Me desperté a la mañana siguiente con la proverbial "erección mañanera", mi coño estaba empapado y mi clítoris estaba más duro que nunca. Decidí en ese mismo momento que sería yo quien se le insinuaría a papá, de verdad, para ver si él sentía lo mismo. Me puse una camiseta grande y fui al baño a ducharme. Necesitaba lavarme todos los fluidos de mi sesión de masturbación de la noche anterior. No me lavé el pelo porque quería que el perfume de la noche anterior persistiera. Después de mi ducha caliente y relajante, estaba en mi habitación dando vueltas de un lado a otro intentando pensar en un plan. Abrí la puerta un poco y lo vi sentado en su sillón favorito leyendo su última novela. Lo que no daría por ser uno de sus libros para poder ser el centro de su atención siempre, lamiéndole el pul

