Capricho?

1151 Words
Valentina Idalgo Cierro la puerta de la cocina con suavidad, con la sensación de la frescura del agua aún en mi boca. Mis pies descalzos se deslizan sobre el suelo de madera mientras avanzo por el pasillo hacia mi habitación, con la luz tenue de la luna filtrándose por las ventanas y bañando el corredor en una suave penumbra. De repente, una sensación extraña me recorre la espalda, como si estuviera siendo observada. Instintivamente, giro sobre mis talones y me encuentro con una visión que me deja sin aliento. Frente a mí se encuentra un hombre alto y apuesto, cuya presencia parece llenar todo el pasillo con una intensidad magnética. Es un hombre cuya reputación precede a su figura imponente. Su cabello oscuro está perfectamente peinado, enmarcando una cara cuadrada que emana una mezcla irresistible de elegancia y arrogancia. Sus ojos oscuros me miran con una intensidad penetrante, como si pudieran ver a través de mí y leer cada uno de mis pensamientos. Viste un traje a medida que realza su figura atlética y su porte regio, cada línea y pliegue cuidadosamente diseñado para resaltar su masculinidad y poder. Cada movimiento es fluido y seguro, revelando una confianza innata en sí mismo y en su entorno. Pero más allá de su apariencia física impecable, hay algo en él que va más allá de las palabras, algo que no puedo describir pero que me atrae irremediablemente hacia él. Es como si estuviera ante un ser de otro mundo, un hijo de los dioses cuya belleza y gracia trascienden los límites de lo terrenal. Y entonces, justo cuando creo que no podría ser más cautivante, percibo un aroma embriagador que se eleva de su piel, una mezcla de misterio y masculinidad que me deja sin aliento. Es un olor que despierta mis sentidos y despierta algo dentro de mí que nunca antes había sentido. Su voz es un susurro seductor que hace eco en mi mente, provocando un torbellino de emociones y deseos que amenazan con consumirme por completo. Mis labios se curvan en una sonrisa traviesa mientras lo escucho, sintiendo la excitación burbujeando en mi interior ante sus palabras cargadas de pasión y deseo. Con un gesto de asentimiento, obedezco su mandato y me adentro en mi habitación, sintiendo su mirada ardiente quemando mi piel mientras cruzo el umbral. El aire está cargado de anticipación y tensión, creando una atmósfera eléctrica que me hace temblar de anticipación. Nuestros ojos se encuentran en un duelo silencioso, lleno de promesas y deseo sin palabras. En ese momento, no hay necesidad de hablar, pues nuestros cuerpos hablan un lenguaje propio, un idioma de pasión y deseo que trasciende las palabras. En ese momento, me doy cuenta de que estoy frente a un hombre que no es solo un ser humano, sino una fuerza de la naturaleza, una presencia magnética que cambiará el curso de mi vida para siempre. Y mientras me pierdo en sus ojos oscuros y profundos, sé que este encuentro en el pasillo marcará el comienzo de una historia de amor y destino que trascenderá los límites del tiempo y el espacio. Me habla y entro a jugar un poco, un juego de palabras que lo desespera al punto de que frunce el ceño y me habla fuerte. Me encanta... recibo su orden con rudeza y obedezco, río al cruzar el lumbrar de la puerta sintiendo una mezcla de emociones agradables. — ¿Con quién hablabas? — Con nadie... con nadie. — Respondo aún con una sonrisa en el rostro. — ¿Y por eso estás así de sorrojada? Parece que la conversación fue muy intensa... dime todo. — me sonrío y suspiro antes de responder a esa pregunta. En la habitación me acompaña mi prima. Ella es mi compañera en este viaje pues no quería asistir sola a la aburrida boda de mi madre. Este tipo de eventos es solo un protocolo. Ella no se cansa de intentar enamorarse. Reconozco que es muy hermosa, que es una emprendedora innata pero también reconozco que no tiene suerte en el amor... la han violentado, maltratado, han jugado con sus sentimientos, literalmente la han hecho polvo agarrando su corazón y exprimiéndolo de tal manera que su sangre se drena de una manera incontrolable para el final tirarlo y ella sigue persistiendo. La admiro mucho por su resistencia y por todo lo demás, pero ese tipo de cosas también me hace cuestionar si enamorarse es absolutamente necesario. Como sea, soy una joven brillante, soy producto de una violación, soy la hija de Carla Esteban la famosa cosmetologa experta en pieles y con un gran recorrido en el mercado cosmético. Luego de su primer matrimonio ella creyó en las palabras de un hombre por necesidad y aquí estoy yo. No me dejó nunca, no se ha arrepentido de mí por la forma en la que llegué y no ha dejado de apoyarme ni de alimentarme aunque yo haya sido producto de eso que tanto la marcó. Un día entre copas me confesó parte de mi llegada a este mundo quedé tan impactada que seguí investigando y cada que ella se tomaba una copa intentaba sacarle más información acerca de aquel suceso, hasta que por fin me lo contó todo con lujos y detalles, quedé en shock. Desde ese momento tengo un rencor hacia los hombres, a todos y no solo por como la tratan a ella sino porque me amo tanto que creo que no dejaré que nadie me lastime de esa manera; pues si bien los hombres son "necesarios" creo que como mujer soy más indispensable, así que haré lo que mi mamá nunca ha podido hacer, ser fuerte y no dejar que ningún hombre me pisotee. Si el amor llega o no y espero que no agradeceré por saltarme esa etapa. Creeré que soy bendecida... Termino de acercarme la cama y me siento para contarle todo a Stacy. — No sé quién es ese hombre, pero es todo un adonis. Es muy varonil, me encanta. — Sonrio ampliamente. — Creo que este viaje va a ser muy interesante. — Ni siquiera sabes quién es. — Puedo averiguarlo, si me lo encontré en esta casa quizá sea fácil. Mañana le puedo preguntar a una de las empleadas. — Le doy un guiño a mi prima y ella sonríe. Aunque crea que los hombres son de lo peor, la necesidad de ellos es innegable y si de vez en cuando disfruto no creo que haya mayor riesgo... Con ese pensamiento me dejo caer en la cama y recreo la elegante y varonil figura del hombre que me acabo en encontrar. — Deja de pensar en ese sujeto. Mi tía no lo permitirá y además no nos quedaremos en la ciudad. — No seas aguafiestas. No se va a oponer a lo que no sabe, además aún no ha pasado nada. — No idealices. — No idealices tú...
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