Mensaje.

1204 Words
Carla Esteban Nuestra noche de bodas fue mágica. Me sentí amada, querida, cuidada, protegida. Esto hizo que mi corazón se ablandara una vez más. No era amor. Era más bien el hecho de que él me brindara todas esas comodidades, todo ese apoyo, que me hacía sentir tranquila, feliz. Pero teniendo en cuenta la razón por la cual llegué a su vida y con las intenciones que lo hice, era muy pronto para que yo dijera que era amor. Pero si era así como se sentía el amor, yo quería experimentarlo, quería vivirlo. Y me abrí completamente. Me di la oportunidad de hacerlo, de vivir esa relación. Sobre todo teniendo en cuenta que él había hecho muchas cosas para ganarse eso. Las cosas empezaron a ponerse difíciles cuando me dieron la noticia de que estaba embarazada. Nuestra burbuja de tranquilidad llegó a su fin cuando su ex esposa se enteró de mi embarazo. Empezó a hacernos la vida imposible, puso a sus hijos en mi contra, y Gerardo empezó a tener varios problemas. Llegaba cansado a casa, estresado. Empezó a tomar más de lo debido, y aunque estaba feliz por mi embarazo, porque además era una niña, se notaba que no estaba del todo contento con la situación, puesto que su ex en serio era una mujer difícil. La presión aumentaba día a día. Sus discusiones con su ex eran constantes, y yo me sentía atrapada en medio de todo. Traté de ser comprensiva y apoyarlo en todo lo posible, pero la tensión en nuestro hogar era palpable. Me di cuenta de que la vida que había imaginado para nosotros, llena de amor y felicidad, estaba lejos de ser realidad. Nos enfrentábamos a una situación complicada, y no sabía si podríamos superarla juntos. Pero decidí aferrarme a la esperanza de que, con el tiempo y el trabajo duro, encontraríamos una solución para nuestros problemas. Esta vez, no podía huir. Estaba embarazada. Tenía un hombre bueno a mi lado. Y estaba estudiando, cumpliendo mi sueño de ser cosmetóloga. No podía dejarlo tirado por nada en el mundo. Así que me volví egoísta. Y pensé solo en mí, en mi hija. Una que tiempo después nombraría Valentina. Porque todos los días pensando en ella, me levantaba con valentía y ganas de seguir adelante. Gerardo se volvió un borracho. El hecho de que yo no estuviera ahí con él, dándole amor, apoyándolo, interesándome por sus cosas, hizo que él se alejara más y se hundiera en una vida de alcohol. Iba al trabajo, a veces llegaba, a veces no llegaba. No sabía si había vuelto con su ex o no. Y no me importaba en lo absoluto. Un día, entró a mi habitación, borracho, intentando tocarme, reclamandome. Estaba embarazada y vastante adelantada, así que le grité con todas mis fuerzas que saliera de mi habitación, que me dejara en paz, que me dejara estar y terminar de pasar un embarazo tranquilo. No quería afectar a mi bebé y debía protegerlo. No podía permitir que mi pareja me agrediera de esa manera. No podía permitirme ser violentada, no en esa circunstancia. Él lanzó una botella con fuerza contra la pared, y enojado, y frustrado salió de la habitación dando un portazo. Le agradecí a Dios por eso, pero la cosa no terminó ahí. Valentina nació y experimenté una alegría increíble en ese momento, pero la felicidad fue efímera, pues inmediatamente después del parto. Empezó nuevamente mi calvario. — Mamá, no bajaste a desayunar. ¿Sucede algo? ¿O más bien tienes otro de tus días en que te sientes tan terrible que prefieres estar aislada? — Estoy bien, Valentina. ¿Por qué entras sin tocar? — Discúlpame. Quería hablar contigo sobre algo. — ¿Puede ser después? Voy tarde para el trabajo. — Mamá, no necesitas trabajar. Te casaste con un multimillonario. — No me casé por el dinero del multimillonario. Además, no puedo olvidarme de mis obligaciones. Necesito trabajar. — No necesitas. Más bien, lo usas para olvidar. — Pues es una buena razón para trabajar. Querer distraerme. Tú deberías hacer lo mismo. Ocúpate de tus responsabilidades. Me voy, llego tarde. — Mi hija Valentina es grosera. Es déspota. Y a veces un poco cruel. Muchas veces siento que no me respeta. Pero es mi culpa por haberla mimado. Es mi culpa por haber creído que Gerardo no la merecía. Y sí, fue esa la razón por la cual me cansé de esos maltratos. Y hoy, no sé cuánto dinero logré sacar de su caja fuerte, pero lo hice. Y me marché a otro continente con mi hija, cuando ella tenía solo siete meses de nacida. Cuando me pregunta por su padre miento olímpicamente en casi todo. Tal vez algún día nos encuentre si es que nos busca, pero mientras yo sigo mi vida y espero que Valentina haga la de ella sin querer aferrarse a escudriñar el pasado. Salgo de mi habitación y me dirijo directamente a la salida. Desde que estoy en casa de Jorge, me limito a entrar y salir. Estoy enfocada en que mi empresa crezca y quiero aprovechar cada uno de los días que me voy a quedar en Nueva York para que eso suceda. No pienso distraerme. Si él está enfermo, creo que tiene suficiente dinero para pagar una enfermera que lo cuide. No voy a amarrarme a un viejo. Toda mi vida he estado rodeada de ellos, y no me voy a detener ahora solo porque a éste se le ocurrió enfermarse. Si se le ocurrió enfermarse, es una pena, pero prefiero que las cosas sean así. Tengo que, una vez más, cerrar mi corazón y seguir adelante. Y quiero estar con Máximo, ese hombre que acapara mis pensamientos gran parte del tiempo... El auto me espera y agradezco al chófer, recibo las llaves y me marcho. Decidí no tener chófer para evitar vigilancia, si estuviera en París las cosas serían diferentes, pero aquí, debo tener cuidado. Es el territorio de Jorge. Prefiero pasar desapercibida, concluir mis negocios y marcharme cuanto antes. Llegue a la oficina y encontré a mi asistente poniendo la mesa para desayunar, se lo había pedido con anticipación pues desde mi pelea con Jorge lo evito, sin mencionar que no quiero ver su cara de enfermo. Sé que está mejorando con los cuidados y atenciones que su personal le brinda, será cuestión de tiempo para que vuelva a su empresa y a sus andadas, espero poder marcharme antes de eso. — Buen día Jefa. Todo listo. — Me sonríe. — Gracias. Hablemos del trabajo mientras me acompañas a desayunar. — Ahí bastante trabajo. Más que todo reuniones con algunos posibles socios. Gente que ha destacado y ha mostrado interés en cantidades... — Bien, empecemos por ahí. — También tienes un mensaje que responder de el número 9. — Dejo la taza de café de vuelta a la mesa y pongo mi atención en la chica frente a mí. — ¿Cuando escribió? — Recién. — Me agrada mucho esta última información y mi rostro debe estar reflejandolo. — ¿Quieres revisar el mensaje? — No. Trabajemos antes... — Le sonrió y retomo el desayuno. No quiero parecer desesperada, aunque reconozco que tengo mucha curiosidad y ganas...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD