Capítulo 4

2268 Words
17 largos y eternos días han pasado desde que... está en coma. No a habido ningún cambio en su estado. La doctora dijo que su pulmón está casi sano y debido a la excelente salud que tenía antes del accidente, su recuperación va progresando. La cuestión es que no sé en qué sentido lo dijo. Maya simplemente no abre los ojos y no hace ningún intento por querer regresar a este mundo.  Su cumpleaños número 26 fue el 13 de diciembre, y debo decir que fue uno de mis peores días. Tuvo un fallo respiratorio y los médicos nos prohibieron verla por miedo a que tuviese una infección y...  Bueno, eso podría acabar con su vida. Hace casi una semana la pasaron a una habitación privada. Quitaron el puto tubo que salía de su boca y ahora solo tiene una mascarilla. Sus delgados brazos siguen llenos de vías y cada día que pasa aparecen más. Estamos en nochebuena y aunque tengo permiso para regresar a Londres por las fiestas navideñas, no he podido abandonar el hospital donde se encuentra. —Pareces el guardián de los sueños de la bella durmiente —interrumpe mis pensamientos, Alaric—. De verdad estoy agradecido de que no te hayas regresado a Londres. Ustedes han sido un apoyo incondicional hacia mi estropeada familia. Suspira y me hace señas para que sigamos bajando hacia el calabozo a ver a su abuela. Los de servicio secreto nos abren la puerta y esta vez, Alaric no me permite salir. —Querido nieto —su abuela con fingida emoción se acomoda en su cama—. ¿Cómo sigue mi amada nieta? He querido ir a verla, pero no me dejas. ¿Por casualidad ya se murió? La sangre me hierve hasta tal punto de querer romper su cara a patadas. Alaric tiene cara de odio y toma asiento en una silla que estaba frente a su celda. —¿Por qué le hiciste eso? Ella es tu sangre. No entiendo por qué debes ser tan cruel con alguien que dices amar —reprocha, con voz carrasposa. —No la amo y es una sangre sucia —nos mira con frialdad—. Es producto de una noche loca, es hija de un plebeyo —me ve con asco—, de un don nadie, de una basura muerta de hambre, de un ser insignificante que le puso la mano encima a mi hija y la intentó enamorar. Cada palabra la escupió con tanto odio que me hizo sentir que iban dirigidas hacia mí. ¿Así es como me veo para la realeza? —¿Mi hermana sabe de esto? —ella niega con la cabeza—. ¿Por qué la odias tanto? —Alaric vuelve a preguntar, pero esta vez se escucha dolido. —Lo que falta es que llores por la bastarda —suspira con fastidio, ¿su abuela? Ese título le queda grande—. No me hagas parecer la mala del cuento. Ni la amo ni la odio. Solo verla me produce asco y ella tiene algo que me pertenece, sin eso no podré tener el control total de la realeza —una risa sádica sale de sus labios—, por eso me dan ganitas de matarla y así en medio del dolor me diga donde esta lo que quiero. Empuño mis manos y siento que este lugar se está haciendo pequeño para todos. Alaric se levanta de la silla y la enfrenta. —¡Lastimabas a mi hermana desde que tenía 5 años por un puto objeto! —le grita—. ¡¿Qué mierda de daño te pudo hacer una niña, desgraciada?! —Fueron desde los 3 años para ser exactos, ¿pero quién cuenta, mi vida? —dice con sorna—. Su error fue nacer mujer y no voy a descansar hasta que esa bastarda este a mil metros bajo tierra —se levanta de la cama, se acerca a las rejas y nos ve con diversión—. Aquí tengo el mismo poder que estando afuera. Mi gente también odia a la perra que tienes como hermana. Alaric se acerca y mete sus manos por las rejas tomando el cuello de la camisa de esa señora. La pega tan fuerte de la celda que el estruendo que hace es grande. La vieja gime de dolor y veo su rostro que muestra miedo. —Gracias por decirnos todo, abuela —la última palabra se escuchó con odio—. Cada puta cosa que dijiste fue grabada y honestamente, quería darle esto a la policía alemana, pero sé que tienes una cuenta con algunos rusos. La suelta y el terror de la señora le desfiguran la cara. —¿Me entregaras a los rusos? ¡Soy tu abuela, Alaric! —grita con desespero. —Querida abuela, no te entregaré a los rusos —ella suspira con alivio—. Ellos simplemente vendrán por ti. —¡Maldito bastardo! —grita—. ¡Recuerda que tienes una sola vida y dos mujeres que amas con locura! —Deja de amenazarme. Te recuerdo que también soy alemán y se jugar igual de sádico que tú —la enfrenta. —Yo tengo a Thomas de mi lado, querido nieto —mi respiración se tranca—. Thomas