Capítulo 1 | Reencuentros y Anuncios Desagradables II.
Charlotte Atlas.
Mi madre mencionó que su familia estuvo en la misma fiesta que la nuestra hace cinco años, eso quiere decir que quizás nos vimos. Si es así entonces debo de recordar su rostro.
Si él está pidiendo hablar conmigo significa que también sabe o sospecha el porqué de la cena de esta noche.
En cuanto llegó a la empresa, aparco en el estacionamiento del subterráneo. Activo la alarma de mi auto y me dirijo a los ascensores. Pulso el botón para que el elevador me lleve al cuarto piso, donde está mi oficina. Y en menos de un minuto estoy ahí. Camino hasta llegar casi al final del pasillo derecho, y allí puedo ver a Joselyn hablando con un hombre que está de espaldas. Se ve que está a punto de perder la paciencia cuando me ve y su rostro instantáneamente es de puro alivio.
—Señorita Atlas. —cuando me nombra el hombre delante de ella se voltea para mirarme.
—Princesa Atlas... —murmura él mientras camina hasta estar delante de mí. Pero lo ignoro.
—Joselyn, ¿Enviaste lo que te pedí? —cuestiono mirándola.
—Sí, señorita Atlas. También le envié a su correo las opciones para el hospedaje durante su viaje. —sonrío satisfecha.
—¿Podrías ir a pedirle los documentos que solicite ayer al departamento de publicidad? —ella mueve la cabeza asintiendo como respuesta—, y cuando los tengas espera mientras atiendo al señor Maxwell. —hago saber y me volteo hacia Maxwell otra vez.
—¿Así que me ignoraste...? —me encojo de hombros.
—Sígame, por aquí. —camino hasta la puerta de mi oficina. Siento sus pasos detrás de mí y una vez que entra en mi oficina cierro la puerta con seguro, tomo el control de las persianas y las bajo.
—Si crees que vamos a necesitar tanta privacidad es porque ya lo sabes. ¿No es así? —me pregunta y en verdad no entiendo porque me sigue hablando de esta manera, no nos conocemos.
—En primer lugar, señor Maxwell, deberíamos iniciar por el hecho de que no soy “princesa Atlas” sino Charlotte Atlas o señorita Atlas, como mejor le parezca. Y no me gusta que personas que no son cercanas a mí, me tuteen, absténgase de hacerlo. —él me mira con expresión de sorpresa, mientras que yo tomo asiento detrás de mi escritorio.
—Seguiré llamándote princesa Atlas o aún mejor, porque no, mi amor, cariño. Esposa... —cierro los ojos con fuerza y lo interrumpo.
—¿Por qué y para qué está aquí señor Maxwell? —cuestiono cruzándome de brazos.
—Creo que ya se te informó acerca de la cena de esta noche, así que vine a decirte tres cosas. —levanto las cejas hostigada y aburrida.
—Adelante, continúe. Tengo curiosidad. —le muestro una sonrisa falsa.
—Primero, te lo dije... —frunzo el ceño—, cuando éramos más pequeños, probablemente no lo recuerdes, pero puede que seas un poco responsable de esto. Segundo, que sepas que no tengo idea de porque a mis padres se les ocurrió esto, yo no tengo nada que ver. Tercero, y aunque me parezcas verdaderamente hermosa, no tengo intenciones de casarme contigo. —suspiro y niego con la cabeza.
—Yo tampoco quiero casarme, no importa que sea con usted o con cualquier otro hombre, aun no tengo pensado hacerlo. Gracias por el halago, no lo necesito, pero gracias. Sin embargo, creo que... —él me interrumpe.
—Lo sé, nuestras familias harán hasta lo imposible porque nos casemos. —trago grueso y me recuesto contra mi silla.
—¿Y qué pasaría si simplemente lo aceptamos? —frunce el ceño, pero aun así su mirada me pide que continúe hablando, así que eso es lo que hago—. Quiero decir, no es que sienta algo por usted, pero podríamos evitarnos tantas cosas y también podríamos obtener beneficios, muchos más de los que nuestras familias esperan... —no pierde ni por un segundo la atención de mis palabras.
—Así que la princesa Atlas que me perseguía de niña ahora es completamente una mujer de negocios. —pongo los ojos en blanco ante su comentario.
—¿Y usted no lo es...? —él sonríe y asiente con la cabeza. Si no me equivoco a diferencia mía es el vicepresidente de todo el imperio empresarial de su familia.
