Thais se quedó en silencio por un momento, volviendo a recordar lo que había sucedido mucho antes, en Nueva York.
El, una vez le regalo un collar un san Valentín muy caro, pero ella no lo aceptó. Recordó el día en que Theo la defendió de ser violada por esos tres chicos, tenían días sin hablarse antes de ese suceso, ella solo quería poner distancia y concentrarse en estudiar, además sus padres ya le habían dado la noticia de que el año próximo se mudarían, su padre había cambiado de trabajo y encima ese colegio representaba mucho gasto.
Ella había estado acorralada, a punto de ser atacada, cuando él apareció de la nada y los enfrentó con valentía. En ese momento, ella le había dicho que le debía un favor, un favor que no sabía cuándo podría devolver si se iba.
Recuerda las palabras de Theo aun estando adolorido por los golpes que recibió: "No te preocupes, Thais. No necesito nada ahora. Más adelante, si te necesito, me lo devolverás."
Ella le dio el dedo meñique y cerro la promesa uniendo su dedo con el de el.
Y ahora, diez años después, ese día ha llegado. Ella debía hacerse pasar por su amante para que los padres de Theo lo dejaran en paz con eso de las citas y sacarse a la indeseable de Amanda.
Thais sintió el peso de esas palabras en su pecho. No sabía si estaba preparada para asumir el papel que Theo le pedía, pero era consciente de que no podía dar marcha atrás.
—No estuvo mal—le dice finalmente a su amiga sin apartar los ojos de la taza frente a ella.
—¡A bicho, te gusto! Lo sabía, antes el no era un chico común, debe haber cambiado un montón. ¿Se ve buenote? Recuerdo que era gordo y nerd con unas gafotas con fondos de botellas.
—Algo así, a cambiado mucho, parece que va al gimnasio, no usa gafas que yo sepa y se ve mas alto e imponente. Es mas atrevido y besa delicioso ¿Feliz? Sólo espero que todo esto no se nos vaya de las manos, creo que no es su primer beso, maldita sea estoy divariando por tu culpa, en fin, me dijo que quiere continuar con su vida cuando se deshaga de Amanda.
Unos días después, Thais recibió los resultados de los análisis médicos que había hecho en el laboratorio. El correo de la empresa llegaba con la confirmación de que todo estaba en orden, y ella sintió una ligera presión levantarse de sus hombros al saber que no habría inconvenientes en ese aspecto.
Decidió ir directamente a la oficina de Theo para entregarle los resultados en persona, ya que, a pesar de todo lo que había sucedido, sentía que debía cumplir con los compromisos que había adquirido. Emily le presto ropa para que asistiera ya que medían casi lo mismo y la ayudo a maquillar.
Cuando llega a la oficina, la recepción estaba tranquila. La secretaria la miró y sonrió amablemente, indicándole que Theo la estaba esperando. Thais tomó aire antes de entrar.
Sabía que su vida estaba a punto de dar un putö giro, y aunque aún no sabía bien cómo manejar la situación, sentía una mezcla de ansiedad y expectación al mismo tiempo.
Al abrir la puerta, Theo estaba sentado en su escritorio, revisando algunos papeles. Llevaba puestos unos anteojos modernos que lo hacían ver cien veces más sexy. Levantó la vista cuando escuchó el suave crujir de la puerta.
— Oh...buenos dias. Hola, Thais. Qué bueno verte—dijo con una sonrisa cálida.
—Hola, gracias por recibirme— le dice viendo lo profesional que se ve, como si no hubiera metido su lengua en su garganta hasta el fondo días atrás.
Thais le entrega los resultados de los análisis, y él los toma sin decir mucho, leyéndolos rápidamente.
— Todo está en orden. Como esperaba —dijo, con una leve sonrisa. — Entonces, ya es hora de que empieces.
—Pensé que ya no usabas lentes—no pudo aguantarse las ganas de mencionarlo.
—Eso…si los uso, cuando mis lentes de contacto se vencen o en este caso, no se donde diablos los dejé anoche. Deberé mandarlos a hacer de nuevo.
Thais asintió, aunque todavía no estaba completamente segura de lo que significaba esa frase. Theo le extendió una llave plateada, que brillaba bajo la luz de la oficina.
— Aquí están las llaves del apartamento que vas a ocupar—se pone de pie y se acerca a ella— Es un lugar bonito y tranquilo. Está justo frente a mi departamento, por si necesitas algo o cualquier cosa que surja. No quiero que tengas problemas con eso. —dijo Theo, de una manera que transmitía cierta preocupación por su bienestar.
Thais se quedó mirando la llave en su mano, sorprendida por lo generoso que era. No era solo un apartamento, sino que había algo en su tono que hacía que la oferta pareciera mucho más que una simple cortesía. Sin embargo, no pudo evitar sentirse algo incómoda, pensando en todo lo que significaba estar tan cerca de él, especialmente después de la solicitud de hacerse pasar por su amante. ¿Cómo iba a manejar eso?
— Gracias, Theo. De verdad, lo aprecio —responde, con una pequeña sonrisa.
Él asintió y se levantó de su silla.
— Es parte de nuestro acuerdo. Te doy el día libre para que te instales. No te preocupes por nada. Tómate el tiempo que necesites. Estaré aquí para lo que necesites.
Thais agradeció una vez más y salió de la oficina, con una sensación extraña en su pecho. Sabía que este era solo el comienzo de un nuevo capítulo en su vida, pero las preguntas seguían siendo muchas y las respuestas aún no estaban claras.
Decidió viajar al Bronx esa misma tarde. Tenía que recoger sus cosas antes de mudarse al nuevo apartamento. Durante el trayecto en tren, sus pensamientos se enredaban entre lo que acababa de vivir y lo que iba a comenzar a vivir.
