El no dice nada más, solo se inclina a su cuello y levanta la mano.
—Tenias un hilo suelto—le susurra Theodore divertido viendo la tormenta que ha desatado en ella.
—Oh...gracias—dice ella, mientras no puede ocultar su cara colorada.
Momentos después, ambos entraron a la sala de reuniones. El ambiente estaba cargado de formalidad, con Angela organizando algunos documentos, Linda Vilorio revisando su tablet y Derek colocando sus archivos sobre la mesa. Y allí estaba él, Wilson Lombardi, el padre de Theo, un hombre imponente con una sonrisa encantadora y una mirada escrutadora.
—Buenos días a todos—Saluda Theo al entrar a la sala.
Thais lo sigue y da los buenos días de igual forma.
Theo y Thais tomaron asiento, y la reunión comenzó. Mientras todos hablaban, Thais se concentró en su tarea. Sin embargo, no pudo evitar notar que los ojos de un señor canoso se posaban en ella de vez en cuando. Cuando la reunión estaba avanzada el ambiente cambió considerablemente.
—Y bien, Theo, veo que contrataste a una secretaria bastante eficiente. — comenta Wilson de repente, con una sonrisa que hizo que a Thais se le erizara la piel.
Theo levanta la vista del informe y mira a su padre con una expresión de sospecha.
—Sí, la señorita Thais es muy competente. — responde de forma profesional.
Wilson sonríe más ampliamente.
—Competente y encantadora. No suelo ver rostros tan frescos en esta empresa. —
Thais carraspeó y fingiendo tomar notas, se encogió en su asiento.
Linda la mira con una sonrisa ladina, disfrutando la situación.
Angela, la secretaria veterana de su padre, intervino con rapidez.
—Señor Lombardi, si podemos enfocarnos en los puntos de la agenda...— dijo, aunque era evidente que disfrutaba ver a Thais sudar un poco.
—Por supuesto, por supuesto. — Wilson agita la mano restando importancia. —Pero, dime, Thais, ¿desde cuándo trabajas para mi hijo? — Ella levanta la vista y sonríe profesionalmente.
—Hace poco, señor. Apenas me estoy familiarizando con todo. —
—Bueno, si necesitas ayuda, puedes contar conmigo. — dijo él con un guiño apenas perceptible.
Theo, que seguía revisando unos papeles, alzó la mirada en ese momento y frunció el ceño. No le gustaba el tono de su padre.
La reunión continua con informes financieros, estrategias de marketing y previsiones para el próximo trimestre. Thais hacía lo posible por mantenerse enfocada, pero cada tanto sentía la mirada de Wilson sobre ella. Cuando finalmente concluyó la junta, todos comenzaron a salir poco a poco, pero Wilson se acercó a ella.
—Thais, ha sido un placer conocerte. Espero verte seguido por aquí. Mi oficina esta a la vuelta del pasillo — dijo, extendiendo la mano.
Thais estrecha su mano por obligación con una sonrisa forzada.
—Igualmente, señor Lombardi. Lo tendré presente.
Wilson sostuvo su mano un segundo más de lo necesario, y justo cuando Thais estaba por soltarla, Theo llegó de repente y le rodeó la cintura de forma sutil, pero posesiva.
—Padre, Thais tiene mucho trabajo por hacer. No queremos distraerla. — dijo con una sonrisa tensa.
Wilson alzó una ceja, sorprendido por la acción de su hijo, pero luego sonrió divertido.
—Por supuesto, hijo. Nos vemos luego, Thais. — dijo y se alejó con su andar seguro.
Thais se gira hacia Theo con una ceja levantada.
—¿Qué fue eso?
—Nada, solo asegurándome de que mi secretaria no se distraiga con asuntos innecesarios. — respondió, volviendo a su tono profesional.
Thais bufó con una risa.
—Claro, jefe. No se preocupe, no me distraigo fácilmente.
—Más te vale, necesito ese informe en mi escritorio antes del mediodía.
—Voy a escribir hasta los suspiros de la junta. — dijo ella sarcásticamente, saliendo hacia su oficina.
Theo la sigue con la mirada, suspirando. Su padre siempre encontraba la forma de ser un dolor de cabeza. El sabe que su padre aunque sigue casado con su madre es un mujeriego.
Thais pasa el resto del día tratando de mantenerse al día con sus nuevas responsabilidades. Hizo llamadas, organiza documentos y hasta tuvo que lidiar con una de las "hienas" que intentó entrar sin cita previa a la oficina de Theo, una supuesta amiga.
Al final del día, se desploma en su silla con un suspiro.
—Grace, creo que voy a necesitar café para sobrevivir aquí.
—Bienvenida al equipo, querida. Bienvenida al equipo.
Amanda Fitz estaba sentada en la lujosa sala de su casa, con una copa de vino en la mano y una expresión de indignación pintada en su rostro. Su madre, Dilenia Patrick, la miraba con curiosidad mientras su padre, Marcelo Fitz, hojeaba algunos documentos sin prestarle demasiada atención. —Papá, esto no puede seguir así —dijo Amanda, rompiendo el silencio con un tono dramático.
Marcelo apenas alzó la vista de los documentos que revisaba.
—¿Y ahora qué pasa, Amanda?
—Pasa que Theo está con esa maldita mujer, papá. La tiene demasiado cerca—. ¡No puedo creerlo, mami! Esa... esa mujerzuela no puede estar cerca de Theo —exclama Amanda, levantándose abruptamente del sofá.
—Cálmate, hija —responde Dilenia con un tono tranquilo, pero con un destello de interés en los ojos—. ¿De quién estás hablando?
—De esa tal Thais —escupió el nombre como si le supiera amargo—. La amante de Theo... ¡Se nota que es una interesada! Estoy segura de que sólo está ahí por su dinero y poder. No podemos permitir que se quede.
Marcelo Fitz alzó la vista de sus papeles con un ademán de fastidio.
—Amanda, querida, siempre dices lo mismo de todas las mujeres que se acercan a Theo, no te olvides que nosotros también estamos detrás de su fortuna, así que debes ir delante de todas esas trepadoras, aparece en su apartamento embriágalo y llévatelo a la puta cama, no me importa como diablos lo enredes, con suerte tendrás a su hijo y nosotros disfrutaremos de privilegios —dijo con escepticismo.
Dilenia Patrick, su madre, siempre perspicaz, entrecerró los ojos y se inclinó hacia adelante.
—¡Pero esta es diferente, papá! —Amanda dramatizó, llevando una mano a su pecho como si le costara respirar—. No es como las otras, moscas muertas. Se ve astuta... y Theo está... ¡está actuando diferente desde que ella llegó!
Dilenia, siempre preocupada por las relaciones sociales de su hija, frunció el ceño.
—¿Diferente cómo? —pregunta con curiosidad.
—Ya no me busca como antes, no me llama... ¡Y eso no es lo peor! Escuche de Angela, la secretaria de Wilson, que la vio en el nuevo puesto de secretaria ejecutiva personal... y que parecían tan cercanos. ¡Mama, papá, no podemos permitirlo! Con decirte que hasta se besaron delante de mí cuando fui a verlo.
—¿Se besaron? —pregunta su madre incrédula.