—Entonces, propones que simplemente nos casemos, firmemos el contrato que van a preparar y logremos los objetivos para ambas familias. ¿Cierto? —asiento.
—Sí, pero tendremos que dejar muchos puntos en claro. —él me mira fijamente y luego suspira.
—Princesa Atlas, nunca voy a tocarte sin que tú quieras, no soy esa clase de hombre. Dudo que en algún momento puedas resistirte, porque debes aceptar que...
—Sí, sí, eres muy guapo, carismático y sobre todo egocéntrico... —él está por refutar mis palabras, pero se lo impido—, digo, elegante... —me corrijo fingidamente.
—Lo soy, pero porque tengo mis razones para serlo, querida futura esposa... Y no voy a volver a decir que eres hermosa porque eso lo sabes bien. —se levanta de donde está sentado—. Supongo que nos veremos hoy por la noche. Ya estoy muriendo de ganas de volver a verte, princesa Atlas.
—Como diga, hasta la noche, Maxwell. —me regala una última sonrisa y sale de mi oficina.
Luego de que Maxwell se marchara de mi oficina seguí con el ritmo habitual de mi trabajo. Cumpliendo con mis respectivas obligaciones.
...
—Señorita... —dice Joselyn asomándose por la puerta de mi oficina.
—¿Si...? Dime.
—¿No es tarde ya? Tiene un compromiso con sus padres en menos de dos horas. Ya ha hecho todo lo de hoy y avanzado con dos de los documentos que teníamos previstos revisar mañana. Debería ir a descansar y prepararse. —sonrío ante la forma en la que se preocupa.
—Lo sé, gracias por recordármelo. Puedes irte a casa, me encargare de cerrar aquí. —ella asiente.
—Claro, tenga buena noche, señorita Atlas. —se despide.
—Tú también, Joselyn. —digo y unos minutos después puedo ver por el reflejo de la luz del pasillo que se ha ido.
Termino las cosas en la oficina y cuando bajo ya todo esta apagado y cerrado. La única persona a la que veo es a uno de los guardias de mi padre, siempre se queda aquí hasta que la última persona salga. Lo saludo y luego de cerrar, él mismo me ofrece llevarme a casa y no me niego porque verdaderamente estoy cansada.
Tanto es mi cansancio que ni siquiera soy consciente de cuando estamos al frente de mi casa.
—Señorita, hemos llegado. —asiento—, mañana por la mañana alguien de seguridad traerá su auto desde el estacionamiento de la empresa. Que descanse.
—Muchas gracias. —agradezco y me bajo del auto.
—¡Charlotte! —ni bien entro en mi casa y ya tengo a la menor de los mellizos pegada a mí.
—Lilibeth, ¿Cómo estás? —ella me sonríe mientras caminamos hacia mi habitación.
—Bien. Hoy papá llegó temprano y quiso ayudarnos a cocinar galletas a Marie y a mí, pero fue un desastre, igual luego nos preparó chocolate y compramos unas galletas y... —la miro extraña cuando deja de hablar de golpe.
—¿Qué sucede...? —ella hace una línea con sus pequeños labios y se sienta al borde izquierdo de mi cama.
—Marie dijo papá quiere que te cases. Pero si te casas te irás de aquí. ¿Vas a irte, Loty? —me mira con ilusión de que le dé una respuesta negativa, pero no puedo hacer eso.
—Han crecido y yo también. En cualquier momento iba a formar mi propia familia, así como ustedes también lo harán en el futuro. Y claramente para ello tengo que irme de casa y tener una propia, pero no dejaré de estar al pendiente de todos ustedes. Y si no estoy para abrazarte y alentarte en tus momentos de miedo para ello, Marie... —ella rodea la cama y me abraza de golpe.
—Pero cuando tengas hijos ya no... —pestañeo varias veces y le sonrío.
—Falta mucho aún para eso, Lilibeth, puedes estar tranquila... —ella parece calmarse—, ahora debes ir a descansar. —ella arruga el entrecejo.
—Pero creí que iba a haber una fiesta. Todo el salón principal está arreglado y nuestros padres están vestidos de manera elegante. —frunzo el ceño, ni siquiera se tomaron la decencia de evitar que los niños estuvieran aquí.
—Sí, así es. Pero es sobre asuntos que tienen que ver con trabajo y que los adultos vamos a solucionar. Así que debes ir a dormir. ¿Si...? —ella hace un puchero, pero asiente lentamente.
—Está bien, hasta mañana.
—Que duermas bien, Lilibeth... —ella vuelve a abrazarme y luego sale de mi habitación.
—...