ARIANA Cuando la escuché decir “Mi hombre”, algo en mí se rompió, o más bien, algo en mí despertó. No era rabia, no era celos. Era algo más profundo. Era ese grito silencioso de indignación que nace cuando no se tiene ningún descaro. Porque Noah, él no era de ella. No después de todo lo que hizo. No después de haberle mentido, traicionado, humillado. Sentí un nudo en el pecho, uno de esos que arde, que quema, que no puedes ignorar. Sentí una presión en el pecho. Era una furia que trataba de mantenerse tranquila. De esas que nacen cuando ya no estás dispuesta a quedarte callada nunca más. Cuando el respeto propio empieza a hablar más fuerte que la necesidad de agradar. Me vi a mí misma desde afuera, como si fuera una escena de película: la "niña" que todos creían débil, enfrentándose a

