Me quedo paralizada bajo su mirada, incapaz de decidir si debería huir o enfrentarme a él. —Dejá de jugar, Rourke —dice Manson, dando un paso al frente—. Decime qué querés y terminemos con esto. Rourke se encoge de hombros, como si todo esto fuera un asunto menor para él. —Quiero lo que siempre he querido: que hagas lo que se te pidió, sin más dramas. Y también… —Hace una pausa, sus ojos brillando con algo oscuro—. Que la señorita aquí presente deje de ser una distracción para vos. Mi sangre se enfría. La amenaza implícita en sus palabras es suficiente para que cada parte de mí quiera salir corriendo. Pero Manson da otro paso hacia él, acercándose lo suficiente como para que estén cara a cara. —Si la tocás… te mato —dice Manson, su voz baja y peligrosa. Rourke sonríe, como si estuvie

