desnudando el corazón, este soy

3172 Words
David tenía miles de interrogantes en su cabeza, muchas preguntas sin respuestas y una misma pregunta resonaba una y otra vez: ¿Realmente soy igual a Dios? David se miraba al espejo y no veía más que imperfecciones, inseguridades, miedos y un pasado oculto que no le soltaba, un pasado que por más que intentaba olvidar era el origen de muchos de sus traumas. David se preguntaba, ¿Cómo yo podré ser igual a Dios? Un ser tan puro, tan santo, tan perfecto, con tanto amor por la humanidad, un ser que no se cansa de dar, un ser sin mancha de pecado, que venció todas las tentaciones y es llamado como “el eterno y perfecto Rey” ¿Cómo? Pensaba sin parar: ¿Cómo yo podría ser igual a ÉL? ¡No tiene sentido que el maestro me diga esto! Si usted, si usted solo supiera maestro quien soy yo, no diría esto, si supiera de dónde vengo no diría semejante cosas. Yo soy David el ultimo de mis hermanos, el concebido en pecado, hijo de prostituta y del rechazo, a quien toda mi familia ha desechado por ser pequeño, débil, torpe y muy lento para hacer las cosas, soy ese en quien nadie depositaría su confianza, porque soy un bueno para nada, solitario en compañía solo de mis ovejas quienes se convirtieron en mi familia, cuidarlas y apacentarlas era mi única labor y lo hacía con gran fervor y pasión, me agrada ayudarles pero siempre quise que me vieran más allá de la apariencia y que se dieran cuenta que sí tenía habilidades que si podía ser más de lo que ellos creían, que no por ser diferente a mis hermanos debía ser excluido de su medio, quería demostrarles que dentro de mí hay un alguien que sí puede llegar e ir un poco más, que sí puedo, que no soy tan torpe como ellos creen, pero ¡qué difícil es ser el menor en una familia donde no soy aceptado! Que difícil es crecer sin el abrazo de una madre, y así como fue rechazada ella, yo vivo las mismas consecuencias, que difícil es no tenerla para escuchar un consejo, que difícil es haber tenido que crecer sin el amor de madre, y aún más doloroso es que tengo un padre que es como si no lo tuviese, que jamás escuché un "¡hijo estoy orgulloso de ti!" O "¡ven, quiero enseñarte algo!" Crecí solo, apartado de la familia, como el criado menos importante o como algo que desechan porque no tiene valor y mucho menos importancia. Así fuí creciendo lleno de desdicha producida por cada persona al rededor y ni mencionar a mis hermanos que no hacían que las cosas mejoraran, siempre hacían bromas y se burlaban de mí, de mi físico, de mi apariencia, inclusive hasta de como hablaba, como vestía, siendo siempre el hazme reír y la decepción de la familia ese que dañaba el linaje de la familia, ese soy yo quien le da vergüenza a toda la familia. ¿Y qué podía hacer? Hice lo mejor para todos, me aislé de ellos y olvidé que aún tenía familia, mis ovejas, mi arpa y mis armas se convirtieron en lo único que era mío, eso era mi refugio, mi lugar seguro, tocar y mientras tocaba cada una de mis penas se iban olvidando, en cada melodía mi corazón sentía un respiro de paz, en cada canción olvidaba mi realidad y me trasladaba a un lugar mejor, donde tenía hermanos que me amaban y necesitaban, donde mi padre estaba orgulloso por la manera en que cuidaba de ellos. Mi mundo se convirtió en mis ovejas, y podía pasar horas y horas hablando con ellas y siempre teníamos cosas nuevas de que hablar, cuentos y anécdotas que intercambiar. Muy diferente a mi casa si así se le puede llamar, allí cuando llegaba la noche todos se reunían a comer pero yo no era invitado, allí siempre había algo que reprocharme, algo que criticarme, siempre habían cosas que para ellos nunca estaba bien, y solo terminaba por tomar mi comida y encerrarme en mi cuarto a comer si aún tenía algo de ganas de hacerlo y me acostada,con el único deseo de solo dormir y dormir. Llegué a preguntarme muchas veces ¿Qué hago aquí? ¿Por qué fuí condenado a vivir así? ¿Por qué todos tenían a alguien, pero yo estaba solo? Y le pregunté muchas veces a Dios ¿Dónde estás tú? ¿Dónde estabas cuando fuí tratado como basura? ¿Cómo estorbo? ¿Por qué no hiciste nada, si sabías que me dolía? ¿Por qué me trajiste a este mundo a vivir de esta manera? Pero todas eran preguntas sin respuestas, solo se escuchaba un silencio apacible y con un gran dolor