El joven David se dispuso ser el primero en despertar en el castillo, para el maestro fue una gran sorpresa porque era de madrugada, demasiado temprano para un principiante, era el primero de todos sus estudiantes que despertaba tan temprano, pero cuando lo vió fijamente supo que no había dormido nada, tenía los ojos hundidos, estaba pálido, ojeroso, tenía una cara de confundido, estaba como en un trance que hacia todo por automático. Le sirvió al maestro el té de la madrugada, poseía un aroma único, el maestro jamás había degustado algo tan peculiar, le llamo:
- David, David, acércate.
Pero el joven no reaccionaba, le llamó por segunda vez:
- David, David, muchacho, ven.
Pero David no escuchaba nada, parecía estar mentalmente dormido.
El maestro por tercera vez le llamó con un grito:
- ¡David, hijo de Isaí!
El muchacho asustándose pegó un salto y dijo con voz de susto, como alguien recién salido del agua en la que se ahogaba.
- Dígame, maestro, disculpe. - Dijo haciendo una reverencia.
En ese momento el maestro le invitó a salir fuera de casa, le pidió que tomara el arpa y la honda, sin olvidar la espada, empezó a caminar y David tenia tanto frío que todo su ser empezaba a temblar, era aún muy oscuro y el maestro le llevó por el camino más macabro, mientras pasaba se escuchaban las lechuzas, fieras salvajes rugir, y gallos cantar, pero solo les podía escuchar jamás le salieron al encuentro, cuando ya llevaban como una hora de camino el amanecer comenzó a mostrarse, bañando el cielo de colores y una promesa:
- Se están renovando sus misericordias. - Dijo el maestro Jedrek, deteniéndose por un momento a contemplar el cielo. En ese instante el maestro frena al joven y le pide que comiencen a caminar despacio, había un árbol que tenía un tronco muy grueso, unas raíces tan grandes que sobresalían de la tierra tanto que casi eran del tamaño de David, había también una piedra que estaba tallada y decía con letras grandes "¡Sabrás quien eres, cuando sepas de dónde vienes!"
El maestro miró a David y le dijo:
- No desperdicies tiempo, toca el arpa al son del cantico de los pájaros.
Cuando Jedrek dijo esto los ojos de David fueron abiertos y pudo mirar al árbol hasta el copito, vió que todo estaba repleto de pájaros, eran demasiados, de muchos tipos, nunca había visto tantos y su corazón se alegró a tal punto que David empezó a tocar, mientras tocaba descubría una melodía nueva, era algo que no había jamás salido de él, mientras más tocaba más preguntas tenía en su cabeza pero sentía en su corazón de certeza que todo estaba respondido, por ello no se podía detener, el maestro se postró de rodillas y David no entendía lo que sucedía pero era algo tan extraño que su piel se empezaba a erizar.
No podía parar y su corazón empezaba a sentir tanto gozo que no podía expresar, era inexplicable lo que se estaba viviendo en aquel lugar, los pájaros emprendieron su vuelo y el maestro se volvió a poner de pie y mirando a David fijamente le dijo:
- Antes de que fueras formado en el vientre de tu madre, ya Dios te había elegido como parte de mis discípulos, antes de que nacieras ya te había apartado para servicios especiales, te había nombrado incluso como hombre valiente y esforzado.
David le miró fijamente, las palabras del maestro penetraban su corazón hasta lo profundo, sentían como dividían si alma de su espíritu y le daban propósito, ese propósito que mata inseguridades, mata miedo y confusión.
Propósito que es sentido, es identidad, es fuego en los huesos, es pasión, compromiso y disciplina, es expectativa, ese propósito que es pertenencia.
Con propósito no nos movemos por necesidades, nos movemos por llamado, y llamado es sentir que mueres a todo porque perteneces a algo. Una lágrima recorría la mejilla de David y dijo:
- Maestro no me conoces, ni siquiera he tenido la valentía de abrirte mi corazón, no sabes que soy un cobarde, no sirvo para nada, siento algo arder dentro de mí pero aún así no creo poder con todo esto.
El maestro le contesto:
- Shhh, calla por favor, ¿acaso no entiendes que aún antes de estar en el vientre de tu madre ya Dios te había escogido?, si tú quieres pelear con Dios es cosa tuya pero yo no lo haré, mi orden ha sido que no me fije en tu parecer, es decir no puedo poner mi vista en lo débil que puedes parecer sino más bien me enfoco en tu corazón.
