Cuando el joven terminaba de cortejar a Micaela ve a lo lejos que su maestro viene hacia dirección a él, su corazón parecía que se fuera a salir, estaba muy asombrado, David no entendía como su maestro se encontraba allí, en el jardín, puesto que no le veía desde el banquete donde tuvo que pelear con Michael, desde ese momento le había perdido de vista y no sabía a donde se había ido, solo había desapareció. David estaba entusiasmado quería hablar con él, comentarle todo lo último que había acontecido, pero, no sabía cómo despedirse de Micaela para salir corriendo a encontrarse con el gran Jedrek, se comenzó agarrar las manos y a mirar por todas partes, en ese momento Micaela observo al gran maestro y entendió lo que sucedía, ya que Micaela apenas le estaba conociendo y David de un momento a otro había comenzado a actuar extraño, entonces le dijo:
Ve, corre hacia tu maestro.
David entonces corrió y corrió, el maestro comenzó a verlo venir comenzó a cuestionar dentro de sí que iban a decir pero no le importó solo abrió sus brazos para encontrarse con su sucesor, porque en su corazón destino que se convertiría en ese que seguirá el legado, así como un día él determinó seguir el legado de Abner.
Cuando los brazos de Jedrek tomaron a David las pieles del vestido que era de lino fino arroparon completo al joven, el maestro solo escuchaba el gemido de su joven aprendiz y apenas un susurro que decía ¡Gracias! parecía no cansarse de dar las gracias, Jedrek lloró con él y le expreso lo orgulloso que estaba de todo lo que había logrado, le comento que sabía que era tan solo el inicio porque le sigue viendo mucho más grande, tan grande que su mente finita no podían lograr entender el diseño que se había planificado acerca de lo que sería él.
Jedrek lo apartó de él y tomando sus hombros comenzó hablarle acerca de que no importaba cuántos no creyeran en él, Dios si lo hacía y también contaba con su aprobación, David se le aguaron los ojos, y justo en ese momento supo que Jedrek estuvo en toda la pelea y que todo lo que había sucedido ese día con Michael, era porque no creían en él, para él, David no era más nada que un simple pastor que corrió con suerte al matar a un gigante, pero Jedrek conocía sus pensamientos y sabía que eso le había dolido, pero también sabía que el hecho de que David había ganado la pelea podía llenarse de orgullo y altivez, porque cuando desde muy pequeño somos heridos y marcados con el rechazo, pasamos nuestra vida entera haciendo cosas para que crean en nosotros, nos acepten y el gran maestro temía que el corazón de David se contaminara, entonces le dijo:
Aun cuando hoy eres el más aclamado no puede ser tu motivación, eso estaría incorrecto, discípulo amado quiero contarte que todo comienza no de lo que otros piensen de ti, sino de lo que tú crees acerca de ti, recuerda la lección de los espejos, y tengo una pregunta para ti el día de hoy ¿por qué decidiste ser parte del ejército y escudero del rey?
Examina tu corazón, porque la motivación con la que hagas todo dictará el curso de lo grande que llegarás hacer, David se entristeció y empezó a recordar su infancia cuando su madrastra lo reprendía marcando no solo su piel con cuero sino su corazón con aberturas profundas que no sabía si sanar podía, empezó a temblar y sudar frío porque recordó cuando él se metía bajo la cobija, hubo un día específico del mes de Noviembre dijo:
Cuándo la oscuridad de la noche hacía latir fuertemente mi corazón, tenía tanto miedo, mi piel sangraba por lo fuerte que me habían golpeado, susurraba una y otra vez balanceándome en mi cama: “Dios, no permitas que mi papá me abandone. No lo dejes ir”.
Mi madrastra me hacía llorar cada día. Usaba la palabra que era un bastardo para dañarme por completo, justo en esos momentos extrañaba mucho el hecho de que solo estuviera mi mamá o tener un papá que si me amará. Él creía por su parte que no era gran cosa decir todo lo que pensaba, aunque en ocasiones era mejor que no hablará acerca de mí, a causa de que sus palabras tenían tanto peso en mí, cada amenaza de mandarme lejos era la muerte respirándome en la nuca. Porque si realmente me marchara, entonces ¿quién sería? Un niño sin un papá era para mí como un niño sin un lugar en este mundo. Después de todo, si él no podía amarme, ¿quién más lo haría?
