14 No dijo nada a Sadam y tampoco a Lira. Entró en el refugio y cerró las dos hojas que hacían de puerta. Lira pidió permiso, pero Iac le hizo una seña para que esperara. Tenía que hablar con el niño. «Ahora te vas a casa y te olvidas de esta historia, ¿entendido?» Tommi sollozaba: a los ocho años se comprende la sucesión temporal de los acontecimientos, se conoce la diferencia entre el bien y el mal, pero aún no se consigue desentrañar el porqué de las cosas. «¿Porqué no hemos vuelto a salvarlo? ¿Me lo quieres decir?» «Se las arreglará solo, es un perro muy valiente. Ya lo verás. Ahora vete a casa, como te he dicho, y te pones a ver la televisión». La voz era firme, pero el corazón estaba a punto de estallar. Los ojos tenían ganas de verter lágrimas y los dedos se habían cerrado en p

