Capítulo 5.

2158 Words
Para Samantha el día pintaba bien, a pesar de que la noche anterior Aaron estuvo dándole lata durante toda la cena. Ella lo observaba con ganas de que se ahogase con la pasta que decidió servirle al final por orden de su madre, luego se arrepintió de no haberle puesto veneno de ratas, pero eso sería delito. Alguien tocaba la puerta, pero solo Samantha se había percatado de ello. —¡Ya voy! —dejó de lado lo que estaba haciendo y fue a la puerta. —Hola Samantha —dice Drake cuando Samantha por fin abre la puerta. —Oh, hola Drake ¿Qué haces por aquí? —preguntó un poco sorprendida de su vista ya que Drake no es de esos que sale mucho. —Es raro verte por aquí cuando eres alguien que no suele salir demasiado. —Creí que debía visitarte, después de todo hace mucho no vengo a tu casa —venía con una sonrisa encantadora, pero tímida. Samantha lo invita a pasar, pero no muy bien llegaron a la sala cuando Aaron fue directamente a molestarlos. —Hey niña, tu hermana está en el teléfono quiere hablarte apúrate y ven —dice de mala gana. —puedes dejar a tu noviecito un momento. —Cállate y no te entrometas él no es mi novio, mejor métete en tus asuntos —le miró con desprecio y subió las escaleras para ir a coger el teléfono. —¿Y tú por qué miras con esa cara de idiota? —le dice Aaron a Drake. —Samantha te trae más estúpido de lo que ya eres. —Mira Aaron mejor cállate y no te metas donde no te han llamado, no te lo advertiré más veces será mejor que no busques problemas —Drake empieza a caminar hasta la salida, comprobó la realidad de que Aaron se estaba quedando unos días en casa de Samantha y solo quería asegurarse de que ella estuviese bien. —La tendré durante un día más —dijo como para hacerlo molestar refiriéndose a Samantha. Aaron pudo leerle los pensamientos, y supo que Drake estaba ahí por él. —Como te digo —se voltea a verle con una sonrisita en la cara. —no sé qué hagas con Amanda, pero a Samantha no la toques ella es mía y será mejor que la dejes en paz —no dijo más y se marchó de la casa sin despedirse de Samantha. —Maldito —se dice en voz baja. —cree que le tengo miedo o algo así. “Ese desgraciado de Aaron —pensaba Drake en su habitación acostado en la cama. —Dios no puedo sacar de mi cabeza a Samantha estoy totalmente enamorado y aún no he podido confesarme, tengo miedo de perder mi oportunidad otra vez como antes. Yo desde que me empecé a enamorar tuve que callar mis sentimientos, pero cuando me di cuenta de que era novia de mi hermano me puse aún peor, ya ni me concentraba en casa o la escuela, por esa razón había tomado la decisión de olvidarla y ser solo su amigo, pero ahora me doy cuenta de que nunca pude dejarla de lado y la amo, esa sonrisa tan encantadora, esos ojos que me hacen derretir, todo de ella me encanta, pero no sé qué hacer, tendré que hablarle simplemente eso”. La puerta de la habitación comenzaba a sonar, alguien golpeaba desde fuera. —¿Quién está ahí? —alzó la voz. —Solo soy yo Nathan —abre la puerta incluso sin esperar que Drake le responda. —solo pasé por aquí para ver cómo se encontraba mi hermano, veo que piensas en Samantha —lo dice por la forma en que se encuentra en su cama pensativo. —Te advertí que no entrarás en mi cuarto y menos que me dijeras eso —se coloca de pie y coge la almohada. —de ésta ni los santos van a salvarte. —¡Hermano cálmate! —se echa a reír. —solo era jugando, venga soy tu hermano no me hagas nada —pero Drake se le acercaba cada vez mas de manera intimidante. —¡Mamá! —exclamó y salió de la habitación muerto de risa. —¡Y ya ve a molestar a otra parte! —dijo Drake desde la puerta de su habitación. —¡O te enseñaré a respetar a los hermanos mayores! —regresó a la cama, pero volver a encontrar esa posición de comodidad nuevamente se le hacía imposible. Prefirió sentarse a un costado de la cama, apoyar los codos en sus piernas y descansar la cara en sus manos. Sabía que de seguir como iba perdería la oportunidad, pero sobre todo se haría más daño a sí mismo. Por otro lado, Samantha estaba algo más animada, el día le iba bien y Liz le había invitado a comer con la paga de su primer trabajo. Amanda como siempre estaba ocupada con Aaron, así que ya no salía demasiado a solas. Hacía tiempo que Samantha no respiraba el aire fresco de la ciudad de Madrid con tanta alegría y libertad. Luego de despedirse de Liz pasó rápidamente por el museo para hacer uno de sus pasatiempos más bonitos y relacionados con la carrera que estudia, la fotografía. Desde hace tiempo le ha gustado la manera en que los retratos pueden dejar una huella importante en nuestras vidas, empezó dibujando paisajes y creía que debía ser artista y seguir haciendo lo que hacía hasta que descubrió que su verdadera pasión era la fotografía. Desde un regalo de navidad tan simple como una cámara fotográfica que su madre le obsequió hasta llegar a ser lo que hoy en día es, y lo que intenta ser en un futuro no muy lejano. Crear recuerdos, y volverlos a admirar luego de que pase el tiempo, aunque sea un periodo muy corto le hace sentir que se lleva consigo al futuro un pedacito de alegría del pasado, que, aunque no haya sido totalmente bueno siempre podrá recordarlo con felicidad mirando sus fotos. Hacía rato que no lo hacía, y estaba feliz e inspirada para sacar su cámara y hacer unas buenas fotos, hacer recuerdos y sonreír mientras lo hace. Luego del museo paseaba por las calles tomando fotos de diferentes ángulos del urbanismo y los locales, de algunas parejas y de la naturaleza. Puede predecir que su vida será tan buena como ella se esfuerce en que lo sea, que aceptará todo lo que tenga que venir ya que puede cambiar de aires si siente que el actual le asfixia demasiado o es muy denso. Regresó a casa con muchas fotos en la memoria de su cámara, y con el corazón contento. Un día simple, y suficientemente bueno para ella. Por otro lado, Aaron seguía ahogando sus penas en el club después de salir con Amanda. Ya no se acostaba con nadie, pero bebía hasta emborracharse lo suficiente pero que al menos pudiese irse a casa por cuenta propia. Las calles parecían tener baches o eso le parecía mientras iba a su casa, y la cabeza le daba tantas vueltas que se mareaba con facilidad teniendo que sentarse cada cierto tiempo en cualquier lugar incluyendo el suelo. Las personas le miraban extraño, como si fuese un bueno para nada. Las chicas creían que era un desperdicio que alguien tan guapo hiciese ese tipo de tonterías en la calle por ir borracho. Pero a él no le importaba nada de eso, se limitaba a seguir observando el suelo y caminar, intentar caminar hasta un futuro desconocido incluso para él mismo. Y su sobredosis de alcohol era lo único que le quitaba ese pensamiento y esa pesada carga durante los momentos en que hacía efecto. Sus piernas respondían a medias, y su sentido de dirección se desvanecía por momentos dejándolo en blanco como si su GPS cerebral se apagara por instantes y quedase atascado donde está intentando averiguar la dirección en la que se encaminaba. Si la realidad, la verdad y las palabras sinceras se encontraban en el camino frente a él, Aaron tomaría una ruta distinta para no tener que cruzarlo. Por miedo, decepción y por mentirse a sí mismo durante tanto tiempo que empezó a creérselo. De milagro llegó a casa esa noche, un par de duros minutos batallando con las llaves y la cerradura de su departamento hasta que pudo entrar y cerrar la puerta debidamente. Se desamarró los cordones de las botas y se quitó la camisa dejándola en el suelo. Se le hizo demasiado largo el camino hasta la cama de su habitación así que decidió que el sofá que estaba a pocos metros, un poco menos que la habitación sería el sitio perfecto para dejar caer su agotado cuerpo lleno de licor y cargado de pesares. Durante unos segundos mantuvo la vista en la blanca pared que tenía frente a él y su reflejo en el espejo le asqueaba, verse a sí mismo hundido en algo