Isabella Desde que puse un pie en aquella universidad, supe que no podía competir con Adriana Ferrer en belleza, talento o apellido, ella era la heredera perfecta, alta, rubia, de ojos azules, con una familia que tenía más dinero del que cualquiera podría gastar en diez vidas. Todos la admiraban, todos la querían cerca y aun así nunca alardeo de eso, a pesar de que era lo que yo siempre quise tener. Pero había algo que ella no tenía y que yo podía usarlo a mi favor para destruirla, a Theo Montanari. Él era un becado que había entrado a la universidad un año antes que yo, era un chico de orígenes humildes, brillante, atractivo, con un magnetismo que lo distinguía de los demás y desde el primer momento lo vi como una oportunidad. No me importaba que no tuviera dinero, que no viniera d

