Chapter 3

5129 Words
Ella contestó el teléfono al cuarto repique y contestó vacilante, con una suave pero cautelosa voz. —¿Hola? —¿Sienna? —¿Quién es? —La sospecha era evidente en su tono, y Matt supuso que no le gustaba recibir llamadas de extraños. —Matt Pendleton. Hubo una larga pausa después de que se identificara. —¿Cómo conseguiste este número? —Ser honesto parecía ser la mejor estrategia—. Tu jefa me dijo que tu no volverías a verme de nuevo. Contacté a Paul Meccelli y le supliqué hasta lograr que me lo diera. —No debiste haber hecho eso. —Sí, lo sé. Soy un cretino; no debí haberle preguntado. —Matt se detuvo, inhalando bruscamente—. Quiero verte otra vez. Hubo otro largo silencio en el otro lado de la línea y Matt contuvo su respiración, esperando una respuesta. —No creo que sea una buena idea. —¿Por qué me hiciste poner en la lista de contactos bloqueados? ¿Hice algo que hiriera tus sentimientos? —preguntó en voz baja. —No. —¿Entonces por qué? ¿Por qué te niegas a verme de nuevo? —No esperaba que quisieras verme otra vez después de nuestro encuentro esta tarde, —respondió ella. —Sí quiero, —dijo firmemente—. Quiero verte de nuevo Sienna. —Él no sabía porque estaba tan decidido, pero lo estaba, y Matt se reconoció a sí mismo que verla de nuevo estaba siendo mucho más importante en su vida de lo que debería ser. —Está bien, —dijo ella, después de otro corto silencio—. Haré que te retiren de la lista y podrás hacer una nueva cita. —No quiero hacer una nueva cita, —dijo Matt—. ¿Qué estás haciendo en este momento? ¿Ya comiste? —Matt, no es así como funciona esto. Emily sonó insegura y Matt decidió aprovechar la ventaja mientras la tuviera. —¿Saldrías a cenar conmigo? Conozco un pequeño lugar; es relajado, discreto. Ni siquiera tienes que vestirte elegante, es muy casual. —Eso suena más a una cita social que de negocios. —Sí así es. —Sintió un gran alivio en su pecho. Ella no se estaba negando a su invitación, lo que le daba una luz de esperanza. Decidió presionar a su favor—. Cenemos juntos Sienna. Ella debería decir que no. Su mente le indicaba firmemente que la respuesta era no, aunque su corazón la presionaba para decirle que sí. Había múltiples razones para decirle que no; ella sabía que debía rechazar educadamente lo que podría terminar en un desastroso error. Él era un cliente, y ella una dama de compañía. Él era un policía con una familia; ella era una sumisa que necesitaba un dominante. Él no podría ni remotamente entender sus elecciones de estilo de vida, y además no se había recuperado de la muerte de su esposa. Por mucho que Emily quisiera decir que sí, sabía que apenas él se enterara de todo acerca de ella, saldría corriendo y sin dudarlo consideraría su estilo de vida abominable. A pesar de todos los argumentos, cuando le respondió, ella misma se sorprendió de su respuesta. —Está bien. —Magnífico, te recogeré. ¿Cuál es la dirección? Oh diablos. Debió haberle dicho a Matt que se encontraría con él en el restaurante, pero, aunque el pensamiento le cruzó por su mente, Emily decidió que, si ella iba a seguir con esta locura, debería poner todas las cartas sobre la mesa. —Conoces Salacious? —¿Ese antro en el centro de la ciudad? Emily sonrió para sí misma cuando escuchó la sorpresa en su voz. —Sí, ese antro. —Oh sí, sí lo conozco. —Nos encontramos a la entrada. ¿Cuánto te demoras en llegar? Matt hizo un rápido cálculo mental. —Veinte minutos. —De acuerdo. Te veré entonces. —Emily colgó la llamada y permaneció inmóvil con su celular agarrado en la mano. No podía detener la alegre sonrisa que se dibujaba en sus labios, ni ignorar el pequeño salto de alegría en su corazón. A pesar de todas sus dudas, sentía hormigueos al saber que Matt quería verla de nuevo. Salacious estaba ubicado en el extremo norte de la ciudad, una vieja bodega convertida en lo que posiblemente sería el club más discreto de Seatle. Por supuesto que el Departamento de Policía de Seatle tenía conocimiento de su existencia, pero era el único que nunca causaba dolores de