Capítulo 9

2218 Words
Ivette.   Tomas nombra la lista de las alumnas que se metieron con el profesor Patrick. Según él, nunca hubo quejas, es mas, hasta insistían en repetir sus momentos con el candente profesor. Era de esperarse, hasta yo quiero repetirlo. —¿Entonces quieres que sea tu amo?— indaga Tomas. —Lo que mas quiero es irme de este lugar— cambio de tema—. ¿Sabes si alguien pudo salir con vida? Tengo entendido que al cumplir veintidós te dejan salir, pero hasta el día de hoy no hubo una persona con tal suerte. Simplemente desaparecen, se esfuman como si nunca hubiesen existido. Es muy raro a decir verdad. —Es imposible a menos que te ganes el favor de tu amo— me responde antes de ser besado por Rader. —Escapemos— propongo ocasionando que ambos se separen tosiendo y mirándose el uno al otro. —No digas tonterías, nosotros saldremos bien— Rader palidece. Si nadie hace el intento de irse, cómo esperan cambiar las cosas si no hacen el intento de hacerlo. —Oye, tu amo no deja de mirarnos. Tomas hace que medio gire mi cabeza con intriga, en efecto, Patrick se encuentra de pie junto a una mesa de madera ubicada en la entrada del jardín. Tiene la vista fija en nosotros. Da miedo, pareciera que escucha cada palabra que soltamos. —Ya vuelvo— me pongo de pie tomando la iniciativa. Quiero coger y ese hombre es el único que puede complacerme. Doy unos cuantos pasos sin romper la conexión de nuestras miradas, y cuando estoy a punto de llegar, alguien se entromete frente a mí. El profesor de Psicología, Kael. —Buenos días, señorita Hagens. Buenos días trasero espectacular. No, no puedo decirle eso. —Buenos días para usted también, profesor— correspondo el saludo intimidada por su fornido cuerpo. Este hombre es atractivo por donde se le mire, hace que tenga pensamientos impuros, lo mismo con el profesor Patrick, al cual probé y fue una delicia. —La veo muy animada luego de su noche con mi colega. —¿Disculpe? —No se haga la tonta, los he visto. —¿Nos estuvo espiando? Ahora el pervertido es usted, profesor— nos debatimos en un desafío de miradas, a mí no va a joderme, no siento vergüenza de nada y si debo follar en medio del jardín lo hago sin rodeos. —No merece tal honor, señorita— aprieta mis mejillas acercando su rostro, tenerlo tan cerca provoca el tan conocido hormigueo que avasalla mi cuerpo. Aspiro su colonia masculina, me atrevo a mirar esos ojos tan profundos y misteriosos—. Le recuerdo que usted no ha devuelto mi bóxer. —¿Qué ocurre aquí? El profesor Patrick se hace presente y esto me da una mala imagen. Sin duda, no es bueno juntar a dos pervertidos en el mismo lugar. —¿Le importa? Mantenía una conversación con la señorita Hagens, hasta que llegaste. —Conversa con otra— estira mi brazo y me pone detrás suyo como si fuera de su propiedad—, ella es mía y yo soy suyo. Espera, ¿qué? —¿Quieres decir que han pactado para ser amo y sumisa?— sacudo la cabeza queriendo negar tal pregunta, pero Patrick vuelve a responder por mí. —Ahora mismo estábamos a punto de hacerlo. Me arrastra lejos de Kael, pero nos sigue en cada paso. Patrick se detiene en la oficina del director y toca la puerta dos veces hasta tener permitido pasar. Kael se para justo a mi lado y ambos profesores se miran desafiantes. El director acepta recibirnos y lo encontramos infraganti con Bárbara. —Hablen ahora, no tengo mucho tiempo. Se nota… —Quiero ser el amo de la alumna Ivette Hagens— Patrick me pone en medio aferrándose a mis hombros. —Tengo la misma solicitud que mi colega. Quiero ser el amo de la alumna aquí presente— propone Kael. ¿Y yo que quiero? ¿Cuándo van a preguntarme? —Oh, que inesperado— se limita a responder el director. —¿Mi opinión cuenta o no?