3. Celos y náuseas.
Bell.
Otro día desenfrenado.
La pasamos entre un grupo de surfistas franceses, comimos hamburguesas y mucha tequila. Duke se ha puesto celoso al ver que uno de los franceses se mostraba demasiado interesado en mí. Le ha ido a buscar pelea, y yo me he quedado de brazos cruzados viendo cómo se golpeaba con el francés. Duke no ha sido cruel, el francés no sabía pelear, y se ha rendido, y le ha dejado marcharse con la dignidad de hombre intacta. Ese es mi Duke.
Vuelve victorioso, todo empolvado y con apenas magulladuras en los brazos.
—Mi caballero.
—Mi lady.
Le doy un beso con todo y lengua a modo de premio.
Este es nuestro último día en Punta Cana. Drake ha vuelto como ha prometido, al días siguiente y a los dos días ha tenido que volverse a LA. para dar el visto bueno a un montón de negociaciones que tenía pendiente, según lo que ha tratado de explicarme, es para que Ergo-s*x incursione en otros mercados.
Ahora elijo la mejor de las mesas, para desayunar al aire libre, disfrutando de la buena vista a la playa. Duke viene con unas gafas oscuras y el torso desnudo que me deja babeando por él.
Se sienta a mi lado y le dá una gran mordida a su hamburguesa doble. El olor me da arcadas. Respiro hondo.
—He despertado un poco indispuesta —le digo algo somnolienta.
—¿Será la regla? —sonrie.
—Muy gracioso, pero para que lo sepas no todos los achaques se deben a la menstruación. Además... desde que uso la inyección no me viene más.
Duke se ríe en silencio, y me ofrece una de mis hamburguesas favoritas.
—No tengo apetito, gracias —dejo a un lado lo que vendría a ser mi comida favorita. ¡Es un pecado no devorarla! Viviría comiendo hamburguesas y papas fritas toda la vida.
Duke se me queda viendo.
—Eso es raro en tí. Nunca rechazarías un combo como este.
—Lo sé. Parece que las pocas horas de sueño y muchas de diversión me están pasando la factura —dejo caer los hombros—. Me siento tan cansada. No solo no tengo ganas de comer, por algún motivo me siento triste.
—Y eras tú la que insistía en que sigamos en la fiesta —me despeina el pelo, de por sí despeinado.
—No me lo recuerdes.
—Okay, pasemos el día viendo películas de terror. Compremos palomitas y Coca cola —propone.
—Me apunto —y bebo un poco de la limonada que acaba de traerme el mesero, parece que es lo único que sabe bien— ¿Hablaste con Magazine? —la revista alemana ha insistido en que sea la portada.
Duke asiente con la cabeza. Me señala los documentos sobre la mesa que estuve ignorando hasta este momento en que me los señala.
—Uhmmm
—Ese es el contrato corregido. De diez recepciones aburridas, solo tengo que asistir a la más importante.
—Suena bien.
—Supongo. Viajaremos en una semana para firmar en persona con el Ceo. Prepárate. Me acompañaras, cómo hemos quedado.
Va a ser mi primer viaje a europa, claro que suena bien. Suena divertido.
—¿Y Drake?
—Con una fuerte migraña, gracias a mí. Le dije que si me acompañaba a firmar a Munich, renunciaré y lanzaré mi carrera de modelo.
Sorbo un poco de limonada.
—Supongo que no se lo creyó.
—Claro que no. Me ha mandado a preparar el siguiente juguete antes de que renuncie. No me ha tomado en serio —suspira decepcionado—. A este paso mis amenazas se volverán realidad. No soy más que una máquina de crear juguetes sexuales... Estoy harto.
—Tranquilo, eres un artista requerido por tu empresa. Eres indispensable para Ergo-sex... Eres grandioso y lo sabes.
A Duke siempre le suben los ánimos escuchar halagos. Él es bueno en lo que hace y le admiro. Es mi mentor.
—¿De qué sirve si mi hermano no me valora?
—Pero sí te valora. Drake sabe que sin tí, el continúo éxito de Ergo-s*x no existiría —le beso en la boca y ahora se ve más calmado.
