David notó que el rey Gaspar lo miraba fijamente como escudriñandole, decidió acercarse hacia él y llevarle la cabeza del gigante cómo señal de que pudo lograrlo, había alcanzado la victoria y solo fue aplicando lo que el maestro le había dicho, era pensar de sí mismo como un valiente, recordaba tanto a Jedrek, anhelaba poder verle para mostrarle la cabeza que sostenía en sus manos, pesaba alrededor de unos 10 kilos, se encontraba tan emocionado por lo que había logrado, parecía que salió del castillo con el fin de volverse valiente y famoso ante todo el pueblo de Tomislaw y aunque tenía la aprobación de todos ellos su corazón deseaba escuchar la voz de su maestro diciéndole "lo has hecho bien". Para David Jedrek era más que un mentor, era su amigo y padre, le extrañaba desde las cosas sencillas, extrañaba la forma en la que le miraba cuando había hecho algo bien o su mirada compasiva cuando se equivocaba, o las cosas que podía decirle de pronto, Jedrek tenía la particularidad de enseñar con casi cualquier cosa, en especial David recordaba la vez que le enseñó la importancia de sumergirse en Dios, fué un día normal, estaban cocinando y surgió la inquietud, el maestro le llevó a un barril de agua, tomó un utensilio de cocina y yo lanzó al fondo del barril mientras le explicaba que justo eso era estar en lo profundo de Dios, y que era precisamente eso lo que se esperaba de él, eso mantendría su corazón sano, mantendría su corazón de guerrero apto y podría siempre renovar sus fuerzas cuando estuviese cansado. De alguna forma eso había hecho hoy David, porque aunque estaba peleando, mentalmente estaba hundido en lo que ya se había dicho de él, comprendió que no era un futuro guerrero sino que ya era el guerrero valiente que veían en él, fué de esta forma que alcanzó victoria, cuánta falta le hacía el abrazo de su maestro, confiaba en que ese momento llegaría así como llegaría el momento del abrazo de su padre, y mientras todos se les acercaban para felicitarlo David solamente se llenaba de nostalgia al anhelar la felicitación de su familia, pensaba en su padre, en cómo sería verlo por primera vez orgulloso de él, se preguntaba que si acaso podría hacer algo para ganarse su corazón, pero por supuesto solamente sería parte de un sueño, era lo que se repetía así mismo para dejar las fantasías de lado, era tan tonto acerca de todo lo que pensaba, pero sí sabía de alguien que se sentiría muy orgulloso al enterarse de la nueva hazaña, imaginaba con emociones encontradas la cara de su maestro y era reconfortante pensar en ese reencuentro.
Justo cuando fantasiaba con eso, su hermano Miqueas le golpea como de costumbre y le dice:
- ¿Qué haces aquí solo pensando como un loco? Deberías ir y acercarte al rey y entregar la cabeza.
Por primera vez su hermano lo mira diferente, era extraña la sensación porque realmente no sabían expresarse amor sino a través de los puños, no sabía cómo expresar su orgullo por el hombre que había hecho que todo al pueblo enemigo fuera derrotado.
Mientras David caminaba hacia el rey, Gaspar estaba muy emocionado por lo que había hecho, por eso esperaba a su héroe con una gran sonrisa, sabía que por algo su mentor se había empeñado en David para formarle, cuando veía el joven podía ver un fragmento de su maestro, era de gran admiración verle en acción al jóven David, pero también entendía una gran leccion y es que el maestro Jedrek podía ver más que una apariencia física, más que habilidades o destrezas, veía más allá y aunque Gaspar no lo entendía por completo, sabía que algo tenía de especial ese muchacho y estaba en su corazón, Gaspar pensaba ¿qué otra cosa podrá tener este muchacho? ¿Cómo logró que Dios le diera tal victoria? ¡Todo debe estar en su corazón!
