¡Qué pesada! (Samuel) ED

1097 Words
*Editado Había llegado a casa después de visitar a un amigo en el hospital, me encontraba realmente exhausto, había sido un día de mierda, los favorcitos que me cobraba Ramón eran bastante pesados y yo estaba hasta la madre de seguir sirviéndole de esclavo. Escuché ruidos arriba, pero no quise subir, tal vez mis padres estaban arreglando alguna cosa y no quería que me pidieran ayuda, entré a la cocina y me senté a esperar que bajaran, ya casi era hora de comer. Mis padres bajaron, me saludaron y mi madre sirvió la comida, cuando ya estuvimos todos sentados, mi padre habló. - Hijo, quería decirte que llegó una chica nueva al pueblo, va a trabajar contigo en el horario de la tarde en la biblioteca y se quedará unos días, a lo mucho un mes en la casa, mientras consigue dónde quedarse.- Se metió una cucharada de comida a la boca y no sé porque sentí tanta rabia, golpeé la mesa y lo único que pude decir fue que esperaba que no fuera como la última, la cual había robado a mis padres hasta casi dejarlos en la ruina. Mi madre me miró con ternura y tomó mi mano, suspiró y dijo.  – Hijo, ya no cometeremos el mismo error, no te preocupes, ya debe estar por bajar y la vas a conocer.- Mi padre terminó de comer en silencio y se fue a la biblioteca, yo iría en unos minutos, oí pasos en la escalera y supe que había llegado el momento, la puerta se abrió y llegó a mí un delicioso aroma a flores, volví a llenarme de ira y ni siquiera volteé a mirarla, me sentía disgustado con la idea de que mis padres siguieran confiando en desconocidos, ella preguntó por mi padre, que hermosa voz, se sentó junto a mí y empezó a comer, pude reconocer las ganas que tenía de preguntar quién era yo, pero no lo hizo, seguramente por pena, me levanté y salí directo a la biblioteca, la conocería más tarde. De camino a la biblioteca, pensaba en lo que les había sucedido a mis padres. La última vez que acogieron a alguien en su casa había sido hace meses. Era una mujer muy bella y encantadora, dejó fascinados a todos los del pueblo. Tenía un carisma que contagiaba a todo el que estuviera con ella. Lo que no se esperaban ellos, es que un día desapareciera llevándose todas las joyas de mi madre, los objetos de valor que habían en la casa y mucho dinero que había sacado de la caja fuerte de la biblioteca. Mis padres quedaron prácticamente en bancarrota. Costó mucho trabajo recuperarnos. Lo que no saben, es que yo la encontré y sucedieron cosas que un cristiano no debería ni imaginar, además me había metido con personas que no eran necesariamente buenas para conseguir algo de dinero. Ahora me arrepiento, pero la satisfacción que sentí al hacerle lo que le hice, en ese momento, fue inmensa.  Cuando llegué a la biblioteca estaba la pesada de Sofía, esa niñata tenía una obsesión conmigo, era estresante llegar y no poder quitármela de encima. - Hola Sammy, ¿cómo estás?- ¡Agh! Su irritante voz me estresaba, aparte movía sus pestañas y tocaba su cabello cuál colegiala angelical, algo que no le quedaba para nada bien. Todos sabían en el pueblo que era más fácil que la tabla del uno, pero se hacía la niña buena y tierna en frente de mi papá. - Estoy bien Sofía, gracias, y por milésima vez, podrías por favor llamarme Samuel, detesto ese apodo de 'Sammy'.- Ella solo se rió y se fue, escuché la campanita de la puerta y me volteé dispuesto a atender a la persona que hubiera llegado, pero no pude, esa mujer era hermosa, algo que jamás había visto, no era como las chicas que acostumbraba ver en el pueblo, ella era más o menos bajita, no era gorda, pero tampoco delgada, tenía el cabello castaño, unos ojos cafés preciosos que ocultaban secretos, su piel era blanca y tenía su pequeña nariz cubierta de pecas, que en vez de hacerla ver aniñada, la hacían ver sexy, unos labios rosados que provocaba morderlos, iba vestida con una camisa de superhéroe y unos jeans, pero se veía hermosa. - Hola, vengo buscando al señor Miguel.- Esa voz, ya la había escuchado antes, en mi casa, esa era la chica que se iba a quedar en mi casa, por Dios, cómo podría resistirme si la tendría que ver todos los días, todo el tiempo, en mi casa y en el trabajo. - Si claro, ya lo llamo, ¿para qué sería?- Dios, esta mujer es hermosa. - Vengo por el trabajo, me dijo que viniera a medio día, se me hizo un poco tarde, pero la señora Esther casi no me deja salir, es una mujer muy charlatana y encantadora y tan…- Tapó su boca y se ruborizó un poco.-  Ay lo siento hablé de más, mi padre decía que era un defecto. - Extendió su mano hacia mí.- Mucho gusto soy Victoria, me puedes decir Vicky, tú debes ser Samuel, el señor Miguel me habló de ti.- No pude evitar soltar una pequeña risa, ¿de dónde había salido esta chica? Tendría unos veinticuatro, dos años menor que yo, pero parecía una adolescente, hablaba sin parar, cuando vio que la veía un tanto de más, sus cachetes se tornaron de un color rojizo y morí de ternura. - No te preocupes, y sí, yo soy Samuel y vamos a trabajar juntos.- Ella sonrío, y dos hoyuelos se formaron en sus mejillas, volvió a ruborizarse y yo solo reí. Mi padre salió de detrás de unos estantes de la sección de ficción, estaba hablando con una señora, cuando se dio cuenta que Victoria estaba a mi lado. - Damita Victoria, ¿qué hace aquí? Debería estar descansando en la casa, le dije que viniera mañana.- Victoria se acercó a mi padre, yo solo podía mirarla y al parecer mi padre se había dado cuenta de la fascinación que sentía por ella. - Señor Miguel quiero empezar a trabajar cuanto antes, la verdad no soy mucho de estar encerrada en casa.- Interesante, esa chica me intrigaba. Había algo en ella que me atraía, como un imán atrae el metal. Me parecía hipnotizante su voz y su mirada. No era alguien normal, que hubiera visto antes. Su actitud era atrayente, sin duda alguna. Hasta mi padre estaba fascinado con esa chica. Lo podía notar por la manera tan especial de tratarla. 
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