cabeza a los más fino de Seatle. Nunca los llamaban a resolver problemas de peleas, o lidiar con borrachos, el lugar seguía las reglas de forma rigurosa y nunca causaba el más mínimo problema. Dado el tipo de club que éste era, Matt pudo entender porque el deseo de mantenerse por fuera del radar. Él había escuchado todo tipo de rumores acerca de lo que sus miembros se dedicaban, y mientras se parqueaba al frente del edificio, se preguntaba por enésima vez porqué Sienna se encontraba allí. La calle Salacious estaba situada en lo que alguna vez había sido parte de una gran zona industrial de Seattle, pero que hacía mucho tiempo había sido abandonada por la empresa. Por lo que Matt había oído, el propietario de Salacious había comprado la bodega en la cual estaba situado el club y luego había procedido a comprar los terrenos alrededor de ésta, ofreciendo a Salacious una cantidad considerable de privacidad para sus clientes. Las calles alrededor del club se habían modernizado gradualmente con nuevos apartamentos, condominios de gama alta y restaurantes de moda, pero Salacious había permanecido. Un pequeño aviso de bronce que mostraba el nombre del club colgaba en la pared de ladrillo rojo que daba hacia la calle, iluminado por una sola lámpara. La calle afuera del edificio estaba llena de autos, pero no había nadie alrededor, y Matt descubrió que no había una entrada visible en el lugar en el cual él había parqueado. ¿Y dónde estaba la entrada? Dada la naturaleza del club, el asumió que debería ser por fuera de la calle; la gente seguramente querría privacidad al momento de ingresar. Estaba a punto de alejarse de la acera cuando dos figuras dieron la vuelta a la esquina del edificio y se acercaron a su camioneta. El hombre era alto y musculoso, de sólida contextura y llevaba jeans negros con una camiseta estampada con el nombre “Salacious” en letras rojas sobre un material bastante estrecho. La chica era pequeña y a medida que se acercaban a la camioneta, Matt la reconoció. Apresuradamente abrió la puerta y se bajó. —Hola. jeansSienna sonrió nerviosamente, pero el gorila que la acompañaba no cambió su rígida expresión. Sienna miró al hombre que estaba parado a su lado, tocando su brazo. —Bud, este es Matt. Yo voy a estar bien, gracias. El gorila miró a Sienna y le ofreció una sonrisa fraternal, y seguidamente clavó su mirada en Matt, como si viera en éste a un insecto que necesitaba aplastar. —Si necesitas algo, me llamas cariño. —Así lo haré. Matt había caminado alrededor del auto para abrirle la puerta a Sienna, mirando su cabello con interés. —Me haré cargo de ella. —No entendía por qué sentía que, por su propia vida, debía reasegurarse ante el hombre gorila. —Más te vale. —Gruño el hombre gorila y se devolvió a la esquina del club. Sienna se subió a la cabina de la camioneta, mirando el interior con interés. Matt se ubicó en el puesto del conductor y se ajustó el cinturón de seguridad, girando hacia Sienna. Ella se veía muy pequeña en su camioneta, casi perdida en el asiento. Sonrió. —Gracias por aceptar la invitación. —Gracias por invitarme. Matt señalo hacia su cabello. ¿Es ese tu verdadero cabello? Ella se lo acarició de forma deliberada. —Sí —¿Esta tarde tenías una peluca? Ella se lamió los labios, mordisqueando el interior de su mejilla. —Sí. Y como esta es una cita social y no de negocios, probablemente deberías saber que mi nombre no es Siena. —Ya veo. Matt se arqueó un poco más en su asiento, hipnotizado por el movimiento de su lengua y la pequeña mancha húmeda que había dejado en su labio inferior. Luchó contra el impulso de inclinarse y besarla. —¿Cuál es tu nombre? —Emily. Matt sonrió cálidamente. —Emily. Es un nombre muy lindo. —Poniendo a sus alborotadas hormonas de nuevo bajo control, se dirigió hacia la calle—. Me gusta mucho más que Sienna. Ese sonaba más a nombre de actriz. —Creo que eso es lo que soy cuando estoy con un cliente. —Emily se reclinó en el asiento, con su mirada fija en el parabrisas. Matt sostuvo una pequeña conversación