Por esto Gaspar con gran admiración quería conocerle, saber más de él, quería tenerlo cerca y hacerlo parte de su familia, pues se sentía orgulloso de un soldado tan valiente como David, el guerrero que le dió la libertad a su tierra y le trajo la cabeza del gigante, Gaspar quería celebrar la gran hazaña.
David caminaba y se acercaba hacía el rey para hacer la entrega oficial de la cabeza de su enemigo, y Gaspar al tenerle tan cerca le abrazo y le dijo:
- Muchacho, a partir de hoy serás parte de mi ejército y todo lo que ofrecí cumpliré porque ya tú has hechotu parte.
David le contesta entusiasmado:
- Rey, será un placer pertenecer al ejército de los hombres más valientes de Tomislaw.
El rey le contestó:
- No solo serás parte de mi ejército, haremos una ceremonía especial para anunciarlo delante de todo el pueblo y dónde te nombre oficialmente ni escudero, tú te quedarás en el castillo conmigo y serás ese valiente que cuide de mi vida.
David estaba anodado, no sabía si lo que estaba escuchando era real o querían burlarse de él y su inocencia, quería saltar de la emoción pero al mismo tiempo quería mantener la cordura y comportarse como un saldado ejemplar así que le preguntó:
- ¿Rey, usted me está hablando en serio? ¿Quiere que YO sea parte de su ejército y tener la honra de ser su escudero?
El Rey Gaspar sorprendido por sus preguntas le contesta:
- Jóven, yo le hablo muy en serio, no estoy jugando con lo que le digo, quiero que usted sea parte de nosotros, y mañana al atardecer será la ceremonia para hacerlo oficial delante de Dios y los habitantes de Tomislaw, así que jóven muchacho anda, y no llegues tarde a la ceremonia porque allí mismo daré otros anuncios y como guerrero de esta tierra siempre deberás servir de ejemplo a los demás.
David le contesto:
- ¡Rey no lo puedo creer! pero créame, allí estaré, estaré puntual para la ceremonia y créame será un honor ser parte de ese gran equipo de guerreros y soldados que están a disposición suya. Me despido de su presencia, oro permiso. - Dijo, hizo una reverencia y se alejó del rey, tomó su camino y saltando en un pie de la felicidad solo podía dar gracias porque realmente su maestro tenía razón, había mucho que hacer en su pueblo y estaba siendo de gran ayuda, al fin estaba haciendo algo realmente util.
Gaspar, antes que el joven partiera sacó de su tesoro real un bolso de oro para que el joven llevara a casa, porque un valiente héroe como él no podía llegar a casa con las manos vacías.
David cuándo se despidió del Rey pensó acerca de una sola cosa ¿que sería llegar a casa y que su padre estuviera orgulloso?, pero no, eso sería mucho pedir para un viejo gruñón como él, mientras que el pueblo celebraba junto a él lo sucedido David prefería atrasar el hecho de llegar a casa, veía el oro que le había dado el rey y quería saber si tenía con quién gastarlo o qué emprender para eso, se esforzaba en buscar un lugar a dónde ir pero no tenía, no había lugar para estar, no tenía amigos, aunque pensándolo bien sí tenía, aquel viejo pastor, que por ser viejo tenía dificultad con el dinero y seguramente se alegraría de la compañía de David y de su hazaña, con ese pensamiento regresó a casa, dejando de lado la incertidumbre en la reacción de su papá y deseando abrazar a su amigo.
En el camino pasó a comprar ciertas cosas al mercado, pensó en que le gustaría comer a su amigo y recordó que era amante a la sopa de frijoles, así que compró cada cosa para prepararla como su mentor le había enseñado, en ese instante recordó que al lugar donde quería ir era justo ahí, al castillo del gran Jedrek pero por supuesto que era imposible porque aún tenía cosas pendientes por hacer.