Ciertamente el amor no era un término que abundará en el vocabulario de mi papá. Sus palabras eran duras y muy ásperas, solían ser tan penetrante que me partieron muchas veces el alma, pero era su silencio lo que más me aterraba, su cara amargada o sus golpes sin palabras, no entendía porque me golpeaba, una y otra vez me aterraba, orinaba la cama con frecuencia, de día solo me hacía querer correr hacia la zanja, ese había convertido en un lugar seguro para esconderme.
Todos deseamos con desesperación anclar nuestras almas en algo que podemos confiar en que jamás cambiará. No me importaba el aspecto de la zanja, ese aspecto con moho, con aspecto húmedo y con baja luminosidad, pero realmente importaba lo seguro que me hacía sentir estar ahí con tan solo 7 años.
Sin embargo, sentirme a salvo y realmente estar a salvo no es lo mismo. Un día vino la lluvia y se llevó con ella todos mis pequeños tesoros, la zanja no era un refugio seguro, se había ido, era solo una zanja cumpliendo su función. Y una vez que la vi como lo que era, jamás regresé. Todas las cosas de este mundo a fin de cuentas revelan que realmente son anclas inútiles.
Ya mi zanja no estaba y en mi cama no era segura estar, pensaba que ya no había un lugar para mí seguro, entonces fue cuando el rechazo se estableció en lo profundo de mi corazón. Y llegué a una conclusión devastadora: “No importo. No valgo nada para mi papá”. Y aún más perturbadora: “Temo que no valgo nada para Dios”. La suma de estos sentimientos se convirtió en mi nueva identidad.
¿Quién es David? Me pregunte en ese momento. El indeseable, el perdido, temeroso, inútil que me convertí solo en quién cuidaba de las ovejas, el pastor insignificante hasta que llegó usted maestro, salvó mi vida, continúo secando sus lágrimas.
El maestro se quedó en silencio y pidió que pasarán juntos la noche, mientras caminaban David sentía que era una eternidad porque el maestro no hablaba, no tenía expresiones, no era como otras veces que le enseñaba, David comenzó a examinar que había hecho de malo, porque parecía que Jedrek se había molestado, se preguntaba si le dejo de amar o si ya se consiguió otro aprendiz mejor, llegó un momento que no pudo más y se sentó en una piedra porque no podía respirar más, estaba entrando en un estado de pánico, pensó que su maestro lo ayudaría pero no, lo dejo solo, en ese momento David sintió que Jedrek era muy malo porque pensaba solo en lo que era él, que egoísta, ¿acaso no ve lo mal que me siento? ya se estaba empezando a poner morado, fue cuando Jedrek se acerca y le echa agua y le dice ¡Reacciona! apaga tus pensamientos porque ellos te están carcomiendo.
Joven, ¿Por qué haces todo? ¿Acaso estás tratando de recobrar el equilibrio con cualquier cosa que te ayude a sentirte mejor?
David los sentimientos son frágiles, como lo son las zanjas que no pueden realmente ocultarnos, porque no fueron creadas para ello, al igual que la viga rota en mi casa no podía repararse al simplemente clavarle otro soporte para brindarle apoyo, ¿recuerdas ese momento? tu tampoco puedes.
No solo necesitas mejores emociones, mejores personas o lugares, necesitaba una manera completamente nueva de definir tu identidad. Necesitas saber qué crees sobre ti mismo a la luz de la verdad, sin máscaras, porque de lo contrario, aquello que creyera sobre ti se convertiría en un fundamento frágil, inconsistente e imperfecto.
Nuestras convicciones deberían sostenernos incluso cuando la vida pareciera desmoronarse. En este momento, no podrías decir que las convicciones que mantienes te sostienen. Joven pon tu identidad en el lugar correcto, deja de correr y deja de repetir mis proverbios sin aplicarlos a tu vida. ¿Qué harás cuando la vida te haga sentir amenazado?, una y otra vez vas a regresar al viejo patrón de pensamiento de sentirte despreciado y rechazado.
Mientras Jedrek le hablaba, David solo pensaba en que todo estaba bien, toda su vida había estado mejorando, todo había dado un vuelco para mejor ya tenía lo que siempre había soñado, así que no entendía porque el maestro le hablaba de todo esto, para David su rechazo había sido sanado y su identidad había sido restablecida por completo o al menos eso pensaba.
