—Vamos a darnos una ducha y luego me acompañas a desayunar —respiro profundo y Edmon acaricia mi espalda con suavidad y delicadeza—. No temas mi amor, sabes que yo estoy aquí para apoyarte y hacer lo que tú creas conveniente—sus palabras me ayudan mucho. Me levanto y con la mirada perdida camino a paso lento a la ducha, tal vez el agua que llegue a derramar todo mi cuerpo me haga pensar que es lo que debo hacer, será que debo enfrentar todo o tengo que ocultarme para toda la vida. Mi historia comienza aquí antes de diez años… Después de ese día que tuve mal del tobillo recuerdo perfectamente como si fuera ayer, sí, recuerdo que estuve más de dos semanas en casa y cuando Edmon me acompañó

