Ivette
La cabeza me da vueltas teniendo a semejante espécimen chupando mis pezones, mi corazón se ha vuelto un retumbar de solo tenerlo cerca. El sentir sus labios rozar mis senos me vuelve una insaciable que quiere más. Enredo mis dedos en su cabello y lo aprieto ayudando a chupetear como le gusta.
Su hábil mano viaja sobre mi espalda centrándose en mi trasero hasta levantarme con fuerza. Cruzo mis piernas sobre su torso y nos prendemos en un beso húmedo y quizás más caliente que el agua misma.
Nos besamos con hambre, ansias, tanto, que chocamos contra las paredes, no nos basta, camina y camina tirando todo a su paso, mientras me aferro a él con miedo a ser separada del hombre. Sigo enredando su cabello al compás del beso. Su lengua domina la mía y eso me gusta. Muerdo su labio en la oportunidad que se me presenta y él separa nuestros rostros a verificar mi expresión. Mi cuerpo está caliente y resbaladiza, las mejillas me arden y mi sexo palpita ansioso por recibirlo.
—¿Vas a follarme o no?— vuelvo a besarla pero me baja al piso con una sonrisa traviesa.
—Entiendo que seas una morbosa, pervertida y pecadora, pero… ¿hacerlo justo al lado de tus amigos?
¡Mierda!
Estuve jadeando como perra en celo, tiramos doquier de objetos haciendo ruido a casa paso y recién caigo en cuenta que los tengo afuera del baño.
—Si no viniste para eso qué es lo que quieres— me fastidia que se burle de mí.
—De hecho, si vine con ese propósito, pero hay ciertos espectadores— da la media vuelta fijándose en la puerta entreabierta donde distingo el cabello rubio y despampanante de la persona que mas detesto.
—Menuda curiosa me resultaste, chienne— me escucha y se va de inmediato.
Mi corazón se normaliza pasada la calentura, me arruinan siempre el momento de paz o el de follar.
—¿Vas a ponerte un pijama?— husmea entre mis cosas, alza el mini short y se burla de la cola de cerdo dibujada en la parte trasera—. Que infantil.
—Menos mal nadie pidió tu opinión— hago el esfuerzo de arrebatarle mi pijama pero le encanta burlarse, tiene los brazos extendidos arriba con mi ropa y a mi se me dificulta llegar por mas que me ponga de puntitas.
—¿Sabes qué? Si tanto te gusta quédatela, a lo mejor te queda mejor que a mí— sonrío enrollando la toalla a mi cuerpo obteniendo su atención.
Como lo supuse si lo ignoro se cansa. Deja el pijama en la regadera y junta lo que tiramos en nuestro momento de descontrol.
Me acerco a tomar mis cosas, entre ellas mi tanga de hilo que me pongo frente suyo. Sigo con mi pijama y una vez termino, salgo sin despedirme dejándolo con la palabra en la boca.
También se jugar sucio, así como se aparece de la nada yo puedo irme sin decirle algo. Tampoco es como que le debo explicaciones,
Salgo con el cabello mojado pasando por las camas de mis compañeros. Algunos duermen, otros se mantienen despiertos, Tomas es uno de ellos. Está sentado en el borde de su cama, con Rader dormido. Nuestros ojos se encuentran como si pudiéramos ver a través del otro.
Se levanta de la cama y llega a la mía juntando sus manos con nerviosismo.
—Seguro notaste que no andan bien las cosas con Rader, él dice que me metes ideas— confiesa pasando el peso de un pie al otro. Tiene sentido, a lo mejor quiere irse de este lugar y el novio piensa diferente.
—Si quieres mantengo la distancia entre los dos, entiendo que se sienta invadido con nuevas ideas, pero si ustedes quieren una vida, un futuro, es mejor planearlo en el exterior, afuera de estas paredes.
—Tomas— lo llama el novio con prisa, abandona la cama de un brinco y busca a su novio.
—Creí que llegamos a un acuerdo— me ignora—. Ella te lava la cabeza, te mete ideas erróneas y me haces pensar que la prefieres antes que a tu propio novio.
Ahora me volví en el personaje entrometido en una relación ajena.
—Ella es mi amiga Rad, y no, no me mete ideas erróneas. Quiero irme y hacer una vida, pero una de verdad.
—Mejor los dejo a solas.
Como mi siesta se vio interrumpida por una pelea de novios, tuve que irme al patio trasero del internado a leer un libro que tome prestado de la biblioteca.
Es sobre leyes, me interesa bastante a decir verdad.
Soy una anormal vestida con un pijama apretado leyendo un libro de leyes.
—Te gusta las leyes— no había notado la presencia de la rubia sentada detrás del árbol. No logro verle la cara, pero su platinado cabello resalta más que el de Bárbara. No tiene una voz chillona como la de mi enemiga número uno.
—Tu voz me suena, eres la chica que me advirtió sobre el profesor de Literatura— la recuerdo muy fugazmente, es de esas que no se te olvidan aunque no sean relevantes.
—Me alegra que me tengas presente.
No encuentro una respuesta ni tampoco un tema de conversación para iniciar con la desconocida.
—Espero no ser grosera pero debo irme— ella me incómoda de cierta forma.
Cruzo los pasillos llegando al último lugar que me queda disponible para descansar y encuentro justo lo que quería.
Patrick está dentro del salón usando una notebook, revisa de vez en cuando su celular haciéndome preguntar que tanto mira.
Entro interrumpiendo lo que sea que hacía.
—Es la primera vez que vienes a mí por tu propia voluntad— cierra la pantalla de su computadora y me extiende su mano para que la acepte.