En ese momento el maestro le dice: joven examina como te has estado sintiendo antes y después de la pelea con Michael, examina tu corazón
David empieza a pensar en ese día y recordó que sentía tanta la tensión que en muchas ocasiones quiso salir corriendo, muchas veces no se sintió cómodo, no se sentía parte de la familia real, se preguntaba a si mismo ¿si realmente sane porque me afecto lo de Michael? ¿Por qué la mirada de Sabaiel me intimidaba? ¿Realmente estoy seguro de quién soy? ¿O me estoy escondiendo detrás de lo nuevo, de la nueva vida, de mi nueva función? ¿El maestro se ha vuelto parte de mi identidad? Porque la última vez que se fue sin decir nada me dolió, quería que estuviera allí para verme, ¿acaso hago las cosas para que él me vea?
En ese momento Jedreck le dice:
Amado discípulo sigues siendo mi mejor aprendiz, pero te estas parando debajo de esas vigas rotas, es decir no puedes ligar ya lo nuevo que eres con lo viejo, pero mientras no sanes será parte de ti, estás manteniendo tus antiguas creencias quebrantadas y clavándolas un poco en la verdad de Jesús y así pretendes estabilidad. El maestro se apartó y dejo a David pensar acerca de lo que le estaba diciendo.
David se decía:
Sabía que tenía que dejar de determinar la bondad de Dios de acuerdo con cómo me iba la vida en un momento dado. Los sentimientos son vigas quebradas. Solo la verdad es sólida, inmutable y estable de principio a fin. Los viejos patrones de pensamiento se deben eliminar, y es necesario establecer una nueva manera de ver la esencia de quién soy en función de la verdad de Dios. Mi identidad debe estar anclada a la verdad de quién es Dios y quién Él es para mí. Solo entonces podré encontrar una estabilidad más allá de lo que mis sentimientos jamás permitirán. Cuanto más cerca alineé mi verdad con su verdad, más me podré identificar con Dios, y mi identidad estará cada vez más puesta en Él. ¿Qué me sucede? ¿Estoy yo dependiendo del maestro? ¿Estoy tratando de ser el mejor solo para que me vean y tener la aceptación de todos?
El maestro se le vuelve acercar y le dice:
La cuestión es David que cuando tu identidad está vinculada a las circunstancias te vuelves extremadamente inseguro, porque las circunstancias son impredecibles y cambiantes. Hijo jamás te podrás levantar si no tienes estacas firmes, mira la tienda ¿qué crees que le falta?
Maestro no tiene las estacas y está caída y la brisa la mueve. Exacto joven así es tu vida, te caerás con cada éxito y fracaso, con lo nuevo y con lo que alcanzarás. No puedes sentirte bien solo cuando estoy contigo, valora quién eres, cuando te felicitan o cuando estás entre la multitud, no te permitas el tormento cuando te critica, ni te desesperes por mantener una relación que te haga sentir valioso. Contesto David
Maestro estás hablando con un muchacho que le gusta ocultarse, es doloroso estar con personas y aun así sentirme solo. Yo siempre he tenido que ver cómo todos tenían a alguien y yo estaba siempre sumergido en el dolor, cuánto he anhelado en estos años poder tener a mi madre viva.
Muchacho tu madre no puede determinar quién tú eres, lo determinas tú mismo, ya no te ocultes más ni eches la culpa a otros. Todo se trata de quién eres.
David quedó llorando amargamente con cada frase qué expuso el maestro y Jedrek siguió acomodando todo para acampar. Mientras David lloraba desafiado a ir por más, el maestro solo pensaba que necesitaba decirle la verdad que de seguro cambiaría su vida.
Cuando la tienda tenía todas sus estacas y el fuego estaba encendido David se secó las lágrimas cuando vio que el maestro estaba preparando todo para ir a cazar, en ese momento se levantó vio en su bolso de pastor para ver si tenía su onda, le dio unas palmadas al bolso para ver si estaban sus piedras favoritas de caza y fue ante su maestro, Jedrek al verlo le pregunto:
¿Todo bien muchacho?
Si maestro, tenía razón, que llorar no es de cobardes sino una práctica para valientes. Le contesto David con un quiebre de voz
Claro joven, llorar limpia el alma y renueva las fuerzas para seguir, disculpa que interrumpa pero debo ir a buscar la cena.
Por supuesto maestro, pero quién irá seré yo.