Henderson es mi secuaz. —Es mi mejor amigo, no... —susurro por lo bajo. El jamás le haría daño a alguien. Fue criado por sus abuelos en un pueblito de Escocia y le enseñaron la importancia que tiene la vida. Eran demasiado pobres, pero eso no importó para enviarlo de regreso a Londres para que estudiara y saliera adelante. —¿Sorprendidos? —nos pregunta, Alaric me ve con desconcierto y niego con la cabeza—. Tan solo tuve que amenazar con que mataría a su hermana y... Una risa seca se me escapa haciéndola callar rápidamente. Los dos me miran intrigados ante mi burla. —Perdón, no pude contener la risa —me excuso con gracia—. Su majestad, usted es muy divertida —la vieja frunce el ceño y me ve con odio—. La próxima vez que quiera culpar a alguien investigue el pasado de esa persona. —¿De que estas hablando, Bennett? —pregunta, Alaric, muy preocupado. —Quite esa cara, su alteza —le respondo, dirijo mi vista a la vieja—. Thomas es hijo único. Su hermana menor murió en un atentado en Londres hace once, bueno, ya doce años —el rostro se le pone rojo y me ve con mucho, pero mucho odio—. Y para que no vaya a decir que ahora va por sus padres —la señalo con mi índice y una risa burlona—, ellos perdieron contacto con Thomas. Se fueron de Londres y están viviendo en algún lugar del mundo. —Miserable muerto de hambre... —intenta hablar, pero la interrumpo. —Y antes de que me vaya a amenazar de muerte —la interrumpo de nuevo, Alaric muere por reírse y empieza a caminar hacia la puerta—. Mi hijo está muerto, no tengo esposa, mi madre es la abogada de la reina Isabel y mi padre es el mejor amigo del príncipe de Gales. Hago un asentimiento de cabeza despidiéndome de la vieja y ambos salimos del calabozo con una sonrisa. Mientras subíamos las escaleras Alaric vuelve a hablar. —¿Eso es cierto? Entonces puedes... —lo detengo en seco. —Mi hijo murió y mi esposa me engañó. El resto es inventado, su alteza —me encojo de hombros y seguimos riendo. —Que imbécil eres —responde, mientras seguimos nuestro camino. No sé cómo Amaya pudo aguantar tanto de ese monstruo. Engaña a la gente y busca excusas baratas para manchar la imagen de personas inocentes. Si no conociera a Thomas y su historia, probablemente le hubiese creído. «Gracias por siempre cuidar a tu hermano mayor, Heather», sonrío, ante mis pensamientos. *****   Hoy se cumplen 23 días donde Maya sigue sin despertar. Se suponía que no pasaría mucho tiempo para que abriera sus ojitos castaños. Honestamente esto es la mayor tortura que he vivido. Los médicos han dicho que en cualquier momento podría despertar, pero no lo está haciendo y eso me desespera. La extraño tanto. Llegamos al hospital que por milésima vez ignoro el nombre. Aquí no conozco nada y tampoco es que me importe. Como de costumbre, los custodios nos quedamos en la cafetería y la familia real va a la habitación de Amaya. —¿Cómo siguen de sus heridas? —pregunta, Liam, tomando asiento en la mesa. —He tenido peores —responde, Thomas. —Ya se me había olvidado que me habían disparado —reímos, vuelvo hablar—. Tu sí que estas jodido hasta los pies, Liam. —Tiendo a meter la pata siempre —se ríe, se queda serio y suspira—. Me siento inútil sin poder ayudarla. Si no hubiese estado herido ella no se hubiese arriesgado tanto por mi. —Todos nos sentimos culpable de alguna forma —interviene, Thomas—. Este palacio es una maldición para ella. De verdad que en Londres jamás hubiese ocurrido esto. —Pero pasó y por más preparados que estemos, y aunque según, seamos los mejores guardaespaldas —suspiro sin ganas—, ella fue herida en nuestros ojos y ahora está en esa cama sin querer despertar. —Esto esto es una mierda. Katherine no para de llorar por su prima y no tengo idea de que hacer —Thomas pasa sus manos por su cabello—. No puedo animarla porque me siento miserable y deseo que Maya despierte y me moleste como siempre. —Debemos encontrar al hijo de puta secuaz de la reina. Por esa persona estamos en esta situación —habla Liam con firmeza. —¿Si les digo en quien no confío me crearían? —pregunto, ambos asienten—. Sospecho en la madre de Amaya y su guardaespaldas. El silencio reina en la mesa por algunos minutos. El rostro de Liam y Thomas es de enojo y confusión. —Hace tiempo que yo desconfío de Amara —responde, Liam—. Ella permitió que lastimaran a su hija por mantener sus riquezas. —Rebeca cambió de la noche a la mañana. También lastimó a Amaya y