—Necesitaba pedirte un favor— me siento en su regazo sintiendo la dureza de su pene gracias al mini short infantil. Corre las hebras que me caen a la frente.
—Dime.
—Quiero un celular— rompe contacto tenso. Ni que hubiese pedido salir.
Es esencial contar con internet si quiero hacer bien las cosas.
—No necesitas uno.
—Se supone que al ser una alumna vip puedo pedir uno ¿o me equivoco?
—Solo si el amo lo desea— c*****o, ya veras que consigo todo lo que quiero. Soy Ivette Hagens, no voy a conformarme con su respuesta.
—Entonces puedo pedirle a mi otro amo, por algo tengo dos.
Me levanto y me vuelve a sentar de espaldas, rodea mi cadera con sus brazos asfixiándome, me gusta aspirar su colonia.
—Esta noche quiero que vengas al patio trasero, tengo un plan para nosotros.
—¿Me darás un celular?
—Voy a comprarlo apenas pueda…
—Entonces no me comprometo a nada. Primero el celular y luego exclusividad.
Se frota la sien después de mi respuesta. Es necesario conseguir un celular.
—Dime que tanto necesitas un celular.
—Quiero mirar netflix— miento—. Hace mucho no lo hago, quiero sentirme como una chica normal.
No todo es mentira, al menos no lo último.
—Puedes usar el mío para crearte un perfil, iré al baño y le preguntare a otros alumnos cuales son los modelos nuevos de celulares— me levanta con él y desbloquea su aparato señalando la aplicación que ya tiene descargada.
No importa, le va a tomar unos minutos en volver así que puedo aprovecharlo al máximo.
Primero voy a netflix tal cual indico, observa lo que hago hasta que decide irse. Espero unos segundos, como no regresa, voy directamente a la casilla de mensajes para escribir uno.
Memoricé el número desconocido que me han dejado cuando descubrí que terminaría en este lugar. Me lo habían mandado por correo, fue importante porque esa persona me conocía y estaba dispuesta en ayudarme, creo.
“Soy Ivette Hagens, por favor solo responda quién es usted hasta que me pueda contactar desde otro móvil”
Un mensaje corto y preciso, me urge que sea rápido. Le doy a enviar con las manos temblorosas. Si alguien me descubre estoy acabada.
Al segundo de enviar ese mensaje, me responden.
Abro la respuesta consternada. Leo rápidamente y elimino cualquier prueba posible.
Vuelvo a netflix terminando de crearme el perfil, añado películas a mi lista y Patrick finalmente volvió.
—Espero que vengas con una extensa lista de marcas reconocidas, quiero un buen celular— le digo dejando el que le pertenece en su escritorio. Tengo que actuar como siempre.
Solo así nadie descubrirá lo que es verdad y lo que es mentira.
—Será mejor que vayas a vestirte con el uniforme, dentro de poco tienes clase de Arte — advierte tajante, tiene el semblante serio, a lo mejor no le gusta mis exigencias.
—Bien.
Igual no me gusta andar con pijama en un internado como este, tengo una imagen que proteger.
Ania sale antes de la recamara, no está acompañada por Joep eso si es nuevo.
—¿Qué tal, tóxico?— lo saludo, no hace mas que fruncir el ceño.
—No me hables, pensaran que somos amigos y te detesto.
—Repítelo hasta que te lo creas, me adoras— beso su frente arriesgándome a desatar la furia de su mal genio.
Es el típico chico sacado de los libros. Malhumorado y con pinta de ser deseado por todas.
—¡Es imposible que la prefieras antes que a mí!— grita Bárbara. Tiene los puños cerrados, sus uñas se le entierran en sus palmas al punto de que le sangre.
—Mira, chienne. Soy la amiga, nada más. En todo caso a quien le debe rendir cuentas es a su novia.
—No lo entiendo— la barbie solloza pasándome el papel de villana, Joep se mantiene callado pero hastiado. Lo noto por como se frota la frente—. Eliges a esta zorra, a la cer…
Me veo en el medio de ambos cuando Joep se transforma en otro al levantarse ansiando romperle la cara a la rubia. Llega a asustarme incluso a mí el como sus ojos marrones se obscurecen.
—Cuando va a quedarte claro que no quiero oír esa mierda de tu boca— respira mal, aplasta mi cuerpo queriendo alcanzarla, pero no lo hace porque soy quien lo impide.
—Quiero que me elijas, por una vez en tu vida— aruña mi espalda, me han convertido en su intermediaria sin que me guste.
¿Cómo acabo metida entre lunáticos? Espero que esto se termine.
—Si, voy a elegirte, pero para acabar contigo— antes que de un paso mas, lo abofeteó descifrando sus intenciones.
—Ania estaría muy decepcionada si se entera como te diriges a una mujer, incluso si se trata de la chienne.
Se vuelve a sentar acabando con el espectáculo que estaba montando, Bárbara da un paso adelante hasta que me planto frente suyo. Me tiene miedo, lo quiere ocultar bajo una falsa seguridad y no le funciona.
—Si se te ocurre la palabra, no, si tan solo lo piensas voy a repetir lo que ocurrió en la cafetería— arreglo el cuello de su vestido muy tranquilamente—. Recuerda que no hago amenazas vacías, siempre cumplo con mi palabra.
Los tres vamos para la misma dirección, la clase de Arte. Es increíble lo silenciosa que puede ser la rubia. Joep camina más rápido de lo normal con los auriculares puestos a todo volumen.
No veo la hora de salir a explorar el mundo entero con la fortuna que me pertenece. Por que sí, tengo la confianza en que saldré y me las van a pagar todas mis padrinos.