mientras se dirigían hacia el restaurante, evitando cuidadosamente de cualquier tema personal. Sienna —Emily— parecía nerviosa y quería relajarse. Mirándola disimuladamente mientras esperaban en un semáforo, fue cautivado de nuevo por la belleza de sus finos rasgos y deslumbrado por la bonita cabellera rizada que había guardado bajo la peluca. Sus dedos le picaban de deseo por acariciar esos rizos, pero en su lugar apretó sus manos en el volante. EmilyEl restaurante era un pequeño lugar italiano, cerca de la avenida 27 y cerca de su lugar de trabajo. Inaugurado hacía unos cuarenta años por Nico Donetti, el lugar era todavía dirigido por Nico, su esposa Lucy y una mezcolanza de hijos, hijas y nietos. En su humilde opinión, allí servían la mejor comida italiana de Seattle y era de los sitios favorito de él y sus hijos. El camarero los había instalado en una acogedora y privada mesa, segundos después de su llegada y había tomado su pedido de bebidas. Dado que ya había tomado dos cervezas, Matt se ordenó una Coca Cola y Emily pidió una limonada. Cuando el camarero se marchó, se relajó contra la parte trasera de la mesa y miró a la hermosa mujer frente a él. 1—¿Así que técnicamente, esta es una cita social? La respuesta de Emily fue cautelosa, y el observó cómo jugaba con la servilleta. —Si. —¿Entonces puedo preguntar acerca de ti, y no recibir como respuesta que tú no respondes preguntas personales? Emily lo pensó cuidadosamente durante algunos segundos antes de responder, dejando entrever una pequeña arruga entre sus cejas. Matt se resistió al impulso de extender la mano y suavizarla. —Dentro de lo razonable, —contesto ella prevenidamente. —De acuerdo, —accedió Matt—. Dentro de lo razonable. El camarero apareció con las bebidas y Matt se recostó mientras éste tomaba su orden de comida, para luego marcharse apresuradamente. El restaurante estaba lleno y él estaba agradecido de conocer muy bien a Nico para pedirle el favor de que les asignara una mesa tranquila en la parte de atrás del restaurante. —Entonces, ¿qué hace una chica como tú en un club como Salacious? —¿Una chica como yo? —Emily repitió suavemente. Giró la paja en su vaso, considerando su respuesta—. Vivo allí Matt. Matt arqueó una ceja; esa no era la respuesta que estaba esperando. —¿Tú vives… en Salacious? Emily asintió con la cabeza. —Sally me ofreció un lugar para quedarme hace dos años. Vivo encima del club, en un apartamento en el segundo piso. —¿Hace dos años? —Matt examinó la respuesta por algunos segundos—. ¿Coincide con la mala situación de la cual te rescató Paul? —Sí. —Así que Paul te rescató y Sally te acogió. —Así es. Matt tomó un sorbo de su Coca Cola. —¿Has sido siempre una dama de compañía? —Él titubeó en su pregunta, casi llamando a Emily de prostituta de nuevo, pero después de ver su reacción la última vez, logró corregirse en el último segundo. —No, solamente un par de años atrás. Matt frunció el ceño. —Esta Sally, ¿te obligó a hacerlo? Para su sorpresa, Emily se rio entre dientes. —¡Santo Cielo! no. Fue mi elección. Matt se mordió el labio pensativo. Tenía montones de preguntas que quería hacer, en una búsqueda para entender por qué una chica tan hermosa vendía su cuerpo a extraños, y vivía en un club de mala reputación. Nada de eso tenía sentido y siendo el buen detective que era, Matt quería respuestas. —¿Por qué? Emily se encogió de hombros en respuesta a la pregunta. El hombre sentado frente a ella parecía genuinamente interesado, y no parecía abrumado por ninguna de sus respuestas —por ahora—. Esa tarde había estado tan nervioso, y ahora parecía tener mucho más control y ella era la que ahora sufría de un ataque de nervios. Él era guapo en jeans y camisa de cuello blanco, los botones superiores desatados y las mangas enrolladas para revelar sus tonificados antebrazos. —Obtengo buen dinero. Mis clientes son buenos conmigo, y me tratan con respeto. Estoy pagando la universidad. jeansMatt abrió los ojos y Emily se preguntó si era este es momento en el cual Matt se daría