—¡No vuelvas a tocarme! ¡Ni mi madre me pega maldita Barbie de mierda!—le grita Thais, apuntándola con el dedo—. Y baja el tono de tu voz antes de que se te ocurra hacer otro de tus shows ridículos, que yo no me aguanto y te parto la madre. Amanda, todavía aturdida, se lleva la mano a la mejilla, pero pronto su rostro se retuerce en pura rabia. Y las lágrimas afloran de la furia contenida. —¡Cómo te atreves, bastarda! —ruge, avanzando hacia Thais como si fuera a atacarla, pero un guardia de seguridad aparece justo a tiempo, interponiéndose entre ambas. —¡Señoritas, basta! —ordena el hombre con voz firme, mirando a ambas con severidad. Theo, que había estado sentado en el sillón, medio consciente, intenta hablar. —Chicas... por favor... no... —murmura, aunque apenas se le escucha. El