Así que continuó en lo que tenía que hacer, mientras iba caminando vió varias cosas para su amigo, llevó algunas cosas para que cambiara un poco sus ropas, porque tenía muchas que se veían desgastadas, se veían bastante deterioradas, incluso vió una túnica de colores y la compró porque imaginó a su viejo amigo en ella acompañada con una sandalias de cuero.
Al llegar a la casa de su amigo lo encontró acostado, temblando de frío y ardiendo en fiebre, para David fué un gratificante ver que llegó justo en ese momento, tenía la oportunidad de demostrarle el aprecio que le tenía, cuidando de él cuando le necesitaba, sin decir mucho soltó las bolsas con compras y buscó agua fresca, algunas pieles y le colocó en la frente, también preparó algunas hierbas que que le servirían para bajar la fiebre. David se movía rápido y con diligencia, en especial cuando notó que el anciano estaba delirando, David estaba preocupado pero sabía que lo que podía hacer lo estaba haciendo, debía funcionar.
Pasaron algunas horas así, el anciano logró dormir un poco, necesitaba reponer fuerzas, ya al despertar estaba sudando, eso era buena noticia, estaba bajando la fiebre, al ver a David se sorprendió, no recordaba que él estaba ahí, ni siquiera que era el joven quien le había ayudado, le preguntó:
- Muchacho, ¿siempre estuviste aquí?
- No siempre, pero sí creo que llegué justo a tiempo. - Dijo David mientras le acercaba un poco de sopa que le había preparado mientras el anciano dormía.
El anciano le agradeció profundamente, y le dice:
- Muchacho ya es muy tarde, ¿Por qué no te fuiste antes?
David le contestó: - No quería dejarlo solo, usted estaba muy mal y me asusté mucho, no podía irme y solo dejarlo así.
El pastor le responde:
- Joven David, realmente es una fortuna contar con tu amistad, no tengo palabras para agradecerle, no solo el que estuvieras aquí, sino que te quedaras y cuidaras de mí. Esta noche te invito a quedarte en mi casa, me sentiría muy mal si te vas y algo te pasa.
A esto David le contesta:
- La fortuna es mía y realmente solo puedo decir que ha sido Dios quien para este día me ha traído hasta aquí, y gustosamente esta noche me quedaré en su casa.
Aprovechando el momento David le pregunta:
- Pastor, ¿hasta cuándo le diré "pastor"? ¿Cuándo sabré el nombre de este gran hombre?
El pastor con una delicada sonrisa le contesta:
- ¿Realmente quieres saber cómo me llamo?
- ¡Claro! Para mí es muy importante saberlo, claro si no hay inconveniente en saberlo.
- Bueno joven David, me presentaré formalmente, y estrechando su mano con algo de dificultad le dijo:
- Mi nombre es Silvio Pancraceo de Tiburcio y ha sido un enorme placer conocerle joven David.
David en ese preciso instante entendió por qué no daba a conocer su nombre y prefería que le llamaran solo “pastor” aunque fue una gran sorpresa para David pues realmente no se esperaba tal nombre, no le arrugó la cara o colocó algún gesto que le marcara, pues sabia como guardar bien sus expresiones, así que solo le tomo la mano y con una hermosa sonrisa en su cara entendiendo que ese momento ocurrido no sucedía con cualquiera y que realmente era especial para Silvio, le contesto:
- El placer es todo mío, Silvio, gracias por tenerme tanta confianza sé que soy importante para ti y déjame decirte que tú también lo eres para mí.
En ese momento David le dio un fuerte abrazo y cayeron algunas lágrimas por sus mejillas pues Silvio se ganó un gran lugar en su corazón, pues se convirtió en ese amigo que nunca antes había tenido.
Luego de eso David siguió cuidando de su gran amigo y pasaron la noche conversando y riendo juntos, pues tenían mucho ya que no se veían y tenían varias conversaciones, anécdotas y experiencias que contar, a medida que pasaban las horas Silvio recuperaba su fuerza y vitalidad y volvía hacer el mismo de siempre, alegre, optimista y con mucha fuerza para continuar con la vida y David estaba muy contento.