cuenta de que esto era un error. Estaba por suceder, Emily no estaba segura del por qué la había invitado a cenar esa noche y estaba convencida de que tarde o temprano, Matt la rechazaría por lo que era, y por lo que hacía para ganarse la vida. Así que se sorprendió cuando habló de nuevo, con una voz tranquila. —¿Qué estudias en la universidad? —Me estoy especializando en Historia Antigua y Arqueología. Estoy a punto de completar mi segundo año. —Obviamente tienes sesos, —contestó Matt con una sonrisa irónica. —Me gusta pensar que sí. —Emily se recostó en la silla relajándose un poco. Matt tomó un sorbo de su bebida y Emily pudo ver que estaba considerando otra pregunta. Se inclinó hacia adelante en el asiento, su mirada intensa. —Vives en Salacious. ¿Eso significa que estás metida en esa mierda extraña? El camarero regresó con la orden, segundos después de que Matt había formulado la pregunta y Emily se divirtió cuando Matt maldijo en voz baja, obviamente frustrado por la eficiencia del camarero. No empezó a comer su pasta Napolitana; en cambio, miró a Emily astutamente, esperando pacientemente una respuesta. Emily cogió su tenedor, girándolo ligeramente contra el mantel rojo, mirando a los otros clientes como si estuvieran a punto de escucharlos. —No estoy segura de querer responder a esa pregunta. —¿Porqué? —preguntó Matt. ¿Cómo podría responder a esa pregunta? Ella estaba preocupada porque, si le contaba la verdad, él podría irse del restaurante y nunca más lo vería de nuevo. Escuchándose a sí misma, sonaba patética, pero no quería contarle la verdad y de pronto ver repugnancia reflejada en su hermoso rostro. Quería tener la oportunidad de conocer mejor a Matt Pendleton. Sobre todas las cosas, Emily sabía que debía ser honesta con él. Nada podría suceder entre ellos, aunque ella así lo quisiera, pero era lo suficientemente ilusa como para admitir que se aferraba a una mínima esperanza. —Soy un sumisa, Matt. La cara de Matt se endureció, sus ojos se centraron en los suyos y ella asumió que él estaba decidiendo si irse del restaurante o no. En su lugar, movió el plato atravesando la mesa, tomo su vaso y se pasó al otro lado de la mesa, sentándose junto a ella. Su corpulento cuerpo invadió su espacio y ella sintió el calor precipitándose en su cuerpo debido a su cercanía. Era similar a lo que había sentido esa tarde, cuando sus piernas estaban a horcajadas sobre su fuerte y magro cuerpo y una ráfaga de humedad inundó su ropa interior. —Explícame que significa eso, le replicó Matt suavemente. Luchó para ganar tiempo, consciente de su cálido muslo, que apenas rozaba al suyo. —Matt, debemos comer primero. —Al verlo abrir la boca para discutir, ella continuó apresuradamente—. Tengo un poco de hambre, y esto no es algo que pueda explicarse en unas pocas cortas palabras. Inclinando su cabeza, Matt aceptó, y ella lo observó hacer un visible esfuerzo por relajarse. Tomó su tenedor y comenzó a tomar la pasta caliente, y a llevársela a su boca. ¡Por Dios! Deseaba intensamente otra cerveza. ¿Una sumisa? Él no era ingenuo, y sabía lo que significaba, pero diablos, ¿qué significaba para él? Solo escucharla decir la palabra le había aumentado su incomodidad diez veces. Él estaba excitado desde el mismo momento en que la vio venir en la esquina de Salacious, y ahora lo tenía completamente duro y sus pelotas ardían. ¿Qué decía esto de él? Pensar en ella bajo su control, haciendo lo que él le pidiera, dispuesta a concederle cualquiera de sus deseos. ¡Mierda! élMatt terminó su pasta en cuestión de minutos, sentándose y esperando impacientemente mientras Emily jugaba con su comida, comiendo un poco y luego empujando el plato con un suspiro. Miró el plato y se volvió para poder estudiar su rostro. —¿No te gustó? Emily sacudió su cabeza. —Sí, está delicioso. —Adelante, come —Estoy bien. —Ella se movió incómoda en el asiento, y Matt se dio cuenta de que él estaba poniéndola nerviosa. No podía evitarlo; honestamente, no podía. La idea misma de que ella fuera sumisa lo conducía