ISABEL
Duke está extraño y no consigo descifrar por qué. ¿Es el Consigliere lo que le preocupa? Por ahora, el plan con Lucciano parece estar funcionando como queríamos.
Le ofrecí una copa —en el fondo, quería disfrutar un rato más de su compañía—. Cuando menciona que va a salir con la moto, no lo dejo ir sin más y lo sigo hasta el garaje. Allí, me acerco y le digo:
—¿Puedo ir yo también? —pregunto, esperanzada. Siempre he querido subirme a esa moto pero me ha dado verguenza pedirselo. O quizás he sido demasiado orgullosa.
—No —sentencia. Coge el casco y se dispone a ponérselo.
Antes de que lo haga, le lanzo: —¿Vas a ver a alguna de tus mujeres? Si es así, no te molesto.
Me doy la vuelta para marcharme y él me agarra del brazo para detenerme. Lanza un pequeño suspiro.
—¿De qué hablas, nena? —dice—. Siempre salgo con la moto para despejarme.
—No es raro que tengas mujeres fuera de casa —las últimas palabras me cuestan pronunciarlas; no puedo mirarlo, me siento tonta—. He encontrado pintalabios en tu camisa alguna vez…
—No tengo a ninguna mujer. Esas zorras se me acercan solo por mi posición…Nada más.
No sé a qué mujeres se refiere, pero por su expresión le creo. No sé porque me he sentido molesta e insegura ante la idea de que Duke se vaya esta noche con alguien más.
Me siento cohibida ante su escrutinio silencioso. Esa forma de mirarme debería de ser ilegal.
—Duke, realmente…
—Sube.
Le hago un gesto de victoria y, al segundo, me observo de arriba abajo: un vestido de fiesta muy, pero que muy incomodo, tacones de diez centímetros y, además, sin ropa interior.
Mis ojos se encuentran con los suyos de nuevo, y lo sorprendo intentando contener la risa.
Una pequeña sonrisa se escapa de mis labios al verlo así por primera vez. . Él percibe mi ligera vergüenza, deja escapar un leve sonido por la garganta y, sin decir nada, toma un segundo casco y una chaqueta de cuero antes de indicarme que suba a la moto.
—Vamos, ¿No querías darte una vuelta?
—Si, pero estos tacones…—Duke se da media media vuelta y trae unas botas negras, al estilo militar, suspira como exagerando molestia y se arrodilla para ayudarme a quitarme los tacones y ponerme las botas cuidadosamente. El roce de su piel en mis tobillos me dispara el pulso y empiezo a quedarme sin palabras coherentes. Cuando termina, me pone la chaqueta de cuero sobre los hombros y me indica con la barbilla que me la ponga.
Justo después de abrocharmela, me mira de arriba a abajo y me lanza una sonrisilla con idea.
El se sube a la moto y la arranca, me mira de nuevo y dice:
—¿A qué estás esperando?
—Duke…
—Ahora entiendes por qué era una mala idea no llevar ropa interior… —vuelve a recorrerme con la mirada, de arriba abajo, deteniéndose demasiado tiempo en mi entrepierna—. Ah, ya entiendo… ¿Sería demasiado vergonzoso para tí manchar mi sillón de cuero con tus fluidos femeninos…?
—Eres un…—respondo dándole un manotazo, y el muy cabrón se ríe, divertido. Nunca había visto reírse así.
—¿Estás enfadada? ¿No crees que exageras? —replica, burlón. Ay, quiero pegarle muy fuerte y hacerle daño. ¿Está repitiendo mis palabras, el muy c*****o?
Con mi orgullo herido, remango el vestido hasta dejarlo justo a ras de mi entrepierna—bajo su atenta mirada—, sin enseñar más de lo necesario, y me subo a la moto pegando mis muslos a su cadera.El roce del cuero contra mi entrepierna me hace estremecer, y un calor inesperado recorre mi cuerpo. ¿Qué estará pensando Duke ahora mismo?
Sin decir palabra, tomo el casco y me lo pongo.
Él se gira ligeramente, y en sus ojos arde un deseo que me quema por dentro. Un gruñido se escapa de su boca en lo que me parece un intento de contenerse.
Se remueve en su asiento, hasta que finalmente mira hacia adelante y enciende el motor.
—Agarrate fuerte a mí, nena.
Este juego me está volviendo loca.
Salimos de casa y nos incorporamos a la autovía. El viento nos golpea con fuerza, despeinando mi cabello y recorriendo mi piel con cada ráfaga. La moto vibra bajo nosotros, cada acelerón hace que mi corazón lata más rápido y mi c*ño palpite, una mezcla de adrenalina y emoción que me recorre de pies a cabeza.
Duke mantiene el control con firmeza, y con cada curva siento cómo nos unimos más. El calor de su cuerpo contra el mío me estremece y mi cuerpo termina por rendirse al suyo.
Por un instante, todo lo demás se borra: ni planes, ni problemas; solo él y yo, y la carretera abierta extendiéndose ante nosotros como si fuera nuestra.
Cuando se detiene en el garaje de nuevo y apaga el motor, espera para que me agarre de los hombros y me baje tranquilamente.
Ese gesto, aunque simple, hace que mi corazón bombee la sangre más lento y los nervios me consumen por completo. Cuando se baja de la moto y se quita el casco; mientras revisa el asiento, sus dedos rozan el cuero del lugar donde estaba sentada, y siento cómo un calor inesperado me invade el bajo veintre.
No sé qué piensa, pero su mirada se oscurece y se recoloca la entrepierna delantando su excitación. Pero, apenas un segundo después, sus ojos se llenan de melancolía, y me deja sin palabras. No entiendo a este hombre…
Doy un paso para acercarme a él y le acaricio ligeramente el antebrazo.
—Dime Duke, ¿hay algo que te preocupa…?—digo susurrando.
—No, mujer…sube a casa.
Me acerco un poco más y él me toma por la nuca, apoyando su frente contra la mía.
—No pasa nada. Vete a dormir —dice, soltando un suspiro. Está enfadado, pero sé que no es conmigo; y eso, sinceramente, me inquieta aún más. Sostengo su mirada durante unos segundos, retándolo. La tensión que nos envuelve es abrumadora; y finalmente, mis labios buscan los suyos con urgencia contenida.
Mis labios rozan los suyos en un beso ligero que voy intensificando poco a poco. Al principio Duke permanece inmóvil, probablemente por la sorpresa. Pero en un instante, suelta mi nuca y me envuelve con ambas manos, apretando mis caderas con fuerza, y siento cómo me derrito por completo en sus brazos.