Theo No dormí, no podía. Después de leer la carta de Isabella, una mezcla brutal de rabia, incredulidad y asco me dejó completamente despierto. La releí tantas veces que terminé por sabérmela de memoria La mujer que pensé que conocía… la mujer con la que estaba a dos semanas de casarme… me deseaba la ruina. Y lo peor no era eso, lo peor era Marco, mi mejor amigo, mi socio y mi hermano en todo menos de sangre. Ambos me habían visto trabajar día y noche por esta empresa, y aun así se robaron cada centavo que podían, planeando desaparecer como ratas. Me quedé en mi despacho con las luces apagadas, solo el brillo del portátil iluminando mis manos. Busqué rastros, movimientos, cuentas ocultas, o algo que me explicara dónde estaban. Pero eran astutos, habían borrado todo lo que pudiera