en mi pecho me quedaba dormido y en muchas ocasiones pedía ya no despertar más. Pero al pasar de los años y el transcurrir de los tiempos solo me acostumbré, me acostumbré a lo que vivía diariamente, me acostumbré a vivir con el dolor, con el miedo, con las inseguridades, me acostumbré a esconderme, me acostumbré a que todos se burlaran de mí, me acostumbré a no sentir un abrazo de nadie, a no escuchar palabras bonitas, a no esperar que alguien me aceptara, me acostumbré a estar solo. Y me encerré, me encerré en un lugar donde ya nada importaba, me encerré con quienes sí me querían, me encerré con quienes sí anhelaban escuchar mis historias y canciones, me encerré con quienes les hacía feliz estar conmigo a pesar de ser quien soy, me encerré con quienes si estaban orgullos de cómo les cuidaba, me encerré con mis ovejas o mejor dicho con quiénes serían mi familia. Y, maestro, sé que usted pensara que estoy loco, que soy un desastre, que si mi familia me ha desechado es porque algo malo debe haber en mí y no en ellos, usted puede estar pensando muchas cosas en este momento pero solo le diré, no tuve opción, no lo escogí yo, no elegí vivir así, no lo decidí, entiéndame, jamás lo quise de esta manera, no sabe cómo me encantaría ser más como mi hermanos, no sabe cuántas veces quise ser diferente, no sabe cuántas veces llorando quise vivir otra vida y soñaba despierto en como sería todo si hubiese nacido de otra manera o de otro padre o inclusive en otra familia. Soñaba y quise muchas veces cambiar mi apariencia, ser alto, musculoso, con un gran semblante y ser ese que atrapaba la atención de todas las personas a mi alrededor, con una gran resistencia y ser ese en quienes todos podían confiar, muchas veces me imaginé teniendo a mis hermanos y todos juntos compartiendo en la mesa conversando de anécdotas de hombres valientes que atrapaban a ladrones, derrotaban los ejércitos que querían a****r al pueblo y rescataban a mujeres en peligro, siempre soñé con saber hablar y expresarme delante de muchos y que todos vieran de lo que podía ser capaz, ser rapidito, astuto, ágil. Soñé con tener a mi madre conmigo y ser su mayor orgullo, esa que me guardara la comida al llegar a casa, y que al salir me diera un beso y me diera la bendición, esa que con ansias me esperara para contarle todo lo que había acontecido en el día, y que cuando estuviera enfermo o me sintiera mal cuidara de mí, una madre que me llenara de su amor porque solo un abrazo lo cura todo, un padre que estuviera feliz porque un guerrero ha puesto en alto el apellido de la familia, porque todos respetan el linaje de su apellido, un papá que me enseñara lo bueno y lo malo, y que por nada del mundo me soltara, un padre que al mirarme sus ojos se viera orgullo, honra, satisfacción, alegría. Esa era la familia con las que muchas veces soñé, ese era el David que yo siempre quise ser, esa era la vida que mi corazón siempre anheló, pero no tuve la dicha de escribir mi historia de una manera diferente. David hablaba frente al espejo como si estuviera frente al maestro Jedrek, parecía practicar lo que sería abrir su corazón, lo que no sabía es que el maestro le escuchó todo, estaba justo detrás de él, se aclaró la garganta y dijo: - Muchacho... Para David tener al maestro frente a sus ojos fué suficiente para romper en llanto y entre lágrimas y con el corazón hecho pedazos le dijo: - Este soy yo, este es David, ese que usted dice que es igual a Dios, ese que usted llamó para ser aprendiz de usted, ese soy yo, y ahora sabe que no soy nadie, que soy un desastre, un loco que habla con sus ovejas, un muchacho que no tiene familia, y si hoy después de usted conocerme considera que debo retirarme porque no soy lo que usted necesita, ni lo que usted busca, yo con mi cabeza en alto me retiraré, porque esa es mi realidad, y no puedo evadirla, no puedo evitarla y como sabe tampoco puedo cambiarla, no puedo cambiar mi origen, o mi desarrollo, mi familia o lo que hago, no puedo cambiar nada solo me queda vivir lo que me reste de vida de esta manera, pero en este momento sabe quién soy yo, no quería mentirle y mucho menos fingir ser alguien que no soy, no quería venir con apariencias y decirle que yo soy ese guerrero valiente, listo para todo lo que usted quiere enseñarme, cuando en mi realidad soy ese temeroso, tímido, ese que se encierra en su mundo, ese que muchas veces quiso dormir y no despertar más y aquí estoy delante de usted diciéndole quien soy yo, que hay en mi corazón y mis pensamientos, un muchacho que siempre quiso enorgullecer a sus familiares. Jedrek escuchó en silencio todo lo que el joven David decía, sabía que era el inicio de lo grande que acontecía, ya este escenario lo había visto antes cuando formó al rey Gaspar, veía mucho de lo que ocurrió en ese tiempo justo en David aunque había una gran diferencia entre ambos, porque Gaspar no era hombre de moldear fácilmente, era tosco, oponente y ni pensar de abrir su corazón como había quedado expuesto el de David. Jedrek lo abrazó en el momento que el joven suspiro y su llanto empezó a brotar desde lo profundo de su ser, el maestro entendió que David era diferente a sus antiguos discípulos, así que solo lo abrazó, sabía cuán importante era ese momento su mentoria y consejos, pero también sabía que en esta oportunidad era tan diferente, podía entender que David le estaba poniendo su corazón en sus manos, Jedrek tenía la capacidad de matarle o volverlo a la vida, algo sobrenatural estaba aconteciendo, Dios mismo había visto el corazón tan expuesto del joven que decidió empezar a limpiar el alma, David no paraba, el maestro solo lo sostuvo mientras eran sus gemidos los que hablaban. El maestro empezaba a conocer algo nuevo y es que no siempre la enseñanza debe ser igual para cada uno de los estudiantes, se sintió desarmado, nadie le había expuesto el corazón de tal magnitud, incluso en su corazón empezó a resonar una nueva frase: "Gran responsabilidad tienes de formar a quién por primera vez a desnudado su corazón". Jedrek conocía que en ese momento lo que tenía en sus manos era un tesoro, esa pizarra en blanco donde podría escribir una nueva historia. Esa frase removió todo el ser de Jedrek, no entendía porque empezaba su mente a viajar cuando tan solo era un niño, cuando su mamá lo dejó en el templo para vivir con Melquisedec, un erudito muy bien estudiado que le enseñó mucho de lo que ahora sabe y es,pero con quién sufrió mucho, entendía que era totalmente necesario ese tiempo para ser formado por la sabiduría de Dios, en ese momento parecía una película lo que recurría por toda su mente y se pudo identificar en David en algunas cosas, la más fuerte es que su sabiduría nació desde el día que tuvo la valentia de exponer el corazón a su maestro, eso empezó a inundar todo su ser de nostalgia que terminó agradeciendo a Dios con lágrimas en sus ojos. Las acciones de aquel joven de tez oscura hicieron arder el espíritu del maestro Jedrek, sentía indescriptible pasión por lo nuevo que le enseñaría, pero a su vez tenía un temor santo, al llorar no solo David estaba siendo renovado, Jedrek estaba siendo limpiado de las viejas enseñanzas y se le estaba pidiendo nuevas estrategias con su nuevo estudiante, sentía que algo se empezaba a rejuvenecer dentro de él, era fuego a sus huesos, se le recordaba esa gran misión de formar y hacerlo no porque sí, sino hacerlo para preparar guerreros de talla alta para el impacto de naciones. David por su parte no entendía lo que estaba sucediendo pero no podía parar de llorar, mientras gemía sentía como se entretejia una conexión con su maestro, no sabía de dónde provenía, tampoco se detendría a preguntar, es que de seguro nadie puede entenderlo, era tan perfecta que sus pensamientos empezaban a ser diferentes, se estaba creando una conexión de dejar de ser dos, dos hombres con visiones opuestas y empezar a ser uno, trabajar en el poder del uno requería la valentía para el momento en el que uno cayera el otro le sostendría y levantara a su compañero, David no entendía esa nueva metodología, que sucedía en su interior tampoco lo conocía, esos pensamientos de empezar a ser uno con un hombre tan sabio era imposible de lograr para su mente. El maestro entre llanto le dijo: - David desde hoy no te soltaré, solo la muerte me podrá alejar de ti, no caminarás más solo, porque como dice el proverbio: "¡Ay, del solo que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante! O "si dos durmieran juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?". Hijo mío, si alguno de tus enemigos prevaleciera contra ti, dos