— le corto el pensamiento y me llevo la mirada del año. —Preste atención a como se dirige cuando habla con el director— exclama y respiro hondo conteniendo los insultos que quiero soltarle. —Bien, elige al que quieras así dejan de fastidiarme el día. Encaro a los profesores y me debato internamente a quien escoger. —Si no me eliges, te arrepentirás— asegura en un tono amenazante Kael. —Atrévete a escogerlo— desafía Patrick. Recuerdo las explicaciones que me dieron al ingresar y también mi propósito principal. —Elijo a los dos. Serán mis amos y yo su sumisa— tomo la decisión correcta que desfigura su cara. ¿Por qué conformarme con uno si puedo tener a ambos? —¡Perfecto!— se entusiasma el director—, vayan a pactar sus reglas, hablen como gente civilizada y disfruten la buena vida. Salimos obligados y un silencio incómodo reina en el entorno. Deben estar furiosos, pero me vale. —Supongo que voy a ser trasladada a la recamara vip. Ninguno responde. —Nunca tuve un amo, mucho menos dos. Mantienen la boca cerrada. —Avísenme cuando estén dispuestos a hablar— me voy, llego a mi recamara y alisto mis cosas. Una monja llego para enseñarme la recamara vip donde se alojan los alumnos con mas de un amo. Zafiro y Cosette no se toman la molestia en despedirme, tampoco yo. Apenas hablábamos, de hecho, no recuerdo ni una sola vez en la que hayamos mantenido una conversación de un minuto. Llevo con orgullo mis maletas y cuando llegamos al quinto piso la monja abre la puerta y me veo encantada con la recamara. En el fondo se ven a Tomas, Rader, Joep, Ania y la insípida de Bárbara. También hay otros alumnos, pero no los conozco. Al parecer es una recamara mixta. Las camas son de dos plazas con colchones tentadores a simple vista. Hay grandes ventanales y muero por ver los baños. —Esta es tu nueva recamara, disfrútala— la monja se despide y me deja para adaptarme. Corro a los brazos de Tomas quien me acompaña en los saltos. Estoy emocionada, esto es un gran avance. —¡Sabía que lo lograrías, francesa diabólica!— me planta un beso en la frente y me da la vuelta alabándome. Recibo abrazos de mis amigos como si esto fuera un gran paso. Para ellos no sé si lo sea, pero para mis planes si. —¡Tendré una amiga de cuarto!— Ania destella felicidad con mi llegada, mientras Bárbara se mantiene al margen. Sigue con un ojo hinchado y el labio medio partido, con una curita. —Ayúdenme en acomodar mis pertenencias— mis amigos aceptan, inclusive Joep se ofrece voluntariamente sin tener que obligarlo. Tal vez se deba a su novia, o le agrado uno por ciento. —Disculpen las molestias— se acerca una alumna que entró y se centra en mí —, el profesor de Psicología y el de Literatura la están llamando Perfecto, llegó el momento de avanzar con mis planes. Todo marcha según lo planeado. Dejo mis arreglos a medias y camino pensando en qué debería decir, actuar o a quien mirar. No solo debo pensar en un hombre, sino en dos. A lo largo de mi vida he lidiado con chicos inmaduros, badboys suelen llamarlos, en fin, siempre era la misma historia. Me engañaban y les devolvía el favor, pero esta vez es diferente. Dos profesores que infunden miedo esperan ser complacidos por un simple chica de diecinueve años. No tengo la mente para hacerlo. Llego a la sala de juntas donde mis amos se encuentran de pie con la vista perdida en un punto del lugar. Con un simple sonido al cerrar la puerta, desvían su mirada hasta mi lugar. Enderezo mi espalda repitiendo el plan dentro de mi cabeza. Siento una mezcla de perfumes en el aire, uno más fuerte que el otro, pero a fin de cuentas logran embriagarme de solo sentirlos. —Toma asiento, pactaremos las reglas— Kael se levanta para correr la silla y ofrecérmela. —Antes de comenzar con esta locura quiero decirles que fue muy difícil tener que escoger a ambos. Soy nueva en esto, nunca antes había experimentado tal cosa, espero que podamos llevarnos bien durante los años que me quedan en este lugar. Escuchan atentamente mis palabras y eso me sorprende. Son altaneros, de poca paciencia, esperaba un escandalo apenas me vieran. —¿Eso es todo?