Theo Nunca me habia sentido tan pleno como en este momento. Adriana estaba recostada en mi pecho y mis manos no podían dejar de tocar su piel desnuda. —¿Tienes hambre? — pregunté dejando un beso en su cabello y ella suspiró —Solo un poco, ¿Que pediste para cenar? — Se levantó y me miró con una sonrisa —Tu comida favorita— pase uno de sus mechones por detrás de su oreja — Eres hermosa— murmuré y ella sonrió aún más. —Theo... No puedes decirme eso después de que acabamos de hacer, no estoy acostumbrada— mencionó con sus mejillas rojas por la vergüenza —¿Que tiene de malo? eres hermosa, lo he sabido hace años, además, esto lo habia deseado prácticamente desde que te conocí— sus ojos brillaron pero su sonrisa se apagó antes de suspirar —¿Que crees que hubiera pasado con nosotros si