a Katherine sin razón alguna —apunta Thomas. —¿Y quien mejor que ella que tiene acceso total a la información de la realeza por su padrastro? —ambos asienten—. Además, a ninguna de las dos las hemos visto en estos días. Nos quedamos en silencio tratando de asimilar todo lo que dijimos. Llegamos al acuerdo de vigilarlas a ambas y no decir nada frente a ellas. Alaric nos mandó a llamar y dimos por terminada la conversación, pero sin antes ponernos de acuerdo para investigar a fondo a la princesa Amara y a Beca. *****   Llegamos al piso 6 donde se encontraban todos con sus caras largas y de aspectos asustados. Sinceramente nos alarmaron. Casi corrimos al ver a la esposa de Alaric salir desconcertada de la habitación. —Duquesa, ¿le sucedió algo a la princesa? —pregunto, con fingida tranquilidad.  Siento mi corazón latir como loco y temo lo peor. —Alaric los espera adentro —señala la puerta—. Guarden la calma y entren en modo guardaespaldas, por favor. Confundidos y yo bastante cagado, nos dirigimos a la puerta de la habitación. Suspiro y tomo el picaporte abriendo la puerta. En total silencio nos adentramos en la habitación y nos colocamos frente a la cama de una Amaya muy risueña. ¡Despertó! Esta sonriente y algo delgada, pero sus ojitos castaños están llenos de vida otra vez. Su suave voz es la mejor música perfecta para mis oídos. —Gracias por volver —nos habla, Alaric, pero lo noto entre feliz y triste—. Como pueden ver mi hermana ya despertó. Mi sonrisa se ensancha y muero por ir a besarla. Con la emoción a nada de desbordarse, y el poco control que tengo, me quedo en mi lugar. —Su alteza, estoy muy feliz de verla despierta y con tan buen semblante —habla, Liam, sonriendo. —Estoy muy feliz de estar de regreso, Liam —lo ve con alegría, sus ojos se posan en mi amigo y yo.  Frunce su ceño y sus ojos muestran miedo. —Amaya, ¿estás bien? —pregunta, preocupado Alaric. —Lo siento, pero no me siento nada cómoda con los extraños —murmura, mi corazón se detiene y mi mundo se empieza a derrumbar con las siguientes palabras—. Deben ser nuevos porque no los conozco —sonríe con dulzura—. Me llamo Amaya y soy la princesa de este país —un puto nudo se forma en mi puta garganta—. ¿Ustedes dos quiénes son? El silencio se apodera del lugar y yo solo la puedo ver esperando que todo sea una mierda de juego. —Thomas Henderson y soy guardaespaldas de lady Katherine, su alteza —hace una pequeña reverencia mi amigo, mientras se presenta con voz temblorosa. —No sabía que Katherine ya tenía custodio nuevo —le sonríe hermosamente—. Espero que mi prima no le cause problemas, señor Henderson. Mi amigo se tensa y le da una risa forzada. —¿Y usted quién es? —me ve como si fuera el rey de los extraños. —Matthew Bennett y soy el guardaespaldas del príncipe Alaric, su alteza —suelto las palabras como si me quemaran—. Si me disculpan, me debo retirar. La duquesa me pidió que le comprara algunas cosas. Alaric me hace señas de que está bien y al llegar al picaporte de la puerta ella vuelve a hablar. —Encantada de conocerlo, señor Bennett —sus palabras genuinas hacen que mis ojos piquen—. Espero poder llevarme bien con usted. Asiento sin verla y salgo de ahí como alma que lleva el diablo. Ignoro todo a mí alrededor y me voy por las escaleras de emergencia. Abro la puerta de ellas y al escuchar el clic que las cerraba, empiezo a hiperventilar. Mi corazón está a punto de salirse y el puto nudo en mi garganta no me deja respirar. —¡Mierda, mierda, mierda! —golpeo la pared con fuerza hasta ver sangre en mis nudillos.  Me deslizó por ella hasta llegar al piso y paso mis manos temblorosas por mi cabello unas miles de veces. —Ni siquiera me recuerda. No sabe quién soy. No sabe que me amó y mucho menos recuerda nuestra jodida historia. Mi voz sale ronca, destrozada y en silencio empiezo a llorar. Mi padre me viera y le daría vergüenza al verme así. Supuestamente los hombres no deben de llorar. —¿Qué voy hacer ahora? Soy un completo extraño para ella —río sin ganas viendo a la nada—. ¡¿Qué se supone que voy hacer ahora con tanto amor que le tengo, maldición?! Ni siquiera recuerdo que nos tomáramos una foto en todo este tiempo. Que mierda de novio fui para ella. No la hice feliz y ahora me merezco que no me recuerde. Me voy a volver loco. Soy un jodido fracaso sin importar que pasen los años. Siempre jodo todo a mi paso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD