El silencio se vuelve asfixiante, una presencia que me oprime mientras espero, paralizada entre la puerta y mis propios pensamientos. La habitación parece más pequeña, más fría, y el eco de los pasos de Manson aún resuena en mi mente. Cada fibra de mi cuerpo me grita que lo siga, que no me quede aquí como una espectadora pasiva de mi propia vida. Pero su advertencia sigue rondándome. "Quédate aquí." Como si eso pudiera mantenerme a salvo. Como si quedarse quieta fuera mi naturaleza. Camino de un lado al otro, mis nervios a punto de estallar. Cada pequeño ruido fuera de la puerta me pone en alerta, y no puedo más. Me acerco a la puerta y apoyo la oreja contra ella, intentando escuchar algo. Nada. Mis manos tiemblan cuando giro el picaporte, pero la puerta no cede. Manson la cerró desde

