Una fiesta alucilógena.

1783 Words
Thais arqueó una ceja. —Tu padre habrá sido detective en su otra vida. Theo suspira. —Lo sé, pero necesito convencerlo de que estamos juntos. Debemos parecer más...unidos. Que se vea más natural. —¿Y cómo piensas hacer eso? —pregunta ella, cruzándose de brazos. Theo no responde. Se acerca lentamente y, sin previo aviso, la besa en los labios. Fue un beso firme pero breve. Thais lo mira, atónita. —¡Theo! —exclama, intentando retroceder un paso pero él no la deja. Su abrazo era la de un oso. —Debemos besarnos varias veces al día mientras trabajamos, así se harán muchas ideas erroneas. Tienes que actual más natural. Sentarte en mi escritorio, traerme mi café y estar más tiempo aquí adentro que en tu escritorio ¿No ves telenovelas? Debes parecer traviesa y bellaca, una malona. —Ves demasiada televisión, tu ego y tu imaginación pegan al cielo. ¿Lo sabía señor Lombardi? —Bueno, recuerda que me debes este favor y no hay vuelta atrás Antes de que pudiera decir algo más, la puerta de la oficina se abre y Wilson entra de nuevo. Observa la escena con una ceja arqueada. —Interesante... —dijo con un tono mordaz—. Se me olvidó decirte que tienes que ir de n***o a la fiesta. Theo rodeó la cintura de Thais con un brazo, mirándolo fijamente. — Padre te dije que "bien", aunque no me interesa. ¿te lo repito? No me interesa la fiesta, papá. Tengo otras cosas aquí para hacer. Thais sintió un nudo en la garganta ante esas palabras, pero mantuvo la compostura. Wilson los mira a ambos con incredulidad. —No juegues conmigo, Theo. O vas o atente a las consecuencias. Theo apretó los dientes. —Papá, esta conversación ha terminado. Tengo trabajo que hacer. Wilson bufó, lanzó una última mirada de desprecio a Thais y salió, cerrando la puerta con fuerza. Thais suspira. —Bueno... eso fue incómodo. Oficialmente soy tu amante de la oficina. Theo sonríe de lado. —Bienvenida a mi mundo. Ella se cruza de brazos. —No vuelvas a besarme sin aviso. Te lo dije antes. —Lo tendré en cuenta después de que espantes a Amanda, ahora resulta que debo ir con ella a una fiesta—responde Theo, divertido, antes de volver a su escritorio—Pienso ir con ella como quiere papá, pero te voy a llamar para que aparezcas, me paseo contigo, que nos vean y las bocas no tardarán en hablar mal de mi. —Tambien hablarán mal de mi. — A ti no te conocen. Además lo olvidarán con el tiempo. Amanda hará el ridículo la gente hablará de lo sucedido y espero que tenga suficiente vergüenza y me mande al diablo. Ambos sabían que eso era solo el comienzo de algo más complicado. El día de la fiesta había llegado, y Theo no tenía ni la más mínima gana de ir. Pero como siempre, su padre tenía otros planes para él. —Hijo, quiero que invites a Amanda a la reunión de esta noche. Necesitas una acompañante adecuada —le soltó Wilson Lombardi mientras revisaba unos papeles en su despacho a primera hora de la mañana insistiendo. Theo apretó la mandíbula. Sabía que esto no era una sugerencia, sino una orden encubierta. —Papá, no necesito llevar a nadie, puedo ir solo —intenta excusarse, pero Wilson ni se inmutó. —Es una reunión importante, no puedes ir solo como si fueras un cualquiera. Amanda es de buena familia, quedará bien a tu lado. Hazlo. Theo resopla, sintiéndose atrapado. Sabía que discutir con su padre era perder el tiempo, así que decidió rendirse y dar marcha al plan B. —Está bien, la invitaré—contesta con una sonrisa. Mientras tanto, Amanda estaba en su casa con sus padres, Marcelo y Dilenia. Estaban emocionados por la invitación. Le confirmó que la fiesta sería en uno de los salones de eventos de un hotel lujoso en el centro de la ciudad. —Esta es tu oportunidad, Amandita. Tienes que asegurarte de que Theo te vea como su única opción —dice Dilenia con una sonrisa calculadora. Marcelo, más pragmático, sacó de su bolsillo una pequeña pastilla y se la entregó discretamente a Amanda. —¿Qué es esto? —preguntó Amanda con curiosidad. —Algo que hará que Theo se relaje... mucho. Un pequeño empujoncito para que te vea con otros ojos esta noche —responde su padre con una mirada astuta—Asi que no la desperdicies, se disuelve al instante pero que no te vea. Está pastilla lo pondrá muy caliente y solo tendrá deseos de acostarse con una mujer y tú debes ser la que esté a su lado. Amanda sonríe de lado y guarda la pastilla en su bolso. —No te preocupes, papá. Esta noche, Theo será mío. Horas después, la fiesta estaba en pleno apogeo en un lujoso penthouse con una vista espectacular de la ciudad. Theo, vestido impecablemente, se paseaba por la sala con una copa en la mano, sintiéndose fuera de lugar. Amanda no se le despegaba, sonriendo demasiado y tocándolo más de lo necesario. La música clásica de una orquesta imperaba y entre ricos y no tan