El Bronx había sido su hogar en los últimos diez años, y ahora tenía que enfrentarse a la realidad de dejar atrás una parte de su vida para comenzar de nuevo. No solo se mudaba de barrio, sino que también estaba dejando atrás a sus padres, que siempre la habían apoyado, aunque su relación con ellos nunca había sido sencilla.
Al llegar a su casa, sus padres estaban sentados en la sala, mirando televisión. Cuando entró, su madre levantó la mirada y sonrió, mientras su padre seguía concentrado en la pantalla.
— Ya estás aquí ¿Cómo te fue, hija? —pregunta su madre con entusiasmo.
Thais sonríe y se sienta junto a ellos.
— Bien, muy bien. Conseguí el trabajo que quería como te dije por teléfono. ¡Soy oficialmente la secretaria y asistente! —dijo, con un tono que mezclaba emoción y sorpresa. No podía creer que había logrado algo tan grande, y mucho menos que estaba involucrada con una persona tan poderosa en el mundo empresarial.
Su madre abrió los ojos, sorprendida, pero también se veía orgullosa.
—Me alegro hija—dice su padre.
—¿Tu jefe como es?—pregunta su madre.
—No podrás creerlo madre cuando te lo diga. Es Theodoro Lombardi
— ¿Theo Lombardi? ¿El chico con gafas medio nerd, que te llevaba varios cursos en el colegio cuando vivíamos en New York? ¡Vaya, hija, eso es impresionante!—dijo, mientras su padre dejaba de mirar la televisión y prestaba atención.
Thais asintió, y le explicó cómo había dado con ese empleo y cómo había obtenido el trabajo por coincidencia. No mencionó los detalles más complicados, como el hecho de que ahora debía hacerse pasar por su amante, ni cumplir una promesa imborrable, pero sentía que algo dentro de ella le decía que debía ser cautelosa. A sus padres no les podía contar todo, al menos no aún.
— Bueno, es una gran oportunidad. ¿Cuándo comienzas?—pregunta su padre, quien parecía más tranquilo ahora que su hija había encontrado algo que la entusiasmaba.
— Comienzo mañana. Pero antes de eso, debo mudarme. En el trabajo me asignaron un apartamento, así que no tendré que viajar a diario. Está en un condominio de lujo. —responde Thais, aún sin poder creer que la situación fuera tan surrealista. No mencionó que viviría en el mismo edificio Theo.
Su madre la mira preocupada, pero también con una chispa de curiosidad.
— ¿Y cómo te sientes con todo esto? ¿Estarás todo bien viviendo sola?—pregunta, queriendo asegurarse de que su hija no estuviera tomando decisiones precipitadas.
Thais asintió y sonrió con calma, aunque por dentro se sentía algo insegura.
— Sí, mamá. Estaré bien. Solo que, bueno... hay mucho por hacer. Necesito organizar mis cosas y mudarme al nuevo apartamento, pero en general todo está bien.
Su padre suspira, como si hubiera estado conteniendo una preocupación que al final decide soltar.
— Nos alegra que hayas encontrado algo que te entusiasme y al mismo tiempo un empleo mejor pagado, se que llevas las riendas de los gastos, te agradezco que nos ayudes a tu mamá y a mi. Si tan sólo no me hubiera enfermado tanto. Solo recuerda que siempre puedes contar con nosotros, ¿entiendes? Esta casa tiene las puertas abiertas siempre —dijo con seriedad, mirando a su hija.
Thais sonrie con gratitud.
— Lo sé, papá. Gracias. No se preocupen. Todo va a estar bien.
Pasaron el resto de la noche conversando sobre su mudanza y organizando lo que iba a necesitar para su nuevo hogar. Aunque el ambiente era tranquilo, Thais no podía evitar sentirse un poco perdida. El trabajo que había obtenido no solo venía con oportunidades, sino con complicaciones.
La cercanía con Theo, la responsabilidad de hacerse pasar por su amante, y el peso de esa mentira que ahora tendría que sostener la preocupaban.
A pesar de todo, sabía que no había vuelta atrás. Ya estaba dentro de esa nueva vida, y solo el tiempo diría cómo sería el futuro. Mientras tanto, Thais decidió que lo único que podía hacer era seguir adelante y tomar cada paso con la determinación que siempre había tenido. Y, con suerte, algún día, tendría una vida plena sin tantas precariedades.
Antes de dormir, Thais nota que la pantalla de su celular enciende. Es una notificación de una de sus redes, un recuerdo de una foto de ella con Theo en dónde la etiquetaron los maestros de su clase hace diez años atras, en la foto estaban en la hora de deporte, Theo con sus lentes y gordito como un bollito y ella tan flaca como un espagueti, uno al lado del otro. Por un momento una sonrisa iluminó su rostro. No puede creer que el destino la haya puesto nuevamente en su camino. Y así, sin querer seguir dando vueltas al asunto se quedó dormida.
Mientras tanto en la habitación de Theo, en New York, él aún estaba en la sala con un vaso de wisky en las manos. La misma notificación que recibió Thais donde fue etiquetada, él también la recibió. Él vio quién los etiquetó a él y a todo el grupo de estudiantes, fue profesora de deporte de aquel tiempo. En la etiqueta ve el usuario de Thais y entra por curiosidad. En todas las fotos que vio no identifico a ningún hombre con excepción de su padre. Ahora entiende que verdaderamente ella no tiene a nadie como pareja.
Está seguro que las cosas entre ellos ya no serán como en el pasado. El solo recordar sus labios hace que su virilidad se endurezca. Tal vez él haya empezado aquello con la excusa por la promesa que ella le debía, pero no está dispuesto a que las cosas entre ellos queden en un simple cumplimiento. Theo tiene otros planes para su amada Thais.