POV SHANE El llanto de la niña era como un látigo tortuoso dentro del auto. Desde el retrovisor, podía ver a su madre abrazarla, susurrarle cosas, pero aquello no menguaba ni un poco el terror en ella. Lía temblaba en los brazos de Sofía, un pequeño animal acorralado, y su miedo se traducía en el ruido que contaminaba mi último bastión de paz. Mi abuela, a mi lado, me observaba con atención. En la intensidad de esa mirada podía sentir recelo, incertidumbre y esperanza; eso en lo que yo dejé de creer. La esperanza no es más que un vil engaño, entre más te aferres a ella más doloroso será aceptar la realidad. La esperanza me había costado todo. Mientras surcaba las calles de regreso a mi santuario, podía ver cómo las aceras y casas que hasta hace dos días lucían normales ahora estaban l