Se saca sus gafas y me deja ver sus ojos verdes relucientes. Es atractivo y seductor aunque no diga nada y se mantenga en silencio.
—Tienes razón. Me tomaré esto de la foto de portada para Magazine solo cómo una diversión y nada más.
—¡Yupiii! Ya quiero verte en la portada —le digo con las pocas fuerzas que tengo.
....
Dos días después, estamos de vuelta en Los Ángeles, en casa. No volvimos antes por las alertas de fuertes vientos.
Pero ahora que estoy aquí no sabía cuánto extrañaba mi cama, (en realidad es de Drake pero nos la hemos apropiado Duke y yo) hasta que me tumbo encima y cierro los ojos. El aroma a Drake invade toda la recámara, me fascina, me trae a la memoria sus besos, sus caricias... El amplio y cómodo espacio de la cama alcanza para que los tres durmamos juntos. Esa es la mejor parte de todo...
El sol entra por las ventanas y van directo a mi cara.
Duke entra.
—Dormiste en todo el viaje... ¿Aún tienes sueño, dormilona?
Abro los ojos y le miro. El bronceado le queda, contrasta con sus ojos verdes. Me encanta todo de él.
¿Me he quedado dormida?
—Eso parece... —balbuceo—. No soy culpable, es este cuerpo cansado... —bromeo.
—Pues igual. ¡Arriba! Drake prepara el desayuno del medio día.
Abro de inmediato los ojos. Drake casi nunca cocina. Con los pies descalzos voy con Duke a la cocina.
Ahí está, preparando waffles con miel.
Me dirijo hacia él y le estampo un beso de buenos días. Deja lo que tiene en las manos sobre la mesada y me toma de las nalgas para llevarme hacia su mástil cubierto por el mandil de cocina que protege el pantalón elegante que lleva puesto hoy.
—Es un desayuno de bienvenida —dice Duke. Esperando en la mesa.
—Mi desayuno eres tú —me dice Drake comiéndome la boca.
—¿Waffles con miel? ¿Tostadas con dulce de leche?
No tengo apetito, pero Drake prepara el desayuno de bienvenida y eso no pienso perdérmelo por nada.
—La segunda opción, por favor —le digo con una sonrisa.
Me siento en la mesa esperando a que se hagan las tostadas. Drake se ve lindo con el mandil en la cintura.
—¿Le diste una hojeada al contrato que firmaré con Magazine? —le pregunta Duke.
—Todo parece estar en orden. Si quieres se lo enseño a Darthes, del bufet de abogados.
—No, déjalo, hermanito. Todo está en orden. Sabes lo minucioso que soy —sonrie de oreja a oreja—. Solo quería pavonearme delante de tí, que saldré en la portada de Magazine.
Drake trae los waffles y las tostadas a la mesa.
Duke no espera nada y asalta la bandeja de waffles.
—¡Deli! —balbucea.
Ni bien he dado una probadita a la tostada con dulce de leche que me ha preparado con amor Drake me entran unas terribles arcadas.
—¿Tan mal están? —pregunta Drake al ver mi cara. No tengo tiempo ni para negarlo. Me levanto de la mesa con un esfuerzo demencial voy directo al baño y vomito en el inodoro.
Carajo...
No me siento bien, tal vez he comido algo en mal estado, o solo es la mezcla de todo.
Duke y Drake tocan la puerta.
—Estoy.... bien. No. Mal. No. Quiero decir... Más o menos, pero no como para necesitar ir al hospital... No debe ser nada. Les aseguro que la tostada no tiene nada que ver... Drake, amor... lo siento, estaba rica, de veras... Te lo prometo.
Me siento mal por él. Qué pena por mi amorcito. He preparado el desayuno con mucho amor y yo vengo a vomitar...
Mi Drake se ha sentido culpable... Me siento mal por él.
Me lavo los dientes diez veces y hago buches con el enjuague bucal sabor a menta que me causa peores náuseas. Carajo, ¿qué me está pasando?
Me miro al espejo...
¡Las ojeras que tengo!