Sin embargo, esa noche algo sucedió en casa, estaban preocupados por David, dónde se había metido ya que sabían que no tenía lugar, como había matado al gigante pensaron que podían venir otros más como él y vengarse.
Allí el padre descubrió lo importante que era David para él, era una zozobra no saber nada él, y que no sabía que hacer o a dónde ir, a quién preguntar por su hijo. Para él era extraño, era una sensación de preocupación que le hizo descubrir que medio de todo siempre lo amó.
Y a pesar de la hora el padre se quedó sentado justo en la puerta, esperandole, era la primera vez que hacía algo así por David, entendía lo privilegiado que era por tenerlo en casa y lo tonto que fué por nunca disfrutarlo.
Los vecinos comenzaron a llegar a casa, iban a llevarles presentes mostrando sus felicitaciones por la obra que hizo David. Es que realmente salvó a todo el pueblo, de pronto Isaí se encontró escuchando frases como: «Eres un excelente padre», «lo formaste bien», «aprendió muy bien de ti» hasta «es el mejor guerrero que pueda existir», y cada palabra le carcomía la conciencia, sabía que había sido el peor padre y que si algo había alcanzado David era por su maestro, no por él.
La que más dolió fue «quién pensaría que con su tamaño podría matar un gigante le enseñaste los principios necesarios para verse como tal», dolía más porque él siempre le enseñó a David a verse menos de lo que podría ser, con sus palabras, hechos, tratos, desprecio, entendió que lo había hecho una persona miserable toda su vida.Y entendió que tenía un tesoro que siempre vió como un carbón nunca se dió la oportunidad de escarbar para hacer de él un diamante, siempre vió lo que sus ojos naturales podían ver, el hijo de la traición le recordaba que solo por momentos de placer casi pierde todo.
Pero también comenzó a pensar, ¿qué culpa tenía su hijo de haber pasado por tantas cosas? Pensaba que realmente siempre los mayores tuvieron toda su atención y en el ejército estaban sus hijos hechos unos cobardes pero aquel de quién nunca espero nada era un guerrero apasionado por su nación y dispuesto a darlo todo por su familia.
Aún cuando su esposa y sus hijos le pedían que por favor se acostara a descansar no podía, no podía dejar de pensar en David, era su hijo, el que siempre desechó y ahora quería hacer las cosas diferente, aunque quizás no habría tiempo de enmendar las cosas, había causado mucho daño, entenderlo le dolía en el corazón y no sabía que hacer, o cómo hacerlo, o que podía decirle, pensaba lo peor, se hizo la idea de que ya no tendría ese momento para estar frente a su hijo, mirarlo y decirle «te amo, estoy orgulloso de ser tu papá».
Por otro lado estaba David con Silvio cuidándolo y disfrutandole conociendo lo importante que era tener a alguien a dónde ir para conversar. David le contó acerca de todo lo que había pasado, de como había llegado hasta el frente de la batalla y estaba el gigante desafiando a todo el pueblo y sintió una furia porque nadie de su ejército podía hacer algo, le explicaba que conocía que había alguien que lo podía ayudar y ese era Dios.
El tiempo mientras hablaban se fué volando, eran las 3 de la mañana, David tomó en cuenta que debía callar su historia para poder descansar al menos 2 horas, el pastor percibió lo que David pensaba y le dijo:
- Hijo, ya yo no puedo dormir más, dormí lo necesario mientras me cuidabas, descansa tú, comenzaré a preparar todo para hacer las tareas que dejé pendientes ayer porque la verdad me sentía muy mal.
Así que dejó dormir a David por un rato o eso creyó, en realidad el joven no fué a dormir, sentía algo extraño, no era su cama, parecía que le hacía falta estar en casa, pero al recordar la reacción de todos al verle siempre se le quitaban las ganas de regresar, casi no quería volver a casa, aunque sabía que debía hacerlo porque tenía que sacar a las ovejas a comer, se quedó acostado con los ojos cerrados pero la mente despierta, había pasado por tanto, sentía tanta adrenalina que era difícil que su mente descansara.
