No entiendo cómo demonios he terminado dentro de un armario con el idiota de mi amigo y espiando a Kiara con su ex a través de una diminuta rendija. No recordaba sentirme en esta situación desde que una vez me tuve que quedar 6 horas metido debajo de la cama de una chica porque sus padres habían llegado por sorpresa. —Le va a meter la lengua hasta la campanilla —me susurra Álex y yo le golpeo en el estómago con mi codo—. Auch. —No digas tonterías y cállate, quiero saber de lo que están hablando. —Respeta su privacidad. —No me da la gana —presto toda mi atención en lo que ven mis ojos y las voces que escucho un poco lejos, ellos dos están sentados en la cama y no me gusta que estén tan cerca. —¿Estás seguro de que eso servirá? —habla Kiara mientras mueve su pelo, está algo impaciente.

