoy viendo. —Por supuesto que no fue un sueño—es lo único que dice el desconocido mientras coloca dos huevos y un poco de beicon en un plato y lo pone en la isla de la cocina donde hay cuatro taburetes—Ven a comer necesitamos hablar. Por alguna extraña razón le hice caso, tal vez más por la comida que por cualquier otra cosa. La cocina no es algo que se me dé. Por lo que siempre recurro a comprar comida congelada o ya preparada que solo tenga que calentar en el microondas. — ¿De dónde sacaste el tocino y los huevos?—no recordaba haber ido de compras esta semana, por lo que mi refrigerador debería estar vacío. Sonrió como si le hiciera gracia—Tu vecina de al lado había hecho las compras así que me ofrecí ayudarla con sus bolsas, aprovechando que transportaba algunas cosas a este lugar. — ¡Le robaste a la Sra. Johnston!—mi amable vecina del alado era una dulce anciana, muchas veces hablaba con ella en mis días libres, siempre me regala uno de sus pasteles de manzanas cuando viene de la iglesia los domingos. Mire mi plato vacío, sintiéndome culpable de haber devorado cada bocado antes de preguntar su procedencia. —Solo fueron seis huevos y un poco de tocino dudo que lo note—dice encogiéndose de hombros. Luego su mirada cambia volviéndose más seria—Me doy cuenta que no comprendes lo que sucedió ayer—trato de esconder mis nervios mientras habla—Abriste un portal hacia el inframundo para llamar a un demonio—su voz es áspera y seca—Atendí tu llamado para venir hacer un trato contigo. — ¿A qué te estas refiriendo?—pregunto. —Quieres algo, lo puedo ver en tus ojos. A pesar de que no pueda usar mis poderes en ti todavía siento el deseo humano, necesitas algo yo te ayudare a conseguirlo y acabo tú me darás algo—Sonríe de una manera tan perversa que me da escalofríos, pero aun así cuando lo miro siento que algo me atrae de él. Sus ojos color avellana me llaman de una manera que no puedo explicar. —Y si me niego—digo sin apartar mi mirada y haciendo que su sonrisa crezca. —No puedes negarte, ya el trato está en proceso—su mirada feroz me hizo entender que eso no estaba en discusión. — ¿Puedo pedir lo que quiera? —pregunte sabiendo que me arrepentiría luego, pero en este momento quería analizar la situación y ver que me esperaba. —Lo que quieras, desde matar a un pobre idiota hasta hacer que ganes millones, pero recuerda que todo tiene un precio que deberás pagar en su debido tiempo—esto último lo dijo con una sonrisa perversa, como haciéndome saber que el disfrutaría del precio que yo tendría que pagar. —Que tal—pensé bien mis palabras antes de continuar—Si me ayudas a encontrar al hombre adecuado. Me miro con una gran sorpresa que intento disimular pero fue en vano. Se alejó de la isla de la cocina comenzando a caminar y murmurar cosas que no pude entender. — ¿Este es algún truco de mis hermanos para molestarme? —pregunto de repente dirigiéndose hacia mi haciendo que frunciera el ceño. —No—fue todo lo que dije. — ¿A ver si lo entiendo quieres que te ayude a conseguir algún pobre idiota para que este contigo? —Cuando asistí con la cabeza levemente lanzo una estruendosa carcajada—Creo que este es el deseo más inusual que alguien me ha pedido. —Tal vez porque los demás no tiene los problemas que yo tengo para conseguir algún tipo decente que no me quiera follar en la primera cita—alza una ceja, y luego me estudia por un largo tiempo mirándome detenidamente. Solo tengo puesta mi bata trasparente, así que me siento expuesta. — ¿Qué tiene de malo follar en la primera cita? Es bueno ceder al deseo y dejarse llevar por los bajos instintos. —No todas las chicas queremos follar sino que queremos algo más. —Por lo que puedo ver no eres fea, todo lo contrario—sentí mi cara calentarse cuando dijo eso sobre todo porque sus ojos se posaron en mis pechos—Solo necesitas aprender a divertirte un poco y a sacar ese lado oscuro que todos llevan dentro. Analice lo que dijo cuidadosamente, siempre