David se empezó a halar los cabellos, estaba entrando en un colapso ansioso, no entendía porque Jedrek se había empeñado en su formación cuando ni siquiera en la escuela le prestaron atención, por eso también tomó el trabajo de las ovejas porque mientras sus hermanos los formaron desde muy pequeños en saber como hablar, que decir para ganar el corazón de las personas, él solo había sido el niño n***o desechado. David no sabía que hacer, su naturaleza siempre era correr hacia las ovejas y ya no estaban sus amigas, su maestro lo sabía bien y mirándole, le dijo:
- Camina un poco más, sube la pradera, quiero mostrarte algo.
Cuando subieron ese camino empinado, David se detuvo a tomar aire y no entendía porque el maestro tenía tanta energía como para no detenerse, se burlaba de David diciéndole cosas como “muchacho eres muy flojo, no sirves para esto, mejor vuelve a bajar, vete ya a casa, esto es solo para valientes”. La verdad David no entendía, no parecía el mismo que le había hablado hace rato, no podía conocer que era lo que quería lograr el maestro con cada palabra que lo que hacía era quitarle el ánimo de continuar, cuando el joven llegó a la cima el maestro lo esperaba y le dijo:
- Por más empinado que sea la vida de todo soldado debes seguir, en el camino te vas a cansar y no por eso debes detenerte, este camino es para valientes, hijo, el cobarde no entra aquí, el valiente no le importa escuchar las voces hablar diciéndole palabras negativas en todo momento, lamento ser yo quien te hirió, lamento ser yo quien te ofendió y trató de detenerte, pero es que nadie que llega a este lugar es un cobarde, en el camino te formé y si llegaste es porque eres un valiente, recuerda siempre esto y es que no debe importar cuantas veces te detengas pero no pares, quien se detiene no es digno de obtener nada, pero quien sigue obtendrá premios.
- Ahora mira esto. - Continuó diciendole el maestro mientras señalaba algo. Era una gran árbol que tenía tallado algo que parecía ser una oveja, le recordaba de dónde venía, la pregunta era, ¿a dónde irá ahora?
David estaba exhausto pero por fin entendió que había un propósito más grande que sus planes de pastor. Las palabras del maestro resonaban en su mente, entendía que muchas veces el mundo le hizo creer que era un cobarde pero justo esta lección le había hecho entender que es un valiente.
Detrás del gran árbol había un rebaño de ovejas, parecían estar esperándole y él estaba tan feliz de poder estar cerca de ellas, ciertamente las ovejas no le conocían pero rápidamente se ganó su atención y por ser dóciles pudo tocar para ellas como acostumbraba hacerlo en la casa de su padre.
Pero esta vez la melodía era diferente, no tocaba como el desdichado pastor de ovejas frustrado y herido, sino como un valiente en desarrollo.
De bajada por la pradera a David le parecía como si de sus ojos caían vendas que le impedían ver la belleza de su corazón, era como si hubiera una paz que comenzaba a invadir lo que le rodeaba, David se veía, se tocaba, incluso se detuvo mientras aún estaba alto y vió hacía abajo, sentía que en el camino había dejado mucho, no era el mismo que había subido, algo aconteció aunque no lo entendiera del todo, pero sabía en su espíritu que algo era diferente, el maestro Jedrek le veía de lejos y reía en silencio, mientras llenaba su bolso de piedras, David lo veía extrañado desde lejos porque parecía un loco, ya que escribía con un carbón en cada una de ellas, notó que el joven lo estaba mirando así que se levantó y caminó hacia él con una actitud un tanto risueña y pícara.
Le entregó a David aquel bolso, cuando lo colocó sobre su espalda se fué hacia atrás y casi cae pero el maestro con su bastón lo haló hacía adelante y el joven pudo hacer equilibrio nuevamente, instantáneamente no entendía lo que sucedía es que era tan extraño, en un momento todo parecía estar bien y ya al otro no sabía que esperar del maestro, salía con tantas cosas que su cabeza no paraba de doler, extraña sensación, el maestro que conocía como se sentía empezó a expresarle que bajaría la montaña con el bolso, le entregó un bastón para que hiciera equilibrio, en su mano izquierda llevaba la onda, en la derecha el arpa y en su cintura la espada. Para David aquello era una situación segura de cero equilibrio así que Jedrek le animó, le expresó que no le dejaría, que se mantendría a su lado para cuando le necesitara poder ir a su ayuda.
Personas que ya conocían la formación del maestro se reían al ver al nuevo estudiante, le animaban durante el camino, pero el joven no logró estar de pie siempre, en un tramo resbaló y cayó, lo atajó un árbol lo cual fué doloroso para su pierna izquierda, fué ahí donde llevó el golpe fuerte, sintió un dolor ardiente justo en el muslo, David estaba ya muy asustado, bañado en su propio sudor y jadeante por el cansancio, el maestro se le acercó y le dijo:
- Hijo, ¿qué pasó?, ibas muy bien.
Él asustado le responde:
- Maestro, la verdad siento que en cada momento donde creo que lo empiezo a hacer bien comienzo ese tiempo donde vuelvo a caer y recuerdo que no es suficiente ni capaz ni siquiera de caminar al lado de un maestro con tanta sabiduría, tengo miedo, no puedo avanzar, soy culpable de hacerle perder el tiempo, soy mi propia decepción creo que debe volver nuevamente a casa de mi padre y tomar por discípulo a uno de mis hermanos, uno de ellos si será presto para esto, si al colocarme este bolso quería despertar la frustración y hacerme entender que soy un flacucho que no puede, la verdad maestro logró su misión, esto no es para mí.
La sabiduría del maestro era tanto que empezó a quitarle el bolso, David empezó a sentir nostalgia en su corazón, pensó que en serio ya dejaría todo, volvió a pensar que su lugar era en casa con las ovejas y el maestro le sonríe y dice:
- David, mira lo que escribí sobre cada piedra.
El maestro comienza a sacar piedra por piedra del bolso, la primera decía "baja autoestima", la segunda" insuficiente", y así seguía las piedras con palabras de peso: miedo, decepción, cobardía, culpa, frustración. Al sacra la última dice:
- ¿Ves por qué caíste?
David estaba confundido, no entendía como el maestro sabía lo que había en él y que iba a salir justo bajando, el maestro le sonrió y le dijo:
- Hijo, cambia el equipaje, caerás siempre que te sientas así, por eso no habías alcanzado nada, porque como te veías a ti mismo te derribaba antes de llegar a la meta, hoy decides si lo sacas de tu vida o sigues con esto.
David aún con miedo le preguntó:
¿Como puedo hacerlo?
El maestro le dijo con una sonrisa:
- Sencillo, caminar.
- ¿Caminar, maestro? - Dijo David con voz de incrédulo.
- Sí, David, camina.
- Pero, ya va, maestro, explíqueme que haré, no le estoy entendiendo, yo siempre he cargado con esto. -
El maestro le dijo:
- A veces hay que dejar el equipaje que nos impide caminar y seguir, sigue, deja eso ahí sino te impedirá siempre cumplir el motivo por el cual naciste.
David empezó a sudar frío, parecía que lo que se le estaba pidiendo era una orden muy difícil, ya el maestro había pasado por esto así que se sentó en el árbol que detuvo a David y le expresó que en ocasiones hay que hacer pequeñas paradas para poder determinar qué hacer con la vida, mirando al joven con mucha determinación le contó que cuando estaba muchacho también tuvo que tomar decisiones que marcarían el rumbo de toda una nación como en ese momento estaba sucediendo con él.
David se postró rostro a tierra y empezó a llorar, no entendía mucho de lo que sucedía, pero sí sabía que había cargado con esta maleta durante sus primeros años de vida, así que empezó hacer una lista de lo que siempre había visto de él y se arrepintió, después de tres horas llorando sin entender mucho de lo que sucedía le dijo al maestro que estaba alisto para continuar.
El maestro lo detuvo y le dijo:
- Ahora voltea las piedras.
Sobre cada una de las piedras había colocado todo lo opuesto a lo que David estaba sintiendo y mientras lo leía su corazón empezaba a tener una paz que desbordaba todo su ser, habían palabras como: valiente, fuerte, seguro, audaz,sabio, prudente y entendido.
Cuando llegaron al castillo fué justamente al ocaso del atardecer, David veía el castillo diferente, todo era igual pero quien estaba diferente era él, rápidamente se bañó, y bajó porque quería cocinar algo de agradecimiento para su maestro, pero el maestro se había adelantado porque tenía mucha hambre, así que le pidió que fuera a preparar la fogata para disfrutar de una cena en calor porque ya el castillo estaba enfriándose demasiado. El maestro entendió que estaba saturando a David y soltó un poco la presión que estaba ejerciendo sobre él, porque sabía que durante esos días sería para el joven digerir todas las primeras lecciones.
El joven se sentía tan cómodo como si estuviera mejor que en casa, era tan extraño que podía sentirse completamente realizado, durante siete días siguió haciendo lo mismo, el maestro le permitió ayudar a San Román con las ovejas, David se sentía muy a gusto con poder servir a su prójimo, también su corazón sentía que había empezado a hacer el mejor guerrero, sentía que cada día era el mejor de su vida, así pasó 15 días hasta que el maestro le pidió que no siguiera con su agenda que hiciera una pausa, David sabía lo que eso significaba, asi que se asustó pero el maestro le tomo de la mano y lo llevo a un salón que nunca lo había dejado entrar, y mientras abría la puerta David estaba temblando de miedo por lo de lo que iba a suceder en aquel lugar, no podía percibir lo que vendría porque con Jedrek nunca se sabia que esperar.
David comienza a observar que hay muchos espejos, no entendía nada, pero Jedrek le comienza a decir que le expresara lo que veía, David comenzó a decirle que en unos veía una imagen distorsionada de él, pero que en su gran mayoría el espejo no mostraba quién en realidad él era. El maestro le tomo de la mano y le dijo:
- Ven, te enseñaré uno en particular.
Justo ahí, empezaron a caminar sobre un pasillo oscuro, a un lugar donde tenía un espejo bajo llave, muy parecido a una bóveda, cuando llegaron hasta ahí David estaba asustado, y es que nunca sabía lo que podía esperar de su maestro, era una aventura diferente diariamente. El maestro le pidió al joven que junto a él lo abriera, era algo parecido a un cofre donde se guarda un tesoro, no cualquier tesoro, sino uno muy especial. Alrededor del espejo había una frase qué decía "a cara descubierta cómo en un espejo verás la gloria de Dios y justo ahí serás transformado a su misma imagen".
David comenzó a notar que ese espejo era diferente, brillaba mucho y podía ver cada imperfección, se sentía incluso como alguien con muchas cosas que cambiar, pareciera que el espejo no mostraba solo lo externo sino que empezaba a salir esas cosas ocultas que el rechazo había producido desde que aún era un muchacho, parecía que mientras se miraba en el espejo, este le hablaba y le decía que debía someterse a un tiempo de sanidad, se empezó a sentir como si se estuviera volviendo loco. pero no, no sucedía así, el maestro le dijo en ese momento que en la vida vamos a encontrarnos muchos espejos que van a distorsionar la imagen de nosotros mismos.
- Muchacho no sé sobre qué espejo te habías visto hasta ahora pero muchas personas muestran la peor versión nuestra, si llegaste a competir para poder sentirte importante o incluso aceptado, entonces fracasaste, puede ser también que el espejo de la culpa, de la inconformidad, de la depresión u otros espejos que ocultan el verdadero tú es donde te hayas estado viendo, mostrándote cada vez sin menos brillo, algo que tengo para decirte es que esta lección amado joven consiste en qué siempre que necesites ser transformado tendrás que mirar al espejo adecuado, al espejo de tu Dios porque fué justo con Él que encontrarás tu verdadero diseño, porque fué donde fuiste formado, fue él quién te formó y entretejido en lo profundo del vientre de tu madre, colocando una identidad que nadie más posee.
David estaba confundido por la información y el maestro acabó diciendo:
- Ciertamente la cultura nos llevará a mirarnos en el espejo más popular que tengamos cerca, pero en vano será mostrarnos cómo alguien más, siempre nos faltará quizás tamaño u otras cualidades externas, pero quiero que sepas que es un gran error porque Dios no creó una copia, creó a David el original, nadie posee ni tu huella, por eso al verte al espejo de Dios tendrás que observarte como naciste, es decir original, cada guerrero qué es formado necesita entender que no puede caminar siendo como alguien más, porque no fuimos creado a eso, solo para perseguir la semejanza de Dios, ahí si puedes verte, en el espejo de Dios porque es el único quién te formó y te hizo verte tal cual.
Todo esta información dejó perplejo a David pero también con una pregunta, ¿realmente era igual a Dios?