al punto de locura. Quería tantear el terreno, por así decirlo. —Emily, —dijo en voz baja— come tu cena, por favor. Durante un largo momento, Emily lo miró fijamente, sus gloriosos ojos azules revelaron un pequeño parpadeo de sorpresa. Y luego, lentamente, cogió el tenedor y movió el plato hacia ella, girando las hebras de pasta en el tenedor y comiendo. Matt observó cómo comía, el acto de girar la pasta en su tenedor con tanta precaución era estimulante. Sabiendo que lo estaba haciendo porque él así lo había exigido, lo estimulaba. El diminuto estremecimiento que vio surgir a través de su cuerpo, la forma en que se movía ligeramente sobre el asiento, apretando sus muslos, estaba haciendo hervir la sangre en sus venas. Se inclinó para que su boca estuviera cerca de su oído y susurró: —¿Te gusta que te digan qué debes hacer? Su pequeño y hermoso cuerpo se estremeció de nuevo, asintiendo. Matt no se alejó, se mantuvo cerca de su oído mientras comía, asegurándose de que su aliento calentara la piel contra su cuello cuando habló de nuevo. —¿Te excita? Nuevamente asintió y su cuerpo se estremeció. Su mano tembló mientras giraba cuidadosamente la pasta, colocando otra pequeña cantidad en su boca. Matt se enderezó, retirándose de su espacio personal, aunque era lo último que quería hacer. Lo que realmente quería hacer, y que le producía pánico, era acostarla en ese banco de cuero falso y follarla locamente, hasta que ella explotara en sus brazos con un clímax que ninguno de los dos olvidaría jamás. Guardando esos fuertes pensamientos en el fondo de su mente, apoyó su brazo en el respaldar del banco y apretó el vaso de Coca Cola en su mano, tratando de hacer que sus enmarañados pensamientos se aplacaran. Él sonrió tristemente para sí mismo, ya que no iba a ser fácil cuando toda la sangre de su cuerpo se había encaminado hacia su ingle. Se sentía mareado y no era por el exceso de alcohol, era puramente el efecto de la mujer sentada a su lado. Emily terminó su pasta y cuidadosamente colocó el tenedor en el plato; se limpió la boca con la servilleta y se inclinó en su asiento para que su cuerpo girara hacia Matt. Durante un par de segundos ella lo miró con cautela. —Deberíamos hablar. Matt escurrió el vaso de Coca Cola, aun deseando que fuera una cerveza. —Sí, creo que deberíamos. —Dejó caer el vaso sobre la mesa y se encontró con los ojos de Emily—. ¿Es algo que es importante para ti? Emily asintió, mordiendo su labio pensativamente. —Es mi naturaleza, parte de lo que soy. —¿Es esa la razón por la cual me pusiste en la lista de contactos bloqueados? —De pronto se le ocurrió a Matt que esa sería la razón por la cual ella había estado evitando, hablar de sí misma. Tenía que admitir que estaba contento de pensar que en realidad podría estar interesada en él, aparte de ser sólo otro cliente. Emily sonrió. —En parte. Pensé que después del desastre que había sido nuestra cita esta tarde, no querrías volver a verme. Matt sonrió. —Créeme, el desastre de esta tarde fue totalmente culpa mía. Estaba endemoniadamente nervioso y no había tenido relaciones sexuales desde que mi esposa murió. —Ya veo. —¿Así que dijiste que la sumisión era parte del por qué me pusiste en esa lista? ¿Qué más? Emily retorció la servilleta entre sus dedos, girando el pedazo de tela blanca de un lado a otro. —Me siento atraída por ti. Me asusta. Matt frunció el ceño, aun cuando internamente celebraba. —¿Por qué? Emily se mordió el labio con ansiedad y Matt se enamoró, deseando inclinarse y besarla para eliminar la preocupación de sus bonitos rasgos. No había reaccionado así ante nadie desde Caroline, para ser honesto, no estaba seguro de si alguna vez se había sentido tan loco, tan espontáneo con cualquier otra mujer, incluso con Caroline. —Nunca me he involucrado con un cliente. Y honestamente, no me pareciste un dominante. —¿Dominante? —Matt consideró la idea cuidadosamente, viéndola desde todos los ángulos. La idea era ajena a él, necesitaría un cuidadoso entendimiento. Ni siquiera sabía lo