— asiento ante la pregunta de Patrick—. Bien. —Primero que nada, la violencia física que no esté vinculada al momento de tener sexo, no está permitida. Si te lastima o incómoda en cualquier momento debes decirlo. Asiento embelesada por los orbes azules de Kael. —Los días lunes, martes y miércoles pasas el día con ese inútil— señala a Patrick dando inicio a una pelea infantil—, Jueves, viernes, sábados y domingos lo pasaras conmigo— tuerce una sonrisa tétrica que me tienta por completo. —Aguarda un momento— interrumpe Patrick, jala de la silla y aprieta su puño—. No me parece justo que tú la tengas cuatros días y a mí me den solo tres. ¡Ay por favor! Que idioteces salen de sus bocas. —Dejen de ser infantiles, voy a escuchar lo que tenga que escuchar, pero esa regla número dos la quiero modificar. Enarcan una ceja y devuelven sus ojos a mí. —¿A qué te refieres? Aquí no valen las preferencias— suelta Kael. —Guarda silencio si no sabes lo que diré— juego con la paciencia del pelinegro—. Estaré disponible todos los días para cualquiera de los dos— tomo aire replanteando lo que acabo de decir—, mejor dicho, el que llegue primero. Parecen no entender y eso me exaspera. Son profesores y aún así no captan lo que les digo. —Les doy un ejemplo, el que tenga la suerte de pasar la noche conmigo hoy, se gana este día. Igual mañana, y pasado, todos los días. Deben ganarse la oportunidad, al igual los estaré esperando con ansias— me levanto satisfecha de poner las cosas claras. Es sorprendente el silencio que mantienen. No tienen objeciones aparentemente. Mejor para mí, se tornan más interesante mi estadía. —¿Seguirán con las reglas o puedo irme? —Puedes irte— responden al mismo tiempo, pero Patrick mueve sus labios con tal de hablar— ¿A dónde vas? —A ducharme— les guiño el ojo esperando que no sean lentos. Respiro hondo y me vuelvo a repetir que todo forma parte de mi plan. Debo ser cautelosa con todos, incluso conmigo misma. No quiero ser traicionada por sentimientos, hasta ahora no ha florecido nada más que excitación y espero que siga así. Preparo mi pijama para tomar una ducha, tengo el beneficio de bañarme cuando quiera ahora que soy una alumna vip. Cada uno reposa en su cama para tomar una siesta, a excepción de Joep quien abraza a su novia como si se la fueran a arrancar de sus brazos. Tomas y Rader se mantienen en camas separadas, me resulta extraño pero decido no darle vueltas a asuntos que no me conciernen. Abro el grifo dejándome empapar por el agua tibia que moja mi cabello y cuerpo. Es refrescante ducharme sin miedos como antes y la mejor parte es no tener que acatar una hora exacta. Cierro mis párpados concentrándome en disfrutar este efímero momento de paz, hace mucho no me tomaba un descanso de todas las personas. Desde que llegue fue castigo tras castigo, intimidaciones y hasta tuve que tolerar a nuevos enemigos, como Bárbara y sus lacayos. Paso mis manos sobre mi cabello pensando en las últimas personas que vi, ambos profesores convertidos en mis amos. Recuerdo el morbo con Patrick y la vez que entré a la alcoba de Kael. Sin duda son diferentes, pero algo los une y soy yo. Ahora de mi depende como serán mís días, debo valerme por mi misma. Mis padres fallecieron y quede sola en este mundo repleto de bestias y demonios. La imagen de aquellos hombres se instala en mi cabeza haciendo que deslice mis dedos sobre mi pecho hasta la parte baja de mi vientre llegando por completo a mi sexo. Toco el botón caliente del lugar y empiezo a masturbarme con la imagen de los profesores. —Mi intuición no fallaba, eres una completa pervertida, morbosa y pecadora— la voz masculina perfora mis oídos, dejo de tocarme por la repentina llegada que invade mi privacidad. —¿Qué haces aquí?— el corazón retumba sobre mi pecho con intensidad, sus pasos hacen que mis piernas tiemblen, tiene sus ojos puestos en mí como si fuera un manjar que no ha probado. —Aprovechando la oportunidad tal cual tú lo dijiste— entra a la ducha con la ropa puesta y el agua lo moja tanto como a mí. Lleva su mano a mis senos para apretar las puntas sonrosadas haciendo que eche mi cabeza hacia atrás.  
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