13 Uno de los hombres, el más alto y robusto, advirtió su presencia, Iac permaneció inmóvil y en el mismo momento aquél empezó a acercarse. El guardián miraba sin decir nada, mientras el otro hombre avisó de la llegada de un cuarto. Fue la salvación de Iac, que cogió a su hermanito, quien había permanecido unos pasos más atrás, mientras gritaba a Nero que los siguiera, pero, como sucedía siempre, sin conseguir resultado alguno. También el perro era testarudo como él y no le gustaba obedecer órdenes, aparte de que no había jefes de jauría en aquel lugar. Regía el arte del convencimiento, pero nunca con características definitivas. Todas las veces era como si fuese la primera. Mientras los dos hermanos corrían, Nerone seguía excavando como si hubiese encontrado otra cosa gustosa de comer,