le resistirán; en ese momento, justo ahí, hicieron un pacto y con aquella alianza sus corazones quedaron ligados. Se tomaron de las manos fuerte y dijeron a una voz: - Dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultado; así me haga el Creador, y aun me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotros dos. Las lágrimas sellaron aquel pacto de compromiso permanente. Nunca antes había ocurrido algo así entre maestro y discipulo, las antigas formas de educar estaban muriendo y algo nuevo se gestaba. Al separar sus manos David secando sus lágrimas le dijo: - Maestro era antes de llegar acá un cobarde con todo el sentido de la palabra más en los días que he estado con usted he podido evidenciar que me he vuelto un hombre, no tan grande pero usted ha sacado lo peor de mí para transformarlo en lo mejor, podría pensar que por llorar puedo parecerme más a una mujer como me decía mi padre, por eso siempre me prohibió llorar, me decía que eso era de débiles, puede que hoy también siga siendo un débil. El maestro lo interrumpió diciéndole: - Llorar no es de mujeres solamente, ni quién llora es por sinónimo de debilidad, llorar ciertamente es de valientes, son valientes quienes exponen el corazón para crecer y hoy eres un valiente ante mis ojos. Gracias por abrirme tu corazón, por favor continua hablando. - Bueno, maestro como le iba diciendo, yo siempre huía de todo lo que me causaba dolor pero ahora decido quedarme, le pido que no me ruegue que le deje, y me aparte jamás de usted, y quitándose el collar que para él era todo lo que representaba su identidad le dijo: - Hoy como muestra de que muero a mi viejo yo, le doy lo que más atesoro, decido mirar con sus ojos, pelear con sus fuerzas, caminar en su camino y sentir con su corazón. Jedrek le miró asombrado y le dijo: - ¿Cómo podré abandonarte, David? ¿Cómo podré dejarte? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se enciende toda mi compasión por tus palabras. El maestro recordaba que ya en poco tiempo llegaba su hora de partir de la tierra porque había colocado el discípulo que tomaría todo para ser dejado en la tierra en lugar de la leyenda de maestro. Entre suspiros y abrazos le pidió a David que le expresara abiertamente lo que quisiera pedir como herencia de la gran leyenda, le expresó que a nadie le había preguntado pero que por ser el único quién se había atrevido a abrir su corazón merecía incluso tener toda su fortuna. David se quedó en silencio y le dijo a Jedrek: - Maestro una cosa pido, tú has amado mucho a toda esta nación, tu bondad se percibe con todo lo que has hecho por nosotros, has servido fielmente ante el rey y has obedecido en todo. Además, permitiste que yo, que soy el hijo del castigo este aquí contigo. Jedrek pidió una pausa ante el discurso de David y le dijo: - Puede que eras el hijo del castigo más hoy te llamo el hijo escogido y quitándose su manto de vestiduras de maestro las colocó sobre él. En ese momento David no sabía cómo responder ante aquel acontecimiento, era tan difícil poder discernir con las cosas que el maestro hacía, pero era tan imposible como de que llueva de la tierra y no del cielo, que cada vez iba en aumento, ese momento era mucho más que unas vestiduras, estaba traspasando su esencia sobre quién no merecía nada según el contexto de dónde venía, pero el maestro parecía no importarle, recuperaba todo lo que un día había estado roto. Pero con mucho respeto David le dijo: - Yo soy muy joven, y no sé qué hacer con todo lo que me das; y ahora colocas gran responsabilidad sobre mis hombros, ya no son simples animales, son personas y este pueblo es tan grande y numeroso, por ello te pido que por favor me des de tu sabiduría, para que pueda saber lo que está bien y lo que está mal. Jedrek le respondió: - Mi sabiduría no proviene de mí sino del Creador, del Dador de todo. Asi que te tomo hoy las manos y oro: - Creador Omnipotente sin tu ayuda yo no podría gobernar este pueblo por años, por eso te pido que le des sabiduría al joven David para que pueda discernir entre lo bueno y lo malo, que le puedas guiar en tu camino siempre hasta el día de su muerte. Y Jedreclk mirándolo le dijo: - Serás más sabio que todos los que han vivido antes o vivan después de ti.
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