El enemigo.

1990 Words
Thais llega al moderno edificio de apartamentos ubicado en el corazón de Manhattan, con su maleta en una mano y las llaves nuevas en la otra. La administradora del edificio, una mujer de mediana edad llamada Patricia, la recibió con una sonrisa amable. —Bienvenida, señorita Morgan —dijo Patricia, haciendo un gesto para que la siguiera—. Le mostraré su nuevo hogar. Entraron al vestíbulo del edificio, donde la elegancia y la modernidad se mezclaban en una perfecta armonía. Los suelos de mármol pulido reflejaban la suave luz de los candelabros de diseño, mientras que las paredes estaban decoradas con arte contemporáneo que resaltaba el ambiente cosmopolita de la ciudad. Un conserje uniformado les saludó cortésmente mientras Patricia la guiaba hacia los ascensores. —Su apartamento está en el último piso, el piso diez —informó Patricia al presionar el botón correspondiente—. Es una de las mejores unidades del edificio, con una vista espectacular de la ciudad, además del apartamento del joven Ceo Lombardi. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, revelaron un pasillo minimalista con alfombras suaves en tonos grises y puertas de madera oscura con detalles en acero inoxidable. Patricia la condujo hasta la puerta 1006 y le hizo una seña para que usara su llave. Thais giró la cerradura y entró, conteniendo la respiración. El apartamento era una obra maestra del diseño moderno neoyorquino. El concepto abierto de la sala de estar y la cocina permitía que la luz natural fluyera libremente a través de los ventanales del piso al techo, que ofrecían una vista panorámica del skyline de Manhattan, con el Empire State Building enmarcado en el horizonte. Las paredes blancas y los pisos de madera clara contrastaban a la perfección con el mobiliario contemporáneo en tonos neutros. En la sala de estar, un amplio sofá de cuero gris estaba dispuesto frente a una mesa de centro de cristal, sobre la cual había una pequeña planta de interior y un par de revistas de diseño. Una pantalla de televisión montada en la pared completaba el espacio de entretenimiento. —La sala tiene un sistema de sonido integrado y control doméstico inteligente —explicó Patricia, señalando un panel táctil en la pared—. Puede controlar la iluminación, la temperatura y hasta las cortinas desde aquí o desde su teléfono. La cocina era una combinación de funcionalidad y estética. Contaba con electrodomésticos de acero inoxidable de última generación, encimeras de cuarzo blanco y gabinetes de madera de nogal oscuro. Un moderno desayunador con sillas altas de cuero n***o ofrecía un espacio perfecto para comidas rápidas o para disfrutar de un café matutino mientras observaba la ciudad cobrar vida a través del ventanal. —El refrigerador viene completamente equipado —dijo Patricia—, cortesía del propietario. Thais asintió, impresionada por la atención al detalle. Caminó hacia la habitación principal, que era un santuario de tranquilidad en medio de la bulliciosa ciudad. La cama king-size estaba vestida con ropa de cama de algodón egipcio, y las mesas de noche minimalistas tenían lámparas de diseño escandinavo. Frente a la cama, una gran cómoda con acabados en madera mate sostenía un televisor de pantalla plana. —Mierda, si rompo algo aquí de seguro que me costará un ojo de la cara—murmura agobiada. —¿Como dice? —No me hagas caso, continúa. Las ventanas de la habitación ofrecían otra vista impresionante de la ciudad, pero estaban equipadas con cortinas opacas automatizadas que garantizaban un descanso sin interrupciones. Un walk-in closet organizado meticulosamente ocupaba una esquina, ofreciendo amplio espacio de almacenamiento para su ropa y accesorios. —El baño principal es espectacular —dijo Patricia, abriendo una puerta lateral. El baño era el epítome del lujo moderno. Tenía un lavabo doble con grifos cromados, una ducha