➹Samara Carlsen➷ Estaciono el coche en la entrada de la mansión, el viento me roza la piel hasta erizármela. Camino con todo el control posible, luego de beber dos botellas de agua en el camino los mareos cesaron, igual que el sangrado, fue leve y aunque me preocupa, tengo cosas más importantes que atender. Debo sacar a Ginebra del lío en el que está por mi culpa. Suelto un suspiro antes de entrar a la casa. El recibidor se mantiene silencioso, pero el ruido de unas voces específicas me llevan a la sala grande. Pestañeo confundida al encontrarme con una escena inesperada: Ginebra le sirve té a un hombre vestido de verde (un verde fosforescente que puede dar dolor de ojos), mientras este escribe en una agenda lo que le dice mi suegra. —Todo para mañana —dice Margaret. —Suegra, esto es a