que implicaría. Él y Caroline habían sido aventureros en la habitación, pero en términos de posiciones sexuales y juguetes. Esto era algo diferente; él podía entender exactamente la diferencia y tuvo que admitir que era una proposición interesante. La atracción s****l que sentía por Emily era abrumadora, pero necesitaba pensar en la dominación que obviamente ella necesitaba. ¿Era capaz de eso? ¿Qué implicaba? Si fuera necesario hacerle daño, sabía que no sería capaz de hacerlo. Nunca había herido a una mujer en su vida, no iba a empezar ahora. Cuando habló, mantuvo la voz baja. —No puedo decirte si puedo ser lo que necesitas, Emily. Puedo decirte que estoy locamente atraído por ti y me gustaría tener la oportunidad de verte de nuevo. —Se movió al borde del banco, por lo que sus muslos estaban uno al lado del otro, y otra onda de deseo la hizo temblar—. ¿Lo considerarías? Emily quería lo que él le estaba ofreciendo. No había duda en su mente de que quería volver a verlo, para descubrir si él podía darle lo que ella necesitaba. Sin embargo, otras inquietantes angustias distraían su mente de la sensación de su muslo contra el suyo y el olor de su colonia. —No estoy segura de que estés listo para esto, Matt. Esta tarde —dijo tímidamente—, tuve la impresión de que no estás listo para que alguien más entre a tu vida. Tal vez sea demasiado pronto, después de la muerte de tu esposa. —Aún extraño a Caroline, todos los días —admitió con voz ronca—. La amaba, con toda mi alma. —Respiró profundamente y extendió la mano, tomando en sus dedos un suave rizo de su cabello, observándola mientras hablaba—. Pero quiero ver qué es esto, si hay algo real entre tú y yo. Más que una lujuria abrumadora que me está volviendo loco. Emily volvió la cabeza contra su mano, acurrucándose contra sus dedos como un gatito contento. —Me alegro de que no sea sólo yo, —admitió con una risita. El camarero apareció de nuevo, interrumpiendo su conversación y tomó sus órdenes de café, antes de volver a irse hacia la cocina. Matt había quitado su mano de la mejilla de Emily mientras el camarero estaba en su mesa, pero ahora él extendió su mano y envolvió sus dedos en los suyos. Parecía que ansiaba cualquier contacto físico con ella y Emily envolvió sus dedos entre los suyos y les dio un suave apretón. —Esta cuestión de la sumisión, —comenzó Matt cautelosamente—. ¿Es realmente lo tuyo? Emily sintió su nerviosismo y apretó los dedos otra vez, instintivamente ofreciéndole consuelo. —Lo mejor es que te explique exactamente lo que me gusta. Te facilitará decidir si puedes o no satisfacer mis necesidades. —Buena idea. —Matt consideró la idea de llamar al camarero y pedir algo más fuerte que el café, pero tenía que conducir. Debió haber tomado un taxi. —No me gusta el dolor, pero obviamente si me porto mal debo ser castigada. No me gustan los azotes fuertes, pero un poco de juego es aceptable. Definitivamente no me gusta el juego de agua. No me gusta que me compartan en las relaciones sexuales, pero obviamente, si te convirtieras en mi dominante y lo exigieras, me sometería. Me gusta ser compartida en sexo oral con parejas masculinas o femeninas. Si deseas compartirme con tus amigos, me sometería a ello, pero no puedo decir que lo disfrutaría. Tiendo a preferir que el juego s****l sea con mi propio dominante, pero como sumisa que soy, haré lo que mi dominante me pida. Disfruto de los juguetes, de una ligera esclavitud y no me opongo al exhibicionismo. A pesar de mi tamaño, no estoy dispuesta a juegos incestuosos; no es algo que me sienta cómoda explorando. Disfruto siendo sumisa, específicamente en el dormitorio. Quisiera tener mi propio tiempo no sumiso para continuar mis estudios y prefiero tener tiempo, cuando no estamos jugando, durante el cual podemos disfrutar de la compañía del otro como iguales. Era equivalente a sentirse atropellado por un camión. Matt parpadeó, todavía tratando de comprender la serie de alucinante información que Emily acababa de disponer delante de él. ¿Azotes? ¿Juego