Pasaron las horas y justo a las 5:00am lo levantó Silvio, ya se sentía totalmente bien, animó a David para que regresara a su casa a cambiarse y pudieran volver a encontrarse en el campo. Pero notó algo extraño, la expresión de David era turbia, como alguien que ha pensado mucho en muchas cosas, le preguntó:
- Joven, ¿que tienes? No te atrevas a mentirme, soy anciano y sé cuándo algo no está bien.
David decidió ser sincero, responder con la verdad:
- Amigo mío, no quiero regresar, solo eso, por más que lo pienso no quiero regresar.
El anciano le extrañó mucho que no quisiera ir a casa, que no quisiera compartir con su padre lo que había vivido con el gigante.
Le dijo:
- Te daré un consejo, ¿qué tal si comienzas a verle diferente?
¿Y si comienzas a tener pensamientos de que todo cambiará? Empezarías a pensar mejor acerca de que todo, imagina que cuando llegues tu papá estará orgulloso, que te va a estar esperando preocupado con ansias de verte.
Para David resultaba una locura pensar en algo así, sabía que no era posible, tenía toda su vida esperando algo diferente y nunca sin importar que hiciera lograba mejorar.
Por respeto no le dijo a su amigo todo lo que pensaba, solo negó con la cabeza y ya. Se levantó de la cama, tomó sus cosas y se despidió de su amigo Silvio.
David se sentía derrotado solo de imaginarse volver a casa.
Cuando ya había avanzado algunos pasos, escuchó la voz de Silvio llamarle, volteó y al verle se devolvió.
- Dime, amigo mío. - Dijo David.
- Hay algo que debo decirte, David, comienza a concebir en tu pensamiento lo que quieres que suceda en el exterior, porque lo que tú pienses eso es lo que proyectas y lo que proyectes es la forma como las personas te verán, muchas veces nos tratan con indiferencia porque nosotros nos tratamos así, si nosotros tenemos corazas esas personas colocarán corazas, pero si exponemos el corazón esas personas mostrarán también su corazón. Medita en eso de vuelta a casa.
David, le agradeció con un abrazo y arrancó su camino, aquellas palabras le recordaban a su maestro, cuánta nostalgia tenía al pensar en él.
Durante el camino iba pensando acerca de las palabras que su gran amigo tan sabio le había dicho, decidió aplicarlas, su mente imaginó a su papá esperandole, esperando su llegada para darle un abrazo y decirle que estaba orgulloso y preocupado a la vez, lo que no se imaginaba David era que en serio todo comenzaría a ser como en su pensamiento lo estaban visualizando.
El camino no se le hizo tan largo, estaba ya casi a la puerta y le invadió temor, una decepción más, a eso temía, sus pensamientos quedarían nuevamente defraudados y todo sería una ilusión. Pensó que si había podido derribar un gigante podía hacer algo en casa, así que comenzó a caminar más de prisa, le extrañó ver tantas personas afuera de casa, se asustó creyendo que algo grave había pasado. Su reacción fué caminar más de prisa y su gran asombro fue escuchar voces diciendo:
- ¡Ahí viene!
- ¡Está a salvo!
- ¡Está aquí!
Nunca había experimentado cosa así. Eran abrazos, palmadas y palabras de animo por todas partes y sintió un abrazo diferente, alguien le estaba sosteniendo con amor, y caían algunas lágrimas sobre su cabeza, no podía creerlo, era su papá, ¡su papá le estaba abrazando!
No pensó en más nada, no le permitió a su mente cuestionar lo que sucedía, solo se dejó acobijar por ese abrazo, las lágrimas brotaron, para David ni todo el triunfo del mundo podía comprar lo que significaba ese abrazo.