ricos hablaban de negocios de lo que les sobra y de sus inversiones. —Theo, ¿no estás disfrutando la fiesta? —susurra Amanda, acercándose a él. —Sí, sí... todo bien —miente él, sin ganas de seguir la conversación—¿A donde se fueron nuestros padres? —No lo sé. Deben andar por ahí ¿Quieres que nos vayamos? —No es eso... Aprovechando un momento en que Theo deja su copa sobre una mesa para revisar su teléfono, ella pensó que ese era el momento perfecto, él le envía un mensaje a Thais, preguntándole que hace y diciéndole que esté pendiente para que salga en quince minutospara que vaya a sacarlo de ahí y de paso hacer enojar y desencantar a Amanda, él le mandó la dirección de donde estaba. Amanda saca discretamente la pastilla del bolso y la desliza en la bebida. Esta se deshizo al contacto con el líquido sin dejar rastro. Luego, con una sonrisa inocente, ve como él toma la copa. —Te ves tenso, ¿Se habrá dañado el aire?... un sorbo nos hará bien. Theo, sin sospechar nada, toma un trago largo. Minutos después, empezó a sentirse raro. Su visión se volvió borrosa, y su cuerpo se sentía pesado. —¿Qué... qué está pasando? —murmuró, llevándose una mano a la cabeza. Amanda, fingiendo preocupación, se acercó más. —¿Estás bien, Theo? Tal vez necesitas descansar un poco...puedo solicitar que nos den una habitación del hotel. Pero Theo no era tonto. Algo no cuadraba. —Voy al baño. —Bien, aquí te espero cariño. Apenas pudo llegar al baño ve todo doble, a puros coñazos pudo coordinar los dedos para marcar en su teléfono, y sin pensarlo, llamó a su padre pero no respondió, luego llamo a Thai. En su apartamento, Thais acababa de salir de la ducha cuando su teléfono vibró. Contestó sin mirar la pantalla. —¿Aló? —Thais... —la voz de Theo sonaba extraña, como si estuviera borracho o algo peor—. No me siento bien...creo que me drogaron... Amanda... la bebida...no puede ser otra cosa. El corazón de Thais se aceleró. —¿Qué? ¿Dónde estás ahora? ¡Ya recibí la dirección! Iré de inmediato. —Date prisa, estoy en el baño de hombres, pero si me quedo aquí me encontrará. No sé dónde esta mi padre o si tiene que ver con esto. —Ve a un sitio seguro, nos vemos en el lobby. No creo que puedas tomar un taxi como estás. Mientras tanto, Thais se vistió apresuradamente y tomó un taxi hasta la dirección que le había enviado Theo. Iba repasando mentalmente todas las cosas que podría hacer para sacarlo de ahí sin armar un escándalo. El se escabulle como puede cuando ve que Amanda saluda a dos mujeres que le pasan por el lado y se detienen frente a ella. —¡Amanda estás divina!—le dice una. —Si, Me encanta tu vestido —Gracais es la última colección de primavera—les dice y vuelve a mirar a la puerta del baño pero no ve salir a Theodore. Teodore no ve a su padre mientras sale de la fiesta, así que se va directo al ascensor tratando de no llamar la atención. Al llegar al lujoso hotel, Thais llega al lobby. Apenas entró, sus ojos buscaron a Theo. Lo vio sentado en un sillón detrás de una columna y unas plantas ornamentales. —Theo —dijo en voz alta, atrayendo la atención de todos los transeúntes. En ese momento Amanda aparece, bajó al no encontrar en el baño a Theo. Amanda frunció el ceño al ver a Thais ahí junto a él. —¿Tú qué haces aquí? —pregunta con veneno en la voz. Thais ignoró a Amanda y se dirigió a Theo. —Vámonos, ¿sí? Necesitas ir al médico. Theo, aliviado de verla, intentó levantarse, pero sus piernas flaquearon. —No me siento bien, Thais...hace calor. Amanda intenta intervenir. —No, no, él está bien aquí conmigo. Tú no tienes nada que hacer aquí. Pero Thais no estaba para juegos. —Theo, ¿quieres irte? —pregunta, mirándolo fijamente. Theo asintió con esfuerzo. —Sí... Thais lo toma del brazo y lo ayuda a levantarse, ignorando la mirada furiosa de Amanda. —Nos vamos —dijo firme, mirándola de arriba abajo. Amanda la empuja y Teo cae de culo en el sillón. —¡El no va a ninguna parte, zorra!—le dice antes de avanzar hacia Thais. Amanda no lo piensa dos veces y le suelta una cachetada a Thais, dejando a todos en el lobby en completo silencio por unos segundos. —¿No me escuchaste, zorra? ¡el vino conmigo y se va conmigo! —grita Amanda, furiosa y fuera de sí. Thais, al principio, no reacciona. Lleva la mano a su mejilla, más sorprendida que dolida, pero en cuanto procesa lo que acaba de pasar, sus ojos se llenan de fuego. —¿Eso era todo? —dice con calma, pero su tono gotea amenaza. Antes de que Amanda pueda responder, Thais la abofetea de vuelta. Una vez del lado derecho. Luego, sin perder tiempo, le suelta la otra cachetada emparejando los dos lados de la cara. Esta vez con más fuerza, haciendo que Amanda retroceda más de un paso con la cara roja y los ojos abiertos de par en par.
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