de agua? ¿Sexo oral con otros hombres y mujeres? ¡Mierda! estaba parado en el borde de un precipicio y el suelo debajo de él estaba resbaladizo. ¿Cómo demonios respondería a lo que acababa de decirle? Les trajeron el café y Matt se ganaba un poco de tiempo, revolviendo su café, añadiendo leche y azúcar. Todavía estaba luchando por recuperar su equilibrio cuando Emily volvió a hablar. —Matt, estoy segura de que esto debe ser abrumador para ti. He vivido este estilo de vida durante algún tiempo y probablemente fui más específica de lo que necesitabas, pero he aprendido a ser honesta debido a un error que cometí en el pasado. Claramente, todo esto es una revelación para ti. Necesitas un tiempo para pensar y procesar lo que te he dicho. Te sugiero que cuando tengas la oportunidad, busques b**m en Internet. —Ella sonrió maliciosamente—. Puedes hacer una búsqueda en Google. Matt se echó a reír, la tensión se rompió mientras tomaba su café. —Creo que podría. Google, ¿eh? Emily sonrió y asintió. —Tengo que admitir que me siento aliviada. —¿Y eso? —Creía que, para este momento, ya hubieras salido por la puerta. —Lo he pensado. —Todavía estás aquí. —Todavía creo que eres muy atractiva. Emily se rio. —Creo que tú también lo eres. Matt se recostó en el asiento, pensando profundamente. —¿Así que siempre has sido sumisa? —Creo que sí. —Emily tomó un trago de café antes de volver a hablar—. Hasta cierto punto, creo que todos tenemos alguna tendencia hacia el dominio o la sumisión. Para algunos de nosotros, es lo suficientemente fuerte como para necesitar atención. —¿Cómo se compara esto con el trabajo de dama de compañía? —Matt todavía no estaba seguro de cómo se sentía al respecto. ¿Cómo iba a manejar el hecho de verla con otros hombres? Era en lo primero que había pensado cuando había intentado llamarla antes; él había pensado que estaba con un cliente, y odiaba imaginarla teniendo sexo con otro hombre. —Parte de ser sumiso es proporcionar lo que alguien más necesita, un deseo de ser lo que necesitan que seas. Si eso equivale a ser más dominante, es lo que hago, aunque no sea con lo que me siento más cómoda. —¿Qué pasa ... si seguimos con esto? —Matt no sabía cómo llamarlo. Ni siquiera sabía si era algo que valía la pena continuar. Tenía hijos, por el amor de Dios, no podía simplemente iniciar un romance con una prostituta sumisa y esperar que no tuviera repercusiones en su vida. —No estoy segura de lo que quieres decir —dijo Emily en voz baja, aunque tenía sus sospechas. —Si llevamos esto más allá de la lujuria mutua, con seguridad que no quiero que tengas relaciones sexuales con otros hombres. Emily se lamió los labios, preparando sus pensamientos antes de responder. —Matt, es la única manera que tengo de ganar algún dinero mientras termino la universidad. No tengo otras habilidades. —¿Así que seguirías durmiendo con otros hombres, a pesar de que estuvieses viéndote conmigo? Emily inhaló profundamente, preguntándose por qué le dolía pensar que podría perder a este hombre, antes de que realmente lo tuviera. —No sé si tengo una respuesta a tu pregunta, Matt. No puedo renunciar a todo por lo cual estoy trabajando, por un hombre que conocí hace siete horas. —No te lo estoy pidiendo. Necesito saber si lo harías, si esto se convierte en algo más. —No puedo responderte eso. Matt suspiró profundamente, frotándose la mano por la mandíbula. —No, no puedes. Sólo estoy tratando de entender todo esto. —Miró a Emily, ofreciéndole una cálida sonrisa—. ¿Cuántos años tienes? —Veinticinco —¡Mierda! Tengo la edad como para ser tu padre. —No lo creo, —Emily sonrió—. No pareces tan viejo. —Tengo cuarenta y dos años. —De acuerdo, tal vez tengas la edad suficiente para ser mi padre. — Emily se movió más cerca de él y le besó la mejilla—. No me importa. ¿Te importa a ti? —Al parecer, no está haciendo la menor diferencia a mi libido. —Matt murmuró. —Emily rio de nuevo. —Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos, ¿verdad?
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