En ese momento comienza a llover y todo se comienza a nublar, se apaga la fogata, se tienen que meter a la tienda, pero la brisa era tan fuerte que la quería derrumbar, se comienza a escuchar animales volando alrededor de ellos, parecen búhos, tal vez pájaros o quizás murciélagos, realmente no estaban seguro, pero les sentían muy cerca. Así que rápidamente se metieron en la tienda pero la brisa pegaba fuerte y parecía que tumbaría la carpa.
David se estaba asustado, no quería demostrarlo ante el gran maestro, pero su corazón tenía miedo, no veían nada, no se sentía seguro en medio del bosque, no sabía que esperarse de esa noche. Cada momento llovía más, escuchaba hojas secas pisadas, sentía que le estaban mirando, y aunque la carpa era oscura parecía que quien les miraba podía ver más allá de la tela. En ese momento Jedrek le dice:
Muchacho duerme, con esta lluvia no podrás ir a cazar, la leña esta mojada y de esa manera no prendera con tanta facilidad. Acuéstate y descansa en Dios, mañana buscamos que comer.
David en ese momento no creía que realmente el maestro iba a dormir, puesto que no se sentía seguro para dormir, pensaba que algo le podía pasar mientras sus ojos estaban cerrados, pero como quería disimular su miedo, solo se acostó e hizo como si se acostaría a dormir, como que si dentro de él nada estaría pasando. En ese momento David cerró sus ojos y solo escuchaba las gotas de lluvia caer, escuchaba uno que otro animal cantar, pensó que eso que le miraba estaba en su mente, eran paranoias de él, así que se relajó y logro dormirse.
Cuando ya David estaba profundamente dormido un ruido extraño le despertó, se escuchaba como un grito que era bastante horrible, David estaba aturdido y con escalofríos, no sabía de donde venía pero nunca en su vida había escuchado a un animal hacer de tal manera, ya no llovía y por eso le escuchaba tan fuerte, pero parecía como si se acercaba. David no veía nada puesto que todo estaba muy oscuro aun, solo veía n***o. De repente se escucha un silencio profundo, eso era aún más extraño, estaban en un bosque, que todo estuviera totalmente en silencio tampoco le daba buena señal, pero no podía moverse, no podía hacer nada, el maestro estaba tan dormido que no quería despertarlo, aparte no quería demostrarle miedo en lo absoluto.
En ese momento empieza a sentir como algo empieza a caminar alrededor de la tienda, pensaba ¿será un jabalí? ¿Un venado? Pero los pasos se sentían fuertes, parecía algo grande, algo pesado y de la nada ve como una mano muy delgada, con uñas muy largas empieza a tocar la tienda, y vuelve a escuchar ese grito ensordecedor que lo paralizo por completo, de un momento a otro David no podía moverse, intentaba pararse y no podía, quería gritar y despertar al gran Jedrek y no podía, David no sabía cómo manejar esta situación, sabia pelear con personas, matar animales e incluso gigantes pero no sabía cómo pelear con esto que no veía, que no sabía de donde venía, ¿Cómo pelar con algo que me paraliza? Se preguntaba así mismo mientras se desesperaba, como podía trataba de respirar, el desespero trancaba sus vías respiratoria, se sentía asfixiado, y de la nada siente como le rasguñan la espalda, fue tanto el dolor que David intento gritar pero no pudo, en ese momentos lagrimas empezaron a caer por sus mejillas, le dolía mucho, sentía como si le hubiesen arrancado la piel completa de su espalda, quería pedir ayuda pero no podía pronunciar ni una sola palabra, justo en ese momento David se sintió solo, pensaba que si su maestro estaba justo al lado como no se daba cuenta de todo lo que pasaba, ¿Estaba tan cansado como para ayudarme? ¿Me había abandonado justo cuando lo más necesitaba?
En ese momento David se quebró, las lágrimas corrían y corrían, sentía que su maestro no estaba para él, y aunque lo tenía a un lado, no hacía nada. David tenía miedo, su corazón latía fuerte, parecía que iba a morir de un infarto, su espalda aun dolía, ardía, le quemaba. En ese momento David pensó que iba a morir, moriría en el bosque y sin saber de dónde provenía todo lo que le estaba pasando, sin poder defenderse, sin poder hacer nada, solo rendirse y esperar a que solo sucediera lo peor.