estaba en el trabajo nunca tenía tiempo para salir y mi vida era un puto aburrimiento, si no fuera por Natalia que es mi mejor amiga probablemente mi única compañía seria Zeus. Joder, quiero más. Si puedo aprender a soltarme y liberarme un poco para salir de mi zona de confort tal vez no sea una mala idea. —Entonces—extendí mi mano—Tenemos un trato. Tú me ayudas a soltarme un poco y a tener mejores citas y yo te daré lo que quieras a cambio. Su sonrisa perversa volvió aparecer. —Me encanta corromper a las buenas chicas— dijo tomando mi mano y estrechándola—Ahora acabas de hacer un trato con el diablo. De eso no tenía duda —Solo con una condición —me miró fijamente—No tendré sexo en mi primera cita. Aulló de risa. —Eso lo veremos. —Jessa—dije dándome cuenta que hasta ahora no me había presentado—Me llamo Jessa. —Hermoso nombre, supongo que ya te dije que podías decirme Lucifer. Traje grueso recordando el evento de ayer en la noche, sin duda me estaba metiendo en algo peligroso. Pero ya estaba harta de la monotonía de mi vida ¿Qué es lo peor que podría pasar? Ya suficiente tengo con vivir como una persona del doble de mi edad. —Tengo tres días para poder estar en la tierra así que vamos a disfrutarlo. — ¿Qué quieres hacer? —Alguna vez has estado en las vegas—lo mire con sorpresa. —Nunca. Se dirigió a mi habitación con paso apresurado. Fue directo a mi closet donde comenzó a revisar mi ropa. —Ahora entiendo porque te cuesta encontrar a un hombre toda tu ropa es de una monja—abrí mi boca cuando lo vi tirar uno de mis vestidos favoritos a la basura—Disculpa esto es peor que lo que usa una monja. —Para que sepas esa es mi ropa de trabajo—me defendí. —Wow al parecer no todo es tan malo—dijo mientras sacaba varios vestidos cortos del armario muchos de ellos seguían con etiqueta. Nunca encontraba la ocasión para usarlos y como profesora de una universidad prestigiosa no podía ponerme un vestido corto para dar clases. Saco una maleta del armario y comenzó a meter todos los vestidos cortos que encontró. Por un momento me quede inmóvil sin saber cómo reaccionar a lo que estaba haciendo, pero cuando saco una tanga roja de mi armario tuve suficiente. — ¡Deja eso! —chille mientras avanzaba hacia él y le quitaba mi ropa interior. Se limitó a sonreír mientras su vista se posaba en mi cajo de ropa interior abierto. —Disculpa lo que te dije antes, no hay forma de que seas mojigata no con toda la colección de lencería que tienes ahí— sentí mi cara calentarse. Siempre me gusta comprar lencería, puede que no tenga ocasiones especiales para usarla. Pero me hacen sentir sexy y atrevida lo que muchas veces me anima a salir de mi zona de confort. —Todavía ni siquiera me has dicho porque estas empacando mis cosas—alzo una ceja, su expresión divertida por alguna razón. —Solo tengo tres días en el mundo de los hombres, pretendo disfrutarlo al máximo y ¿qué mejor que la capital del pecado? — ¿Y pretendes que te acompañe? —pregunte aunque sabía la respuesta, después de todo fui yo la que se metió en este lio. —Por supuesto, tú necesitas aprender a liberarte y las Vegas es el mejor lugar para vivir lo prohibido—no lo dudaba. He conocido personas que han visitado las vegas siempre hablando de las aventuras que experimentaban, pero siempre me he centrado en el trabajo y hasta ahora no estaba mi alcance hacer un viaje pronto. — ¿Y cómo pretendes que lleguemos a las vegas? Estamos en Nueva York y yo no tengo dinero para gastar en un billete de avión. Termino de cerrar la maleta, para luego mirarme y darme un pequeño encogimiento de hombros. Por su expresión calmada parecía que tenía la solución, como si hubiera planeado el viaje desde hace semanas. —Estas al lado de Lucifer puedo hacer lo que quiera—dijo mientras me inspeccionaba con la mirada—Por más que me guste verte en esa bata te aconsejo que te cambies dudo que te dejen subir al avión vestida así.
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