tan miserable le causaba odio hacia él mismo, volteó su cuerpo al espaldar del sofá y cerró sus ojos para terminar de finalizar el día de mierda que había tenido. Al día siguiente la jaqueca no sería una excusa para faltar a clases, así que luego de beberse casi un litro de jugo de naranja y darse un baño con agua fría para luego alistarse salió a la luz del sol en las calles, dejando que la brisa le llevara despacio hasta la parada de autobús. Iba bien vestido y perfumado, haber estado bebiendo no era excusa para verse fatal al día siguiente, esa era su ideología. Al llegar a la universidad ignoró por completo las llamadas de Amanda, y prefirió irse directamente a su aula de clases. Lo que menos quería era mostrarle a ella sus ojeras y sus cansados ojos luego de una noche de rondas de cerveza y ron que tuvo en soledad en el club. —Hoy tienen nueva profesora —dijo la coordinadora apenas entró, yendo detrás de ella la suplente de la que era la profesora de química orgánica. —Buenos días, mi nombre es Nina Sánchez. Tengo veintinueve años de edad y soy licenciada en ingeniería química. “No me jodas tío —se dice Aaron al verla, preocupado y claro. Nina era una de las mujeres con las que él tuvo el placer de acostarse en aquel club”. —Mis aspiraciones para la clase son sencillas —en seguida ella le clava la mirada a Aaron que intenta esquivarle observando a la compañera que tiene al lado. —que puedan aprender de mí y yo de ustedes. Puesto que es mi primera vez dando clases intentaré dar lo mejor de mí según mi experiencia en estudios, de esa manera todos podrán obtener lo que desean de mi clase. “Ella vino por mí —pensaba Aaron en ese preciso momento, y al voltear de reojo y notar que ella le seguía observando fijamente lo comprobó. —le dije… le dije que se mantuviese alejada”. —Muy bien chicos y chicas —dijo Nina. —Espero que todos nos llevemos bien, y no haya rencores entre algunos. “¡Mierda esto no puede estar sucediendo! —se dice Aaron a sí mismo mientras desciende la mirada a su cuaderno”. La clase había empezado, Nina parecía de los típicos profesores primerizos que intentan dejar todo en claro. En seguida se ganó la aprobación y el cariño de la mayoría de los alumnos entre su mayoría hombres, puesto que su aspecto maduro, inteligencia y belleza le hacían parecer el partido perfecto para cualquiera menos a los ojos de Aaron que a toda costa intentaba evitarle. Cosa que era imposible, Nina no resistió más la indiferencia y se acercó al pupitre de Aaron a ver cómo le estaba yendo con los ejercicios. —¿Todo bien? —mete la mirada en el cuaderno de Aaron y no parece haber empezado a resolverlos siquiera. Este coloca los brazos encima del cuaderno imposibilitando la vista de Nina. —Los haré en casa —responde en seco sin verla y se saca el móvil del bolsillo del pantalón para meterse en un videojuego. —Los móviles en clase están prohibidos querido alumno —decía con voz firme y al mismo tiempo tentadora. —El acoso también debe estarlo, pero de todas maneras revisaré la lista de reglas más tarde y se lo informaré —voltea, le concede una sonrisa sarcástica y gira de nuevo la vista a su móvil. —Entiendo —asiente con la cabeza y sonríe de labios cerrados dejando en evidencia esos perfectos labios pintados de un rojo vivo. —te veré más tarde —se acerca a decirle al oído. —no creas que te vas a escapar de mí, muñeco. —Tranquila, no huyo de los problemas —se levanta, coge la mochila y su chaqueta. —Me retiro, creo que esta clase no es para mí. —Si huyes de la materia igual tendrás que verla en reparación —le dice Nina, pero antes de que pueda decirle algo más unas alumnas se le acercan para hacerle algunas preguntas y esta amablemente accede a responder no sin perder de vista a Aaron hasta que sale del aula de clases. “Haré que no vuelvas a verme más nunca —se decía Aaron mientras caminaba por el pasillo. —y yo jamás volveré a ver tu cara”.
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