En medio de la atmósfera cargada de preocupación, había anticipado que estaría en solitario en este trance. Sin embargo, para mi sorpresa y quizás alivio, Derek y Jack, mis amigos cercanos, decidieron romper ese aislamiento. Siempre había llevado conmigo una fachada de dureza, una coraza que ocultaba mis emociones más profundas. No era fácil para mí admitir que su apoyo significaba algo, que su simple presencia era un bálsamo para el caos emocional que me invadía. Mantener esa imagen de hombre duro, inquebrantable, era parte de mi esencia, y no estaba dispuesto a ceder terreno ante la idea de mostrar vulnerabilidad. Cuando Derek y Jack se acercaron, contuve un resquicio de gratitud que amenazaba con aflorar. No podía permitir que ellos vieran más allá de la fachada que había construido.