con mampara de vidrio templado y una bañera independiente con vista a la ciudad. Los azulejos de mármol en tonos beige y dorado daban un aire de sofisticación, mientras que los espejos con iluminación LED añadían un toque futurista. —Definitivamente es espectacular —murmuró Thais, sonriendo levemente. El apartamento también contaba con dos habitaciones, una para invitados y otra habitación más pequeña, equipada como oficina, con un escritorio de vidrio, una silla ergonómica y estanterías minimalistas. Había un baño de visitas más sencillo pero igualmente elegante. —Tiene acceso a las amenidades del edificio —continuó Patricia mientras salían del apartamento—. Hay gimnasio, piscina climatizada, terraza con jardín, y un centro de negocios por si necesita trabajar desde casa. Thais sintió una mezcla de emociones. Todo era demasiado perfecto, demasiado diferente de lo que estaba acostumbrada. Sus pensamientos volvieron brevemente a su antiguo departamento en el Bronx con sus padres, con su mobiliario sencillo y los ruidos constantes de la calle. —Gracias, Patricia —dijo finalmente, acompañando a la mujer hasta la puerta. —Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarme. Le dejo mi tarjeta. Cuando la puerta se cerró, Thais se apoyó contra ella, dejando escapar un suspiro. Caminó lentamente por el apartamento, deslizando los dedos por la encimera de la cocina y mirando por la ventana. Era un cambio drástico, un mundo diferente del que provenía, pero si iba a hacer esto por Theo, necesitaba adaptarse. Sacó su teléfono y le envió un mensaje: "Me instalé. Gracias por todo." Pocos minutos después, la respuesta de Theo llegó: "Me alegra saberlo. Disfruta tu día libre. Mañana empezamos." Thais dejó el teléfono sobre la mesa y miró a su alrededor una vez más. Aunque todo a su alrededor gritaba lujo y perfección, no podía evitar preguntarse en qué momento su vida había dado este giro inesperado. La mañana siguiente comienza con el bullicio habitual en la empresa. Thais ajustó su falda de oficina, su camisa. olor vino, se acaricio la coleta del pelo y miró su reflejo en la pantalla del ascensor. Thais llega temprano el primer día de trabajo, con una mezcla de emoción y nerviosismo. Al entrar al edificio, fue recibida por Grace, quien la esperaba con su típico aire de eficiencia mezclado con un toque de alegría, como si ya supiera que sucedería durante el día antes de que comenzara. La puerta se abre en el piso de la dirección y allí estaba Theo, con su traje impecable azul zafiro y esas gafas gruesas que, para su sorpresa, le daban un aire elegante e intrigante. No el niño gordito que conocía. —Buenos días, Ceo Lombardi. — saludó ella con una sonrisa ligera. —Buenos días, Thais. Vamos a reunirnos un momento antes de la junta. Grace que te empape primero de todo — dijo él, guiándola hacia su oficina. —Llegas temprano, eso es bueno —dijo Grace, ajustándose las gafas sobre la nariz—. Ven, tengo mucho que explicarte. —Estoy lista —responde Thais, siguiéndola por los pasillos amplios y llenos de empleados que caminaban apresurados. —Bien, empecemos por lo más importante. ¡Nunca dejes que el señor Lombardi Meyer tome decisiones sin pensarlo dos veces! —¿Por qué? —pregunta Thais con curiosidad. —Porque a veces piensa con el corazón y no con la cabeza. Y aunque las gafas gruesas que usa lo hagan ver como un infalible hombre de negocios, en realidad es tan cabezón como cuando lo conociste seguramente —comenta Grace con una sonrisa ladeada. —Sigo sin entender por qué usa esas gafas ¿Porqué simplemente no se opera? —dijo Thais, inclinando la cabeza. —Porque cree que lo hacen parecer más serio. Y porque no quiere saber de agujas ni hospitales. Pero honestamente, solo hace que se vea como un profesor universitario que da matemáticas avanzadas. Thais no pudo evitar reírse. —Dios, Grace, cómo me alegra que sigas aquí. Eres lo mejor que me ha pasado en este trabajo. — No cantes victoria todavía. Aún no te he dado la peor parte de tu trabajo. Grace le hizo un gesto para que se sentara en su escritorio nuevo, ubicado justo frente a la puerta de la oficina de Theo. Con un suspiro, le entregó un grueso fajo de documentos. —Tu trabajo es básicamente hacer todo lo que Theo no quiere hacer o lo que olvida hacer, ir con él a almuerzos de negocios o empresariales entre otras miles de cosas—dijo Grace—. Correos, citas, recordar reuniones, evitar que las indeseables se cuelen en su oficina... —¿Indeseables? —pregunta Thais, levantando una ceja. —Oh, querida, pronto las conocerás. Son como hienas, merodean esperando cualquier descuido. Hijas de empresarios, socios, accionistas o clientas casuales. Thais asintió y tomó notas mientras Grace le explicaba los procedimientos, desde cómo filtrar llamadas hasta cómo preparar el café exactamente como le gustaba a Theo: n***o, sin azúcar, pero con una pizca de leche. —¿Es cierto que bebe cuatro tazas de café al día? —pregunta Thais. —Siete en los días malos. O cuando su madre lo llama. —Dios, no ha cambiado nada. Justo en ese momento, Theo salió de su oficina con sus gafas gruesas en su lugar y una expresión de absoluto control. —¿Todo en orden? —pregunta, mirando a ambas mujeres. —Por ahora sí, Ceo Lombardi —responde Thais con una sonrisa profesional. —Puedes decirme Theo como Grace cuando estamos solos, Thais —interrumpió él, mirándola fijamente. —Claro, Theo—dijo Thais con una sonrisa burlona. Grace soltó una carcajada. —Eso me gusta —comenta Theo con una media sonrisa—. Thais, necesito que organices mi agenda para esta semana con ayuda de Grace y por favor, recuerda decirle al equipo de contabilidad que adelanten los informes. —De acuerdo, pero antes... ¿puedo hacerte una pregunta? —Adelante. —¿Por qué sigues usando esas gafas tan gruesas? Theo parpadeó, sorprendido, y luego se ajustó las gafas con un gesto pensativo. —Me hacen ver profesional. ¿No lo ves? Y mis lentes de contacto no están listos—sonrie— Irás por ellos después del almuerzo. Thais cruzó los brazos y lo miró con incredulidad. —Te hacen ver como si dieras clases de cálculo avanzado en la universidad. Grace, que no pudo contenerse, estalló en risas nuevamente. —Bien, me lo pensaré, cuando termines ahí por favor ven a mi oficina—dijo Theo, sacudiendo la cabeza y regresando a su oficina. Cuando se cerró la puerta, Thais miró a Grace con una sonrisa maliciosa. —¿Eso fue una sonrisa tan temprano y un chiste? —Suerte con eso, es la primera vez que lo veo sonreír tanto después de mucho tiempo. Tu realmente eres algo. Thais minutos después, se sentó tras su escritorio y él le hizo señas para que tomara asiento. —La junta de hoy es importante. Estará mi padre, Angela su secretaria es una arpía y es su amante así que prefiero que no te hagas amiga de ella de lo contrario me sentiré vigilado porque se que te estará bombardeando de preguntas referentes a mi, también estarán Linda y Derek. Necesito que tomes nota de todo lo relevante y me dejes un informe detallado después. —Por supuesto, Theo. ¿Algo específico que deba anotar con mayor atención? — pregunta mientras sacaba su libreta. —Quiero que pongas especial atención en lo que dice Linda. Siempre tiene alguna jugada oculta bajo la manga. — dijo, frotándose la barbilla. —Y ten cuidado con mi padre, es... observador. — Thais arqueó una ceja, pero no hizo preguntas. —Anotado, jefe. — responde con una sonrisa contenida. De repente Theo se levanta y se acerca a Thais. —No te muevas. Ella por un momento se quedó helada, él se acerca lo suficiente para ponerla nerviosa, al punto de dejar de respirar. Ella pudo sentir su colonia inundando sus sentidos, mientras ve su manzana de Adán. Él le clava la mirada sin apartarla. —Theo...
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